Flowers: Toma este vals que se muere en mis brazos

15 Septiembre, 2015 by Revista Alternativa

Texto por: Mateo Ortiz Giraldo

Fotografías por: Lex Artis

Allá, sobre el telón del Teatro los Fundadores, se refleja un rostro sobre el pétreo azul de la tela: es un rostro blanco que revela un expresión de profundo dolor, de profunda entrega a sus sentimientos, dos hendiduras que son sus ojos a través de las cuales se asoma su alma; sus labios se contraen para enseñar sus sentimientos hechos vida, y el rouge que bordea sus párpados es el rastro de rosas marchitas. Allí, sobre el telón del Teatro, está Kazuho Ohno, uno de los padres de la danza butoh (danza de las tinieblas ‘poshiroshima’) para quien son estas flores que presentarán al levantarse el telón.

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El misterio que suele estar oculto tras los telones (cuando se usan) nos fue revelado; el rostro de Ohno seguía proyectado en el fondo y la sala refulgió: un grupo de pequeñas luces colgaban del techo; sobre la madera del escenario, la cabeza plateada de un buda puesta de costado y junto a ella una larga soga, suerte de cordón umbilical, que conectaba al director y coreógrafo Álvaro Restrepo con la cabeza. El misticismo rodeaba la escena y la música de Leonard Cohen le hacía la venia a este espectáculo de profunda sensibilidad.

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Un hilo de seda entre Lorca, Ohno, Cohen y Restrepo

Los asistentes a las dos funciones de Flowers for Kazuo Ohno (and Leonard Cohen) en el Teatro los Fundadores fueron testigos de un sincretismo que, de manera lejana, podría lucir inconexo, ¿qué podría enlazar a un poeta español de la Generación del 27, con un danzador japonés, un cantante canadiense y un bailarín colombiano? La interpelación tiene una respuesta fácil, a la luz de lo que El Colegio del Cuerpo (compañía responsable de la obra), en voz de su coreógrafo Álvaro Restrepo narró: la historia de los bailarines del Colegio del Cuepo en Japón departiendo con la monarquía japonesa, visita que desembocaría en la entrega de un presente floral por parte de Yoshito y Kazuo Ohno. A partir de allí, el hilo conductor llevó a la relación entre Lorca y Cohen.

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Leonard Cohen tiene un estrecho vínculo con el poeta español Federico García Lorca; este cantautor ha dedicado gran parte de su obra a exaltar la poesía del español, sus canciones son constantes y vastas odas a Federico. Restrepo es, a su vez, un amante de la música de Cohen y a la poesía de García Lorca; aunó sus pasiones para lograr una amalgama de curiosa tesitura: bailarines colombianos danzando una concepción filosófica japonesa de su autoría, mientras Cohen interpreta con su grave voz la poesía de Lorca hecha música.

El hilo de seda que une los vértices de este cuadrilátero, logra encerrar dentro de él la poesía hecha dramaturgia corporal; dentro de esta figura geométrica yace Flowers for Kazuo Ohno, nace y crece una filosofía, un lenguaje.

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Poesía en las pieles y los huesos

El espectáculo de danza es, en sí mismo, una manifestación de la profunda habilidad corporal del hombre, de su capacidad gestual que tanto dice con los silencios de sus movimientos. La gestualidad de esta obra es una muestra fiel de la capacidad polisémica que posee la danza, en especial la contemporánea, la cual exige una mayor atención, una evocación limpia de prejuicios, pero destinada a la auscultación de un cuerpo vivo, de una piel sensible que se hace escuchar a través de la poética que propone.

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La poesía de Flowers for Kazuo Ohno, es complementada por la escenografía que los bailarines crean, por el juego de colores que ella expone y por el espectáculo multimedial que es: mientras un bailarín, con faz de imponente espectro, cruza el escenario, atrás de él, observamos una muestra del arte de Kazuo Ohno, un vídeo que ocurre paralelo al tiempo ‘real’. En suma, esta dualidad recurre a los avances tecnológicos para poner en la escena dos tiempos, uno pasado y otro presente; dos estilos, el butoh de Ohno y la contemporánea del Colegio del Cuerpo.

La multimedialidad es empleada de forma sencilla pero efectiva; no exponen una explosión sobre cargada de elementos; todo estaba medido, calculado y, lo más importante, sensibilizado e interpretado.

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Este vals

Hay ciertas imágenes que se quedan prendidas de la memoria, una rúbrica indeleble la cual cada obra deja en uno. Flowers for Kazuo Ohno, es una sucesión de imágenes imborrables, de allí que el Colegio del Cuerpo se halla llevado las flores Kazuo y las del público. Es una obra que deja un regusto de satisfacción, pero con un leve tono de deseo de más o repentina incertidumbre, pues en la hora y media que dura el espectáculo nos permite llegar a espacios que no existen, realidades que no se pueden palpar, pero que sí son posibles a través de la imaginación.

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Un poema de García Lorca cuyo título es “Pequeño vals vienés”, nos pide a sus lectores que “tomemos ese vals” y reitera, “ese vals que se muere en sus brazos”; algo similar nos solicita el Colegio del Cuerpo cuando nos acercamos a su creación: tomar esa obra que palpita en sus cuerpos; asirnos de historia que cohabita en sus movimientos.

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ESCRITO POR Revista Alternativa
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