11/19/2018
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Matachines: la responsabilidad de preservar el Espíritu del Carnaval

La mayoría de los rituales del mundo provienen de culturas milenarias que expresan la forma de verse y entenderse. En Riosucio hay generaciones emergentes de matachines que se están preparando para conservar el legado de sus ancestros: el Carnaval.


Texto por Esteban Hoyos

Fotografías por Andrés C. Valencia

Desde el inicio de nuestros tiempos, el ser humano ha construido roles dedicados a preservar tradiciones (imagínese un monje de indeterminada religión). Estos personajes han cargado con la responsabilidad de conservar el legado de su historia y costumbres, para ser heredados sin alterar su tradición. En Riosucio, Caldas, existen seres como estos, que hacen realidad viejas costumbres. Ellos son conocidos como matachines.

Hablamos con tres de ellos: Eliana Medina Ramírez, Albert Julián Largo Acevedo y Julián Andrés Gartner Trejos, miembros de una generación que está emergiendo en esta labor para preservar su mayor riqueza: el Carnaval de Riosucio.

Según la historia -nos describió Albert con un tono sin rastro de dudas-, el matachín es aquel que mata la res en los sacrificios (sí, se valen todos los referentes que tenga de monjes y figuras religiosas degollando animales. Esa es la idea). Y como el Carnaval es un rito, el matachín es como el sacerdote que lo ejecuta, que se prepara para cada momento. Por lo tanto se trata de una vocación, tal como los sacerdotes, una responsabilidad que se carga hasta la muerte.

Así que ser matachín no es fácil. De hecho, para lograrlo no basta con seguir una serie de pasos como si se tratase de una receta de cocina. Es mucho más que una práctica, más que un proceso mecánico. Es algo que se lleva desde pequeño y se fortalece en cada uno de los actos carnavaleros, en las cuadrillas y declamando con prosa característica los decretos.

Ellos también comparten la pasión con la que les son fieles a sus creencias los hijos de Dios, pero en este caso al Carnaval. En otras palabras, como lo diría Julián Andrés: “los matachines representan esta figura para su pueblo por vocación y lucha, no por mérito ni premio”.

Eliana Medina, por ejemplo, es una mujer que defiende a capa y espada la tradición carnavalera, primero la conserva antes que ultrajarla a esta y a su familia. Desde pequeña se sintió atraída por el mundo del Carnaval. Con el paso del tiempo comenzó a leer su historia, su literatura y todo cuanto se atravesaba. Incluso su pregrado de Sociología le dio pie para comprender mejor el mundo en el que decidió involucrarse desde escasos años de vida.

Una de sus discusiones más complejas, en su trabajo por preservar la tradición, es aquella que inició cuando el Carnaval fue considerado patrimonio inmaterial cultural de Colombia en el año 2006.

“Está bien que el Carnaval adquiera un rótulo que le dé visibilidad en el espectro internacional. Pero eso no lo es todo. La tradición del Carnaval debe imperar por encima de cualquier título, de ahí que la labor del matachín sea fundamental, porque su trabajo consiste en preservar la cultura carnavalera y transmitirle los mismos valores de origen a las futuras generaciones riosuceñas. Y eso no es tarea fácil”, desenvainó sus palabras como lo que es: segura de lo que hace.

No es que el Carnaval haya perdido su identidad. de hecho, ella reconoció la labor de la Junta actual para resaltar la raíz del pueblo, sin embargo, el Carnaval tuvo sus épocas complejas. Pero eso es harina de otro costal.

Hasta el mismísimo diablo cambia con la tecnología

El reto para estas nuevas generaciones no solamente está en continuar con la tradición, sino también adaptarse al desarrollo para evolucionar adecuadamente las festividades. Como diría Julián Andrés, “Las nuevas generaciones nos estamos preparando para asumir el reto de conservar la tradición sin perder de vista que el mundo cambió, la tecnología nos invadió”, y a esto no se puede oponer ni Dios ni Lucifer.

De hecho, este fue un tema común en la noche del II Decreto del Carnaval el 22 de septiembre. Los riosuceños, con su habilidad de mofarse de la vida, aprovecharon el escenario de la Plaza San Sebastián para expresarle a los presentes sus amarguras, sinsabores, satisfacciones y críticas a una sociedad corrupta y consumista.

El avance de la tecnología y los nuevos estilos de vida que se han desarrollado, son innegables en la mayoría de las culturas actuales. Es por eso que Eliana, Julián Andrés y Albert Julián son abiertos a una evolución, en la medida en que incorporar nuevos estilos no modifique la tradición carnavalera que corre en las venas de los riosuceños por los siglos de los siglos. Amén.

Así es que, mientras el mundo avanza y se desmorona lentamente, el Carnaval de Riosucio transita con su identidad milenaria, se deja seducir por algunos elementos externos que la complementan y, ante todo, canta con el mismo tono y pasión con el que fue construida su historia: ¡Salve salve placer de la vida, salve salve sin par carnaval!

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