11/19/2018
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Halloween, la saga que parió y mató al slasher – Parte 1

Opinión por: Juan David Martínez Z.

Para finales de este octubre, mes donde lo macabro y lo fantástico es festejado, tendremos el retorno de un icono del terror. Cuarenta años después de su debut en el cine, Michael Myers empuña un cuchillo de carnicero con la intención de aterrorizar de nuevo a Jamie Lee Curtis (sisas, la de ‘Un viernes de Locos’), en su papel de Laurie Strode. Vale, puede que Michael palidezca a nivel visual ante asesinos más llamativos como Freddy y sus dedos mágicos, Jason y su talento para la natación, o Leatherface con su excelente habilidad para la marroquinería; pero hablamos de un pionero del slasher, un ancestro mayor al que se le debe tener respeto.

Aunque esta nueva secuela (la número 11 dentro de la franquicia) tirará a la basura las entregas expedidas desde 1981, o sea, todas menos la primera, ¿qué mejor momento para hacer una retrospectiva sobre esta cacería constante entre víctima y victimario?; de paso, ¿por qué no explicar cómo la propuesta original de 1978 sentó las bases para una antología que daría vida -y muerte- a todo un subgénero?

Salvedad: La siguiente recapitulación se realizará en 2 partes, teniendo en cuenta Halloween 1, 2, 7 y 8 (la primera dupla compone el nacimiento, la segunda la defunción del género). Las demás, o son historias ajenas a Myers y Laurie, o son remakes/reboots. Ah… Un saludo para la editora que me pidió que el artículo no fuera largo.

Un asesino recién fugado del psiquiátrico que asecha a niñeras. Eso es todo. He ahí la premisa de esta cinta.

Dirigida por John Carpenter (The thing –  1982 / Scape from New York – 1981, sus obras más conocidas dentro de una prolífica carrera), este fue un proyecto bastante humilde aún para su tiempo.

En primer lugar el presupuesto resultó ser ínfimo, situación que dio paso a una gran cantidad de anécdotas sobre su realización creativa (entre las que se destacan las hojas otoñales pintadas a mano para falsear la temporada; o que el vestuario y maquillaje corrieron por cuenta de los propios actores). Y en segundo, la sencillez del argumento rosaba la pobreza narrativa.

A pesar de todo, Halloween terminó por ser un perfecto ejemplo de cómo la inteligente y precisa utilización de recursos puede asombrar y consumar un resultado satisfactorio. Menos es más.

Carpenter se preocupó desde el inicio por exponer a su asesino como una forma resollante (‘The shape, como se le acreditó), un depredador pausado e impávido que se debate indefinidamente entre la psicopatía más monstruosa y la humanidad más sobrenatural. Planos secuencia desde la mirada del homicida; juegos con el montaje para generar inquietud, fomentando la idea de que Michael está oculto y puede aparecer en cualquier momento; encuadres en plano general que llevaban a memorizar y definir su fornida silueta; luces focales que perfilaban en la penumbra su máscara. Estos son algunos de los elementos utilizados desde la dirección para enmarcar al asesino, así como su proceder ante sus presas… sus víctimas… jóvenes solos y demasiado ocupados en los frívolos avatares de sus simples vidas, como para prever la violencia que será infligida sobre sus carnes.

Todo este juego estableció bases y referentes dentro de la industria, y serían replicados sin cansancio de  diferentes maneras por las siguientes dos décadas. Si bien The chainsaw massacre (1974) ya proponía una estructura similar, Halloween la popularizó y germinó una semilla que se haría con nombre propio y daría pie a un nuevo subgénero dentro del cine de terror: el Slasher.

Máscaras, desfiguraciones, cuchillos, machetes, sierras eléctricas, sed de sangre (sin llegar a la tortura), adolescentes calientes y un asesino cuasi-anónimo serían los reactivos mezclados para dar vida a propuestas que eran baratas, fáciles y rápidas de realizar, que además se podían vender periódicamente con múltiples secuelas. Díganle hola entonces a sagas como A nightmare on Elm Street, Friday 13th, Child’s play, Scream, y muchas otras.

Halloween no es una obra maestra, sin embargo, esa nunca fue su intensión. Dentro de su extrema sencillez y  su ínfimo presupuesto logró contar bastante bien su historia, siendo sutil y un poco elegante, transmitiendo en el proceso un modo de terror tan particular que marcó y generó pauta.

Y entonces llegó la secuela a un éxito inesperado…

Halloween 2 (1981)

La idea de continuar la historia la misma Noche de brujas que el largometraje del 78 expuso, aunque innecesaria, resulta interesante y llamativa; sobre todo porque la persecución ahora se desarrolla en un hospital, un recinto repleto de habitáculos intrínsecamente terroríficos. Para esta entrega Carpenter solo fungió como guionista y la dirección corrió por parte de Rick Rosenthal.

Muchos argumentan que la saga y el asesino de turno perdieron el encanto cuando se empezó a ahondar en su pasado, a hacer más nítida esa “forma” indefinida y espectral de Myers. Siendo justos, el problema no es que se le concediera trasfondo al personaje, sino la manera como se le otorgó.

Hubiera sido más coherente que dieran a entender que Michael disfrutaba matando chicas adolescentes porque le recordaban a su primer asesinato, o que sencillamente no quería dejar el asunto de la primera película a medias; pero no, las ansias de buscar nuevas motivaciones para el asesino de Haddonfield condujeron al rebusque desesperado. Por eso es que se decidió hacer de Laurie la hermana de Michael. Una revelación patética, una excusa aleatoria construida a partir de una información que era titánicamente crucial, pero que dentro de la misma historia nunca a nadie se le ocurrió revelar previamente.

Y esta no fue la única situación idiota dentro de la trama, porque bien que es difícil pasar por alto que un policía atropelle a un transeúnte y nadie diga nada; o que se corra con la mayor naturalidad por todo un hospital inexplicablemente desierto, a pesar de tener múltiples contusiones, un esguince en el tobillo y estar parcialmente drogado (#Casual #ViernesDeLocos).

Por lo menos se puede destacar que las muertes son mucho más creativas y sádicas. Michael ya no solo se limita a tajar a las personas con su cuchillo, sino que ahora usa escalpelos, martillos, tinas de agua hirviente, entre otros instrumentos (esta característica violenta también se vería replicada en el género). Los litros de líquido carmesí tienen la intención de compensar su ausencia en el filme número 1 de la franquicia.

También, aunque la dirección se aprecia descuidada, limitándose a hacer una perezosa imitación de lo que en su momento realizó Carpenter, por lo menos se hace eco de la cámara en primera persona, un código narrativo para nada despreciable.

Halloween 2, es una secuela tonta y desarreglada, direccionada hacia el morbo y carente de la sutileza e ingenio que hicieron grande a su antecesora.

Aquí ya se bosqueja un fallo constante en la gran mayoría (por no decir todas) de las secuelas de este subgénero. Si no eran de lleno malas, había que revisar un rato considerable en la basura para sonsacar algo de mediano valor. Siempre hay salidas de guión demasiado oportunas; siempre hay nueva carne de cañón para el asesino del momento; siempre hay una chica más cauta que el resto del grupo, que no solo es capaz de leer las señales y sobrevivir al final para contar la historia, sino que se le concede la virtud (maldición en realidad) de volver a enfrentar en una nueva ronda a su acosador: la Scream Queen.

Pero esto último, ya es el inicio de otro artículo…

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