09/23/2018
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El Indio Rómulo: Un campesino malhablado y orgulloso de ello

Hace varios años, un rumor hizo creer que el Indio Rómulo había muerto… Sin embargo, reapareció durante el Encuentro de la Palabra en Riosucio más vivo y emparrandado que nunca. Contamos la historia del poeta costumbrista.


Texto por Diana Castro

Fotografías por Andrés C. Valencia

Estás hablando mucha mierda’, se lee al respaldo de la tarjeta de presentación que nos entrega Rómulo Augusto Mora Sáenz, del poeta costumbrista quien se describe así mismo como “la voz de nuestra raza brava y orgullosa”.

Rómulo tiene 86 años, goza de buena salud y conserva un carácter fuerte, en su juventud pasó por varios oficios, siendo soldado razo, borracho empedernido y alcalde de turno en varios municipios de Boyacá. Dice haber nacido poeta, o sea, lleva 81 años declamando.

Augusto aprovecha su tez morena, su bigote espeso y su primer nombre para representar un campesino de la región andina. Sus poesías podrían enojar a la RAE con expresiones como “Endespues, despantocidades, nacencia, ojendoso”. El Indio Rómulo es un proyecto artístico transgresor, puesto que enaltece en la poesía la jerga de un grupo que históricamente se ha tildado de pobre e inculto: los trabajadores de la tierra.

Durante la Noche de Poesía, principal evento del Encuentro de la Palabra, el poeta costumbrista declamó algunos de sus mejores versos.

“Indios son los que me hicieron, Indios mis taitas y abuelos que también de indios nacieron”…

Rómulo tiene afinidad con el adjetivo de “Indio”. Es una palabra que aún hoy se usa de manera peyorativa y deja entredicho que los rasgos mestizos o las actitudes fuera de los “buenos modales” merecen una sentencia. La elección fue adrede, una especie de reverso ante los juicios mezquinos, pero no fue un acto de rebeldía absoluta, pues nació bajo el consejo del entonces presidente Guillermo León Valencia, quien sugirió acompañar “el Indio” con uno de sus nombres de pila.

“Respeto a mi ancestro pido
Justicia a mi casta espero
Más de esa que no se ensaña
Y nos muerde como un perro”

El pintoresco personaje también hizo parte de los inicios de la televisión colombiana. Sus poemas no eran los únicos shows inspirados en el acervo cultural rural para los años 60, el proyecto de medios de comunicación era una iniciativa pública, educativa y cultural para consolidar una especie de Identidad nacional.

Pese a que no existía programación suficiente para representar la diversidad del país, la mayoría de programas eran dirigidos para la clase alta, citadina y blanca del país. Los programas de “alta cultura” guardaban recelo ante la programación caracterizada como “folclórica” o “rústica”. Incluso estos últimos programas también pasaron por una especie de estilización para ser emitidos al aire: las danzas de mapalé omitieron pasos africanos para combinarse con posturas de ballet, los casting para actores preferían los ojos claros, el acento neutro. El imaginario de “lo campesino” en la Televisión se basó en una representación incompleta de esta población.

‘Romerías del Indio Rómulo’, programa de televisión que se emitió en el año 1960

Por extraño que parezca, el Indio Rómulo salió bien librado de la situación, pudo declamar a nivel nacional sobre temas relacionados con la violencia bipardidista, casos de discriminación e inequidad social. Las diferencias de pensamiento no eran del todo contrarias con los realizadores de la Televisora Nacional y su patrocinador principal, el Gobierno de la República; el fuerte arraigo religioso, el afán por conservar la familia tradicional y el patriotismo fervoroso le permitieron estar ocho años al aire y apalancar su carrera artística para gozar de giras nacionales y publicar libros de su trabajo.

“Y lo que endigna de verda al cristiano
es ver a tanto ojendoso paseandero sin concencia
con sus vestios nuevo
muy enjiestaos en sus casa grandes
gordotes y contentos
y emborrachandose que por que rienen plata que por que ganan dinero
mentras honrraos campesinos tamos en mucho sujrimiento”

A medida que la realidad política y social del país afrontaba nuevos temas, la prosa del poeta opinaba al respecto, para los años 80 y 90 el trabajo del Indio contaba con alusiones directas al consumo de alucinógenos, el aborto, la inclusión de extranjerismos al español y el desprecio por los conocimientos ancestrales.

Actualmente el poeta ha enfocado sus presentaciones para el público infantil y juvenil, cree que su declamación puede ayudar a recuperar los buenos valores en estas generaciones. Sus retahílas son atemporales, continúan despertando admiración a sus espectadores; las situaciones que allí describe aún siguen vigentes en la ruralidad del país, al igual que la visión tradicionalista del “todo tiempo pasado fue mejor”.

“Y decir en las fondas: hermanos de mi angustia,
barro del mismo barro, semillas de mi ancestro,
no asesinéis la patria que la patria es tan dulce
como en el niño pobre la voz del Padrenuestro.”

Romulito, soy pa toitos

Antes de llamarse Indio, el poeta prestó servicio militar, ya en su vida de civil decidió estudiar actuación. Gozó de los beneficios de nacer en una familia pudiente, con tíos militares y compadres en la política  Rómulo Augusto no tenía de qué preocuparse, se dedicó a la vida Bohemia.

Su primer seudónimo fue ‘Campesino Boyacense’ y gozaba de alta popularidad en los municipios del altiplano cundiboyacense, otra de las artes de dominaba era levantar el codo para beber cantidades industriales de aguardiente, chicha, guarapo y cerveza.

Él, más que nadie, conocía el ambiente de pueblo, entendía sus dinámicas, era querido por los lugareños. Tenía todo lo necesario para ser alcalde en una tierra macondiana: el apellido de patrón y la sonrisa de bandolero. Efectivamente cumplió el cargo público en tres municipios boyacenses. Al preguntar por su carrera como funcionario del estado, Rómulo Augusto prefiere evitar hablar sobre la etapa previa a su posicionamiento. “Yo fui alcalde y puse luz en todos los pueblitos”,  menciona mientras esconde una sonrisa pícara.

Luego de cumplir honrosamente su labor en cantinas, despachos gubernamentales y sets de televisión, parecía que por fin habría un respiro en la vida agitada de Augusto y su alter ego campesino. Las declamaciones bajaron su ritmo en el nuevo milenio, pero en 2007 la muerte del cantautor Rómulo Caicedo pareció ser confundida con la muerte Rómulo el poeta costumbrista, sea por desinformación o suerte, los homenajes póstumos al Indio dieron un nuevo aire a su carrera. Me atrevo a decir que este personaje logró recibir todas las flores concedidas a  la tumba de un artista y una vez juntas en un ramillete, cantó a los cuatro vientos “no andaba muerto, andaba de parranda”

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