Esto es lo que hacen en un Día de Muertos

1 Noviembre, 2016 by Esteban Hoyos

Cuentan las leyendas prehispánicas mesoamericanas que un día al año, disminuye la delgada línea entre vivos y muertos, a tal punto que los seres queridos fallecidos pueden visitar nuevamente a sus familias.

Texto y fotos por: Esteban Hoyos Jaramillo
Ilustraciones por: John James Marín

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El 2 de noviembre se celebra el Día de Muertos, mismo día en que los católicos celebran la Fecha de los Fieles Difuntos, y dos días atrás, el 31 de octubre, es la célebre festividad americana All Hallows Day (Día de Todos los Santos), conocida popularmente como Halloween, y cuya connotación de diversión infantil también atrae cierto aire tenebroso, el cual muchos se han atrevido a llamar como una fecha para realizar cultos paganos.

Sin embargo, el tradicional 2 de noviembre celebrado en México y algunas culturas centroamericanas para enaltecer a sus seres queridos alrededor de los panteones, no tiene punto de comparación alguna con Halloween, pues personas de todas las edades asisten a los cementerios o incluso en sus propios hogares se reúnen para honrar a los familiares difuntos.

Los orígenes de la tradición se remontan a la época de los pueblos indígenas de Mesoamérica, cuando los Aztecas, Mayas, Purépechas, Nahuas y Totonacas, realizaban sus rituales para rendir homenaje a sus ancestros. Las festividades eran presididas por la diosa Mictecacíhuatl, ‘La Dama de la Muerte’, y rendía tributo a los parientes fallecidos. A diferencia del pensamiento generalizado acerca del destino de las almas, los antiguos mexicanos creían que al fenecer, los seres estaban determinados por el tipo de muerte que habían sufrido, y no por la vida que habían llevado.

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Es por eso que los cementerios que llevan el peso de la melancolía y el inolvidable recuerdo de las personas  nostálgicas, cada 2 de noviembre se convierten en la respetuosa fiesta de quienes la presiden. Michoacán es uno de los estados de México donde más se hace presente la celebración, y mientras se soporta el tráfico para llegar a los panteones, el ambiente se comporta ajeno por ser una tradición tan particular. Las velas superan las luces de las estrellas, las cuales alumbran cada angosto camino entre tumbas. La música de los mariachis hace juego con el tránsito de los carros y el grito de los niños, que recuerdan la primera etapa de la vida. Las flores de Cempasúchitl engalanan los féretros y mausoleos, además guían a los espíritus por el camino construido por las familias, para que hagan presencia en esta peculiar y poco tétrica noche.

A veces hay coches, muñecos de juego y en otras ocasiones licores y cigarros sobre cada tumba, lo que importa es considerar el gusto y edad de cada homenajeado. Las calaveras de dulce llevan el nombre del agasajado y están decoradas de colores vivos para representar la felicidad y festividad. El pan de muerto, un nombre muy sugestivo para ser la primera vez, está decorado con figuras de masa en forma de huesos, y se espolvorea con azúcar. Finalmente, las oraciones y la música de las familias terminan de engalanar ese espacio que en otras ocasiones y lugares del mundo parece lúgubre.

Hay otras familias que no solo comparten entre ellos, sino que abren sus puertas a todo aquel vecino y turista que se acerca a disfrutar de esta noche. Las ofrendas pueden llegar a ocupar todo el piso de una habitación pequeña, que posterior a la fecha se reparten entre la comunidad. La temperatura suele estabilizarse con tragos de chocolate y un pozole (sopa de maíz) o pan de muerto.

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Esta tradición ha abierto el concepto de la muerte para pensarla de otra manera y concebirla, no solo como una realidad, sino como un rito que también atrae felicidad y descanso para las personas en vida. Es claro que nadie puede decir qué sucederá después de cerrar los ojos eternamente, pero hay algo seguro que los mexicanos nos han querido enseñar por décadas: es mejor sonreírle a lo inevitable que amargarse por lo ineludible, y mientras estemos en vida, hasta que la muerte nos separe.

“Cuando haya muerto, llórame tan solo mientras escuches la campana triste, anunciadora al mundo de mi fuga, del mundo vil hacia el gusano infame. Y no evoques, si lees esta rima, la mano que la escribe, pues te quiero tanto que hasta tu olvido prefiriera a saber que te amarga mi memoria. Pero si acaso miras estos versos cuando del barro nada me separe, ni siquiera mi pobre nombre digas y que tu amor conmigo se marchite, para que el sabio en tu llorar no indague y se burle de ti por el ausente”.

William Shakespeare.

ESCRITO POR Esteban Hoyos
Escritor de mundos reales e imaginarios. La música, el cine y el teatro se han convertido en la inspiración de mis más grandes anhelos.
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