11/19/2018
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Silmaril: 15 años de parranda y resistencia

Quince primaveras no se celebran todos los días. Esto lo tuvo claro el café-rock Silmaril con la alocada celebración de su cumpleaños. Aprovechamos para recordar varias anécdotas del lugar, una por cada vela, y comentadas por su mismísimo propietario: Jota.


Texto por Esteban Hoyos Jaramillo

Fotografías por Andrés C. Valencia

Si hay algo de lo que José Manuel Varela Osorio está seguro es que el rock no ha muerto, pero tampoco es para siempre. Desde que se hizo cargo de Silmaril en 2006 ha sido testigo de todas las facetas por las que ha tenido que atravesar el bar para que se sostenga firme a lo largo de 15 años como la casa del rock.

El rock es para jóvenes. Los viejos que estamos acá lo hacemos por nostalgia, porque nos recuerda épocas buenas y seguimos apreciando la música. Pero la gente evoluciona todo el tiempo. Los bares de rock que se quedan en una época o género se mueren, así de simple”, contó Jota en una mesa del bar.

La celebración de los 15 años fue prueba de esa evolución. Jota marcó este día en sus recuerdos como uno de los más locos que ha vivido allí. El bar celebró a su estilo, con música de todas las épocas, géneros, gustos y sabores… desde reggaeton viejo, pop inglés, clásicos del rock y géneros bailables, hasta esas canciones que todos cantamos.

Pero por eso no ha dejado de ser un café bar rock. Silmaril comprendió el toque picante que le hacía falta a las noches de Manizales, en el Cable, desde que comenzó a evocar nuestro pasado con canciones prohibidas y placeres culposos. “Evolucionamos con los gustos de los clientes, tratamos de conocer lo que escuchan y les gusta hacer”, dijo. A fin de cuentas, en Silmaril no ha dejado de sonar bandas de heavy metal, hard rock y glam. Para que me crea, vaya un día entre semana.

Aún así, desde su creación en el 2003 hasta la actualidad, Silmaril se ha posicionado en la escena manizaleña como un bar alternativo donde se escucha música que en escasos lugares se puede encontrar.

Las historias que les contaremos fueron elegidas por Jota como las más anecdóticas de las que se publicaron con el hashtag #UnaVezEnSilmaril en su Instagram. Las palabras más llamativas fueron sexo, lésbico, homosexual, borrachera, locura, drogas y otras palabras raras:

“La sala negra era el lugar donde tenían sexo todos. Y sí, no entiendo cómo para hacer un emparedado salían llamas de la cocina, todavía no lo entiendo”.

“Es una clienta que viene acá desde hace mucho rato, justo creo que era un tributo a Ramstein. Se dañó el redoblante de la batería y ella muy amablemente donó su brasier para que con el elástico pudiéramos arreglarlo”.

“Me pasó igual, muchas veces cuando no tenía carro y vivía cerca salía de acá tan borracho que terminaba en la casa pero no sabía cómo llegaba. Yo creo los taxistas me conocían tanto que me llevaban directo”.

“Una vez se soltó el tanque de agua de Juan Valdez. Salió una ola y literal se me estaba llevando el carro. Alguien en la puerta me avisó, salí corriendo y lo detuve a media calle. JV es un tanque gigante, a veces lo tienen que soltar por emergencias y pasa eso, y la avenida lindsay se vuelve literal un río”.

“Literalmente. Tenemos un bate que se llama… (la palabra es tan jodida que preferimos no preguntar una segunda), en latín significa el derecho de castigar. Lo usamos cuando lo necesitamos, normalmente la gente lo ve y se acaba el problema”.

“Al tipo que levantaron fue Julian Echeverri, el dj del Parche del Cucarrón. Luego por interno me contaba que esa misma semana tuvo que ir a darle una conferencia a las personas que estuvo en la mesa. Decía ´yo ya no tengo credibilidad alguna después de que les caí de cabezas en la mesa´”.

“Yo nunca he considerado a Silmaril un espacio cultural, yo lo considero un sitio de entretenimiento. Que el entretenimiento que ofrecemos a la gente es culto, es otro cuento, pero tenemos la premisa de que tenemos que ofrecer algo tan divertido que paguen por ello, y si eso por lo que van a pagar contiene su grado cultural, maravilloso. Acá le hemos abierto espacios a muchas manifestaciones artísticas que consideramos lo suficientemente buenas para la gente”.

“Una de nuestras empleadas celebraba su cumpleaños un viernes. Se fue a rematar a la casa de los amigos, fumaron hierba, se comió unas arepas con hongos. Al otro día tenía un guayabo que le iba a matar. Vine yo a las 2:00 de la tarde y ella barría enguayabada. Salí del bar y media hora después me llama un amigo y me dice: ´Jota me encontré a Ana en el piso convulsionando´, o sea si no llega él se muere, y fue fruto de ese guayabo que tenía”.

“Para ser un bar hemos tenido 4 o 5 peleas. En esta historia fue alguien que no se estaba comportándose bien, así que lo sacamos y el tipo nos tiró gas pimienta. la segunda parte, pues hombre, es recurrente. De hecho nos dimos cuenta que acá hay más sexo lésbico del que creíamos. Este es un templo para la libertad y me hace muy feliz que la gente acá se sienta libre, con la confianza para hacer estas cosas”.

“Esta casa es muy vieja y tiene las instalaciones una locura, en 15 años todavía no las hemos acabado de entender”.

“Yo soy ateo pero tengo un agüero, el único de mi vida: cuando en este bar la gente tiene sexo se disparan las ventas”.

“Trabajó acá, es una mujer divina. Vino vestida de Harley Quinn”.

Estas últimas tres joyitas no estaban en las historias de Instagram. En una franca conversación con Jota, él decidió contarnos una anécdota que lo enorgulleciera, y otra que no:

“Con la gran mayoría de chicas que he trabajado acá tengo una excelente relación, ellas pueden decir que con lo que trabajaron acá tuvieron una excelente universidad, financiaron sus proyectos… eso me llena mucho de orgullo, además hemos visto nacer excelentes bandas e iniciativas culturales en Silmaril”.

“Al principio, cuando obtuve el bar, llegué a vivir un año entero acá. No descansaba mucho, quedaba atrapado entre el trabajo y el hogar, pero siempre conté con amigos y nunca faltó quién se quedara conmigo. De hecho en ese entonces conocí a mi actual novia y desde ahí siempre me ha apoyado”.

Una vez agredieron en la puerta a un ciudadano extranjero. Él llevaba apenas unas horas acá. Fue en una Feria de Manizales. Lo confundieron con alguien, lo golpearon, lo dejaron herido y tuvimos que atenderlo dentro del bar. Me sentí muy mal de la imagen que se llevó del país”.

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