01/21/2019
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El rap son las alas que Fénix necesita para volar

Este rapero manizaleño cambió una bandera de tres colores por una vida de beats, armonías crudas y versos sobre la calle.


Texto por: Erika Pinilla Montes

Fotografías por: Giovanny Galvez L y Andrés C. Valencia 

Mateo Cadavid Osorio es un muchacho alegre y sonriente que se viste colorido. Su energía se transmite en una charla amena y en la fuerza con la que coge el micrófono. Es amiguero y talentoso, tanto que en el lanzamiento de su primer EP Bajo Efectos del Beat llenó el bar con gente que se sabía hasta las pausas de sus canciones. Él se crió en el barrio La Asunción y desde muy pequeño se involucró con barristas del holocausto. Allí hacía la música para alentar los partidos del Once Caldas, se encargaba de la percusión, lideraba y componía los sonidos. “Ahí me di cuenta que yo podía componer porque los versos me salían muy fácil. Ver a miles de personas coreando en la tribuna lo que yo componía era increíble, me enganchaba a la barra”, cuenta Mateo.  

Sin embargo, no todo era verde, blanco y rojo. Las barras tienen un lado bonito pero él se involucró en el lado oscuro y, a pesar de que esto es una decisión propia, ser un niño en ese contexto lo hizo vulnerable y fácil de influenciar ante determinadas prácticas. Según Mateo, ese mundo de la barra, la droga, y sólo vivir por una bandera le cerró el mundo. “La adicción por tres colores sólo me quitó billetes, tiempo y un querido parcero que se fue, se adelantó en el viaje, compañero”, confiesa en la canción Pensando en mí.

El ave fénix debe quemarse para renacer de sus cenizas

“Yo me encerré como diciendo “esto es lo mío, me tengo que matar por esto”, pero una parte de mí siempre sintió que mi cerebro no cabía ahí y me daba susto irme porque salir de una barra es peligroso, yo estaba involucrado en muchas cosas”

Un día estaba escuchando rap en inglés con una ex novia y por joder comenzó a cambiarle la letra en español, ella le preguntó qué estaba haciendo y él le dijo que estaba rapeando, molestando. Desde ese día siguió escribiendo “bobadas” pero no les prestaba mucha atención. Después tuvo un problema y fue a la cárcel, “estuve allí unos días y donde se me encendió la luz”. Mateo no sabía cuánto tiempo iba a durar encerrado en una celda con seis personas, con un rigor de no poder llamar a nadie, no comer bien, y empezó a pensar en sí mismo como nunca antes.

Se dio varios golpes de pecho necesarios en ese momento y aprovechó el lápiz y papel para escribir versos y rimas. Un día en la celda de al lado sonó un reggaetón entonces comenzó a inventar letras con ese ritmo para entretenerse. En ese momento eso fue un juego pero le marcó la vida porque las letras que veía todos los días liberaban su alma, esas letras lo hacían sentir libre como nada más lo había hecho. “Todas esas circunstancias han ayudado a pulir mi carácter y a hacer de mí un artista”.

Mateo rapea como sin querer y dice:

Si uno analiza bien el universo, hasta las cosas negativas hacen parte de un proceso, así en el momento hagan llorar y sean dificultades, solo es relajarse y hacer algo al respecto. A veces nos ponemos mal por algo que llega y solo es la vida poniéndonos a prueba”.

Después de salir de la cárcel siguió engomado con componer rimas y cantar. Cuando se atrevió a rapear en los parches de rap de Manizales no tenía un nombre artístico definido, así que se hacía llamar de varias maneras, hasta que en búsqueda de su identidad recordó el nombre Fénix, como se llamaba el perro de su ex, y lo adoptó. “Y eso que aún estamos en cenizas, nos vamos a parar mucho más. Yo sé que Fénix va a volar muy pronto, se va a materializar completamente”, cuenta. Con sus letras quiere transmitir un poco del cambio, de la luz y de Fénix.

Fénix bajo los efectos del beat

Después de que el fuego consumiera lo que era Mateo, las cenizas reposaron en el suelo y se iluminaron con cada rima que Fénix creaba. Hace ya cuatro años y medio comenzó su carrera musical y hace dos inició el proyecto que hoy se consolida como el EP Bajo Efectos del Beat. Zof Ziro, rapero y productor de Medellín, le regaló unos beats a Fénix que le causaron un “efecto de droga porque no podía parar de escucharlos y escribir sobre ellos. Yo me sentía bajo efectos del beat cuando estaba componiendo”.

“Toda la vida he sido muy callejero así que por qué no contar algo de eso, de lo que fui, y lo que me destruyó antes de construirme como lo estoy haciendo ahora”, cuenta Fénix. Sus letras son como él se define: un poco estalladas, fuertes, crudas y alegres. Hay líneas suyas que son conscientes pero sobre todo son reales. Las andanzas y la vida en la calle crean ese estilo crudo, y esa manera de decir las cosas se mezclan con el conocimiento que adquiere a diario, los libros que lee y la música que escucha.

“Disfruto cada hora prolongando mi infancia, me olvido de mi edad y me burlo de mi ignorancia. A esta vida que talla, yo más le doy la talla, ya no hay de otra en esta instancia. Perfumado siempre por la misma fragancia, no tengo cicla pero quiero un tour en Francia”, suena en Bajo Efectos del Beat. Las rimas de sus canciones expresan un poco el barrio, la calle, un poco de Manizales con sonidos de venta de frutas ambulantes entre sus temas, algunas historias de los jóvenes de acá, la ambición que tiene con su vida y su música. Bajo efectos del beat es eso: un poco de calle, conciencia, inteligencia y locura.

Todos los temas del EP fueron grabados en Manizales. David Chica contribuyó en la producción, la grabación y la mezcla. Los beats fueron creados por Ziro y Granuja, el máster lo realizó Moebiuz en Medellín, Ziro hizo un poco de las mezclas y la masterización de los beats y Granuja se encargó el máster general. La parte fotográfica la hizo Juan Waltero, amigo que marcó su vida de forma increíble: “Aún pensar en él me dan cólicos, pues él era un maestro con las cámaras, me enseñó a mostrarme natural y a tener un estilo, fue un personaje que se encariñó mucho con este proyecto y me hubiera gustado que estuviera en el lanzamiento del EP”. El muralista Daniel Villa  ha sido un colaborador fundamental en la parte de diseño y las letras. Además, Manuel Vélez intervino en los vídeos y en hacer creer a Fénix en lo suyo, en mostrarse como un artista cada vez que se mira al espejo.

Su equipo es enorme como la energía que tiene todos los días. Entre sus compañeros resalta a los muchachos de Never Die, los de Cataleya Pro, Dj Mistery, Juan García y Steve Sweets. Fénix siempre busca colaborar con otros manizaleños llenos de talento, pues “si nosotros queremos la cinta vamos a salir del pueblo que sea y nos vamos a hacer ver”.

A la montaña le falta invertir en una industria del rap

Fénix no duda que la escena del rap esté creciendo en Manizales, sin embargo, dice que no lo hace a la velocidad que dicen algunos. Para él, la capital caldense no ha tenido un artista que triunfe porque no hay industria y no se cree en los artistas, a los creadores les toca tener otros trabajos y no se dedican por completo a su arte. “La ciudad tiene mucho que ver en esto porque muchos manizaleños no creen, no ven más allá. Ven que estamos cómodos, estamos tranquilos, nos va bien y creen que no necesitamos más, nos conformamos”.

Durante su carrera musical ha visitado varias veces Medellín, ciudad conocida por exportar raperos y rimas como flores, pero él no quiere ser reconocido como un rapero más de Medellín sino como manizaleño. Por otro lado, sí acepta que hay ciertas actitudes y modos de trabajo paisas que se podrían adoptar en la montaña para potenciar el rap. “Allí a tres horas rompí esas barreras en Medellín. Yo veo cómo esa gente se quiere comer el planeta. Veo cómo ellos trabajan tan libres y cómo la gente ha aceptado esa libertad con la que lo hacen, que pienso que es algo que debemos adoptar”.

Para apoyar a los artistas en la ciudad es necesario realizar proyectos rodeados de manizaleños expertos en distintos ámbitos, porque es creer en todos los talentos y apoyarse entre sí para crecer. “Creamos más en la creatividad de todos”, sintetiza. Hay que invertir en  vídeos, fotos, en dinamizar la escena más allá de los eventos. Para Mateo hay una falencia en la industria del rap manizaleña y es que muchas personas ven artistas de otra parte como gigantes pero no ven que artistas de acá pueden crecer y nos pueden representar mejor que cualquiera.

Además, hay un problema grave y es que aún se estigmatiza al rap con droga, pandillas y la delincuencia barrial. “La industria en Manizales tiene que crecer, necesitamos cientos de raperos, beatmakers, productores, fotógrafos, diseñadores, asesores de imagen, maquilladores. Necesitamos industria para comer bien de esto, porque el rap no es sólo encerrarse en la cabina a escupir letras”. Es por esto que el vídeo de Olelolay, canción en conjunto con Zof Ziro (ZZ) fue rodado en Manizales por realizadores locales que garantizaban la mejor calidad posible.

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