Amigos, tacos y carambolas

16 Mayo, 2016 by Juliana Loaiza Rincón

Gustavo, Germán, Carlos y “El Gato”, ya entrados en confianza y con los botones a punto de reventarse de la risa, cuentan sus experiencias en el billar Osiris. Hombres que han pasado más de treinta años frecuentando este lugar todos los días, atraídos por la gran mesa de paño verde, el olor a tinto hirviendo y los amigos de antaño, experimentan el billar como un pasatiempo, pero más que nada como una forma de vida.


Texto por: Juliana Loaiza Rincón
Fotografías: Andrés C. Valencia

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Una esquina estratégica en la cerrera veintiuna del centro es el segundo hogar de muchos abuelos de la ciudad, nos cuentan que es un sitio de tradición y que la mayoría aprendieron a jugar solo viendo. Hacen jugadas maestras montando un pie a la mesa o pasándose el taco por la espalda, todo depende del tipo de billar que estén jugando. La carambola se le llama a la jugada que consta en que en la mesa hay tres bolas, se le debe pegar a una y ésta debe pegarle a las otras dos; el tipo de billar libre, como le dicen allí, trata de un billar tres bandas (de tres bolas) pero más holgado y con mas posibles jugadas, ya que no necesariamente se le debe pegar a las tres bolas para hacer la carambola; y el billar pool tiene muchas posibles formas de juego, pero en Osiris no existe ésta opción porque descubrieron que a ningún viejo le gustaba.

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German, quién juega tres bandas hace más de veinte años, cuenta:

El billar pool no me gusta, tampoco me gusta el billar libre, me quedo con el tres bandas, me acomodé, me gustó más porque es más de cabeza, hay que pensar mucho y meterle geometría a esto. Pero sin apostar, uno debe jugarlo por pasatiempo, no por plata.

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Aunque a German no le gusta apostar, hay otros como Carlos Londoño jugador de carambola libre que apuesta con su gallada de a dos mil o tres mil pesos por una partida de juego corta entre cuatro personas llamada “chico”. El que haga más carambolas sale victorioso y normalmente le gasta el tinto a sus amigos porque la idea es pasar rico, no ganarse la vida jugando, aunque ¡qué mejor vida que tener una manada de amigos con quienes reírse a carcajadas día tras día!

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También encontramos entre el compañerismo y la complicidad de los abuelos amigos del billar Osiris, un chico entre dos: una jugada llamada chico mano a mano, en donde ambos juegan para alcanzar cien carambolas para ganar. Lo curioso es que entre ellos hay unos que juegan más que otros, por lo tanto para jugar juntos se regalan carambolas, es decir, se le da ventaja al que juega menos para que tenga la posibilidad de ganar. Así por ejemplo juegan “El Gato” (le apodan así por ser tan observador y ágil) y Carlos Alberto su amigo de toda la vida. El Gato juega más que Carlos, entonces nivelan sus capacidades para poder compartir juntos el famoso chico mano a mano, juegan 50 –100.

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Gustavo con su tintico en la mano, expresa:

“Para jugar un chico, aquí ya es fácil porque uno ya le conoce el juego a los otros, y ya va ganado; y para un “chico mano a mano” el que juega más que el otro, le regala carambolas”.

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Es un deporte para todo el mundo,  sano y popular, pues todos se conocen entre si, aunque como dice el dicho: “el que más sabe, desconfianza trae” y allí sí no se sabe si es por la generación de estos abuelos o sus experiencias de vida, pero vimos que en el billar los tacos tenían candado, les preguntamos el porqué y Don Carlos responde mientras se guardaba la llave del candado en el bolsillo:

“por si las moscas, uno nunca sabe”. 

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A pesar de sus edades y experiencias, viven sus días como los muchachos que eran cuando empezaron a jugar este deporte, alegres y jóvenes. Se gozan el juego y lo hacen muy divertido, entre risas nos cuentan:

Este es un juego de animales; los que juegan mucho son perros, los que juegan poquito son marranos, y los que estamos mirando somos unos patos y el garitero es una rata.

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Estalla una carcajada que opaca la música cantinera de fondo tan representativa del billar, el mismo garitero ríe (nombre que lleva la persona que le cobrara a todas las mesas la cuenta) Es otro día más en el billar Osiris, otro día de carcajadas, mano a mano, victorias y pérdidas, pero siempre mantienen una gran alegría por el simple hecho de jugar.

ESCRITO POR Juliana Loaiza Rincón
Vivo por la música que eriza, las letras que calman y las personas soñadoras.
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