Un ritual por la tierra y la memoria de la comunidad Embera Chami

2 Julio, 2016 by Esteban Hoyos

Un gesto de agradecimiento en forma de rito no pagano ancestral para honrar el poder de nuestra madre naturaleza y sus atribuciones divinas en las comunidades cercanas a Riosucio.


Texto por: Esteban Hoyos Jaramillo
Fotografías: Andrés C. Valencia
Cerro Buenos Aires / Resguardo Indigenda San Lorenzo / Riosucio Caldas

Con el solsticio de verano comenzó un nuevo año lunar y las comunidades indígenas de origen Embera Chami provenientes de las montañas de Riosucio, especialmente del resguardo indígena San Lorenzo, se dieron a la tarea de iniciar este ciclo con una celebración completamente salida de lo cotidiano, una oportunidad para rescatar los recuerdos y habilidades de los ancestros indígenas que trabajaron unidos con la tierra. Con esto se dieron la oportunidad de realizar rituales espirituales y de recogimiento, danzas, y hasta deportes propios de esta región del país en las primeras Fiestas de la Memoria. Así comenzó el nuevo año el día martes 21 de junio.

Este importante evento para las culturas indígenas fue posible debido a la investigación de archivos, conversaciones con historiadores y algunos emberas que aportaron con su conocimiento y experiencia. “Es importante mencionar que esta celebración se reconstruyó a partir de la indagación de datos históricos de la identidad cultural y cosmológica de los habitantes aborígenes de este territorio y que, sabedores investigadores y los mismos miembros, aportaron con su tiempo y su buena voluntad para encontrar elementos valiosos para construir esta celebración”, así indicaba el afiche que invitaba a la comunidad.

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El evento comenzó con una ofrenda a la madre tierra; cada uno debía llevar en sus manos unas semillas y depositarlas en un lugar específico para sembrar con ella el corazón de cada uno, o como se diría en embera: Dachi so ui buma. De esta manera se le daba un agradecimiento a la naturaleza por proveernos de vida y por compartir su riqueza con los seres humanos. Los ojos de todos los presentes se cerraron y las expresiones denotaban con facilidad la pasión que sentían por tener un encuentro privado con sus plegarias y oraciones.

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“Por el nombre de Dios, de nuestra madre tierra, esperamos sean bien germinadas para que no nos falte nada en el diario vivir porque sé que así es, así es y así será”, palabras que expresó Aníbal Melchor de forma pausada para que las personas repitieran a modo de oración, y posteriormente sopló humo de tabaco a las semillas. Luego otras palabras se cruzaron en las ofrendas: “Cuando recibamos las semillas vamos a tocar nuestro corazón y vamos a sentir que nos comprometemos con nuestra gran madre a estar sintiendo el amor como ella siente por nosotros, a escuchar nuestra conciencia para que actuemos en bien, para que cuidemos de nuestros cercanos. Vamos a sentir así como la semilla siente, como la madre naturaleza siente. Ahora inicia el año de la serpiente, trece lunas para que nos volvamos a encontrar y sembremos de nuevo esa fuerza, para que continuemos por la senda que los mayores ya tenían hacia el buen vivir y caminar con justicia”, complementó con fervor Jesús Chindoy.

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El desfile que aconteció después fue como si un pueblo entero sintiera el hechizo de los cantos emberas y los gritos agitados de una región que pregonaba a viva voz la unidad y la espiritualidad de las sagradas tierras indígenas como un colectivo y de sus raíces ancestrales, que nacieron para cuidar y preservar la tierra por encima de cualquier causa humana. Niños, jóvenes, padres y abuelos entonaron como si fuera un solo corazón para que la tierra sintiera el fervor y la presencia de toda una historia indígena, que hasta los habitantes de las más altas montañas que rodeaban los vastos paisajes y laderas escucharan frases como “Vivan los indígenas, vivan las comunidades, viva la fiesta de la memoria”.

Tal fue la respuesta de la gente que el número de participantes superaron los escasos observadores que se veían en las calles y las ventanas de los humildes hogares. El desfile culminó en un espacio abierto de gran importancia llamado Recinto del Pensamiento. En aquel lugar los rituales y rezos a Dios, a la tierra y otra gran parte de las creencias embera chami tomaron tanta fuerza que el tiempo parecía haber sucumbido ante la necesidad de admirar las palabras que los mayores ofrecían como gesto de agradecimiento. En el ritual se compartió medicina ancestral con los presentes para curar heridas mentales y limpiar el espíritu. “rapé y chimú, que son provenientes de la planta sagrada del tabaco, y el itúa que es una bebida ceremonial compuesta por chicha, guarapo, vino y otros ingredientes, que al ser conjurada por los mayores se convierte en medicina y no embriaga”, mencionó Mauricio Gañan, uno de los veintidós médicos oriundos de la comunidad.

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Los niños también tuvieron su espacio, entonando canciones infantiles como Los Pollitos Dicen en el idioma nativo, y en la noche se organizó una danza que partió de unos pocos y el público se dejó contagiar, ingresando a ser parte de la coreografía. Esta gran celebración culminó con el concierto de Jauri, una agrupación musical de ritmos andinos y miembros de estas comunidades, quienes con sus cantos a la naturaleza (acompañado de instrumentos de madera y un bajo eléctrico) hicieron bailar a más de uno en el recinto.

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“Los abuelos nuestros tienen unas memorias de origen, allí están guardadas las instrucciones, los principios de cómo el creador enseñó a nuestros primeros padres a vivir la vida, a vivir en este planeta. Ya conocemos lo que pasó hace muchos años, el mal llamado descubrimiento de las Américas, ese es un capítulo de la historia de este continente porque cuando se habla de conquista significa que a donde llegas no dejas huella de lo que hay allí, y dejas lo que traes. Nosotros no fuimos ajenos a eso, por lo tanto olvidamos lengua, olvidamos canto, olvidamos danza, olvidamos nuestras propias ceremonias; pero nuestros mayores hablan de una profecía: llegará un tiempo en que la medicina volverá y el ancestro regresará, entonces para nosotros esta gran ceremonia es un cumplimiento de esa profecía”, con estas palabras emitidas por el médico Mauricio, se vio reflejado el objetivo del evento.

ESCRITO POR Esteban Hoyos
Escritor de mundos reales e imaginarios. La música, el cine y el teatro se han convertido en la inspiración de mis más grandes anhelos.
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2 COMENTARIOS
  • arnulfo Arias garcía.
    4 Julio, 2016 / Responder

    Siempre he vivido orgulloso de mi ancestro indígena Guapachas de la Montaña, el respeto que mis antepasados tienen frente al sentido cosmogónico del universo y el convivir en paz con la madre tierra, que es el único hogar que poseemos y temo por la desmesurada ambición del blanco que con el fin de obtener ganancias, está arrasando con el planeta, espero que unas buenas energías lo lleve a cambiar su mentalidad y sin egoísmos proyectarnos todos al futuro.

  • Signo Cromático
    6 Julio, 2016 / Responder

    Que excelente artículo, me hace recordar el tawaitisuyu pacha y sus ceremonias vividas en el COTAINDOC resguardo nortecaucano, felicidades Esteban.