10/23/2018
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#FITM2018: 50 años de batallas teatrales

El Festival Internacional de Teatro de Manizales celebra medio siglo de historias, personajes, imaginación y diálogo sobre las tablas. Conozca su historia y gestación a través de algunos de sus protagonistas.


Texto por Erika María Pinilla

Fotografías Archivo Cortesía FITM

En una época en la que en América Latina y el mundo las revoluciones juveniles se tomaban las calles, en Manizales decidieron hacer la revolución teatral en las tablas. En 1968, en pleno año de mayo francés, el Festival Internacional de Teatro de Manizales (FITM) se convirtió en el primer festival de teatro del continente.

En sus inicios el teatro universitario tenía una gran importancia en el festival debido a su contenido político y contestatario ante un país violento y desigual, cuenta el crítico de teatro Wilson Escobar. Hasta el año 1973 la etapa fundacional del FIT estuvo impregnada de un teatro ideologizante, y de diálogo político. Además, se veían pequeños asomos de una poética de vanguardia en las obras presentadas.

Foto: José Jorge Carreón

En 1984 volvieron el drama y la tragedia a las tablas y vías. La gente percibía en el aire la celebración del teatro. Se sentía lo que Wilson denomina una “euforia por la calle”. El desfile inicial del Festival presentaba distintos espectáculos al mismo tiempo en los que brillaban los colores, las risas y cientos de personajes. Artistas de todos los rincones de Latinoamérica buscaban la forma para venir a Manizales a mostrar sus destrezas junto a los artistas locales. Y, al no ser parte de la programación oficial, creaban una programación alternativa con un escenario llamado El octaedro. Además, la Plaza de Bolívar vivía en un constante carnaval de presentaciones teatrales y alegría colectiva que se extendía hasta las alboradas.

Teatro Fronterizo de España.

El festival incorporó las presentaciones de compañías de calle a su programación oficial, al igual que noches musicales que alguna vez trajeron a la reconocida Totó la Momposina.

Por otro lado, el espectáculo de calle se transformó. “El teatro de calle se convierte en artes de la calle”, cuenta Wilson, pues ya no se hacía únicamente teatro en las vías públicas, sino que el asfalto se volvió escenario de distintas manifestaciones artísticas como el performance, el arte circense, entre otras.

En 1994 se busca retomar el teatro universitario como parte fundamental del festival. Para esto se aprovechó al máximo la existencia de varios grupos de teatro en las universidades. La Universidad de Manizales estaba cumpliendo 20 años y para celebrarlos se unió al FIT con su colectivo de teatro. Además, sincronizó la semana estudiantil con las fechas del festival.

Wilson Escobar. Director del periódico Textos del FITM y autor de ‘Crónica de una sabia locura’, libro sobre 35 años de Festival. Foto BetancourtB.

El público universitario ha sido muy importante y constante a lo largo de la historia del FIT. “Ahí tenemos un gran número de personas que año a año constituyen una asistencia masiva y en un futuro pueden vincularse al festival como profesionales”, cuenta Sergio Arenas, coordinador de producción general del Festival.

Grupo Estudiantil de Teatro Universitario de Monterrey. Obra Antígona. 1971.

Desde el año 2000 el festival se ha caracterizado por explorar terrenos performáticos de las artes escénicas, al igual que presentar espectáculos de experimentación teatral con elementos electrónicos y tecnológicos. Un ejemplo de esto es Otelo, una adaptación del clásico de Shakespeare presentada en el FIT 2015 por la compañía de teatro argentina Buen Dia Theatre. En esta, los monólogos internos de uno de los personajes se realizan con una videocámara que se proyectaba en directo en una de las paredes del teatro dándole a la obra un aire de película snuff.

La tecnología no ha impactado únicamente los espectáculos sino también la organización del evento. Rafael Valencia, coordinador de transporte del FIT desde hace 25 años resalta el cambio que ha suscitado comunicarse con más facilidad con los celulares. “Antes teníamos que ponerle cuidado a los aviones que salían y llegaban, y ahora con el desarrollo tecnológico ha cambiado todo”, cuenta.

En 1968, el Festival contó con la presencia de dos premios Nobel de literatura, Pablo Neruda y Miguel Ángel Asturias.

La fiesta continúa así no haya con qué hacerla:

Luis Ariel Pineda conoce el festival desde hace décadas. Se lo presentaron cuando era un niño, empezó a trabajar en él hace 25 años y hoy resalta la importancia que tiene este evento para Manizales.

“Cuando empecé a trabajar en el festival veía mucho teatro y cuando estaba en el colegio el festival era grandísimo, era como otra feria. Ahora la gente se ha alejado un poco del teatro y por el mismo hecho de que no hay mucho presupuesto cada año es más difícil hacer el festival”.

Algunas personas mencionan que el festival ha decaído porque ya no se siente el espíritu festivo  que se tomó la ciudad hasta el año 1995. Pero detrás de esta situación hay distintas razones por las que cambiaron las dinámicas del festival y cómo los manizaleños lo vivían. Algunas de ellas son las políticas que regulan la fiesta en la calle hasta ciertas horas, los años de violencia e inseguridad y, por supuesto, la falta de presupuesto para la realización del FIT.

Luis Ariel Pineda trabaja desde hace 25 años con el festival, actualmente es el coordinador de utilería. Foto: BetancourtB.
Obra: Una historia del universo. Compañía: Teatro Meridional. Foto: Montserrat de Pablo

Tal como Wilson Escobar afirma, “el festival no se ha hecho gracias a la ciudad sino a pesar de la ciudad”, pues el reconocimiento internacional de esta celebración no ha sido suficiente para que el gobierno apoye esta oda a la cultura. Lamentablemente no es suficiente tener ganas, verraquera o trabajar fervientemente todos los días del año para mantener un festival de impacto internacional. También es necesario que haya billete.  

Sergio Arenas dice: “Para nadie es un secreto que el festival hace muchos años era mucho más grande por el tema del desfile y sus espacios en la calle, pero por cuestiones presupuestales que todos conocemos, el festival no es lo que era hace 20 años”.

Y es que la parte más afectada del festival por la disminución anual de presupuesto es la programación de teatro de calle. Como dice Bredy Yeins Gallego, coordinador de producción de teatro de calle, el festival trae obras maravillosas cada año, pero si hubiera los suficientes recursos el festival podría traer cosas diferentes o tener una programación más amplia. Bredy converge con Sergio en que la calidad de las obras que se presentan aumenta con cada versión.

“En estos 50 años los grupos que hacen parte de la programación son muy buenos porque son compañías históricas y representativas del teatro latinoamericano. Además, hay presentaciones de nuevas propuestas en el teatro colombiano”.

El Festival Internacional de Teatro de Manizales es una fiesta. Pero no esa esperada fiesta por una parte de la ciudad en la que prima el licor y las canciones del momento, sino una celebración en la que los globos son las sonrisas y lágrimas, la torta es un embrollo creado por tres artistas sobre las tablas y el licor es el aplauso del público.

Bredy Yeins Gallego, coordinador de producción de teatro de calle. Foto: BetancourtB.
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Jajajahamblet: un gi
Ahora Todo es Noche:
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