11/19/2018
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Halloween, la saga que parió y mató al slasher – Parte 2

Opinión por Juan David Martínez

Hasta este momento se ha ignorado un componente importantísimo dentro de esta antología, pionera del género: Jamie Lee Curtis.

A sus 19 años Curtis se involucró en el proyecto de Carpenter, siendo una actriz primeriza que probaba suerte en el medio y que en el pasado había rechazado papeles como el de Regan MacNail (The Exorcist – 1979). Fue elegida por la sensación de fragilidad e inocencia que era capaz de transmitir. Más pintoresco y curioso no podría ser que su inauguración en el 7° arte fuese en una obra repleta de suspenso, justo como la que llevó a su madre, Janet Leight, al recuerdo imperecedero dentro de la cultura pop (mejores gritos jamás entonados en una ducha como Marion Crane en Psycho – 1960). Su desempeño fue calificado como un éxito y al igual que la saga de la que hacía parte, Curtis se instauró como la Scream Queen prototipo, de quien partieron muchas más.

Encarnando a Laurie Strode, apreciamos cómo se le ve atormentada por la fuerza imparable e invulnerabilidad inamovible de ‘The shape’, y claro, por el trauma de cómo su círculo social más cercano se reduce a cero gracias a este. El acoso continuaría con las demás entregas, incluso décadas posteriores.

Halloween: 20 años después (1998)

Viajamos en el tiempo y tras tanta fotocopia fílmica y secuelitis crónica, con H20 (su nombre en inglés) se da continuidad al hilo original de la saga. En esta séptima parte, Michael está de vuelta y comienza a dar caza a su hermana Laurie, quien ahora es adulta, ha rehecho su vida y se desempeña como madre soltera y directora de un internado. En la dirección, asume el reto Steve Miner.

Para el punto en el que esta película llegó a la cartelera, el subgénero se había resentido demasiado. Los asesinos, gracias al continuo absurdo de sus tramas casi anualizadas, causaban risa más que miedo. Pero entonces en 1996 y 1997 arribó Wes Craven con Scream 1 y 2, una propuesta que desbarataba el género desde las entrañas. Con cinismo criticaban y satirizaban todos sus tropos; además atribuían a sus personajes de inteligencia en sus diálogos y acciones, actitud más bien precaria o inexistente dentro de este tipo de cintas.

Con este revival, este segundo aire hacia esta forma de terror, H20 se planteaba como algo apetecible y nostálgico.

Desgraciadamente la película no terminó por lucirse en ningún apartado; de hecho posee una estética noventera que le despoja terriblemente de estilo: su fotografía remite a The craft – 1996, a las ya mencionadas Scream y a I Know What You Did Last Summer – 1997. ¡Una lástima! porque Halloween es un producto que debería imponer y proponer dentro del subgénero, no empequeñecerse ante la sombra de sus sucesores.

La historia es básica y está plagada de sustos baratos que no llevan a ningún sitio y de algunos momentos fuera de lugar. No obstante se pudo materializar cierto encanto de por medio.

Por fin y tras años de hostigamiento, Curtis/Laurie se sobrepone al trauma de Myers, armándose de ira con un hacha y enfrentándolo. Aunque no sería la primera Scream Queen en levantarse ante su  persecutor, ya iba siendo hora de que “La abuela del grito”, la pionera, abandonara esa posición pasiva y pudiese reivindicarse de su estatus de víctima. Es por eso que las cuchilladas finales de Laurie a Michael resultan siendo auténticamente emocionantes y purgantes.

En general, esta es una secuela tímida, algo desganada y sencilla, que no se compara en absoluto con la genialidad de la original, mas no deja de ser un capítulo dentro de la franquicia disfrutable y hasta catártico. Un contentillo para la audiencia, un éxito modesto que había podido salir bien parado.

¿Valía la pena arriesgarse por una más?

Halloween: Resurrección (2002)

Contexto, antes que nada. Si para Scream ya no había luces de esperanza gracias a una estúpida 3° entrega del año 2000… Halloween, incapaz de proponer por sí misma como ya lo había demostrado en H20, la tenía bastante difícil.

Y en efecto, todo fue una calamidad.

La historia pretende darse aires de “volver al hogar”, al punto donde se inició todo y Michael cometió su primer asesinato; pero nada de eso funciona en realidad porque la casa Myers es diminuta, no produce terror por sí misma y ni siquiera funciona como una extensión del propio asesino y su mal (a causa de que nunca le vimos interactuando con ella).

La aparición de Laurie no sirve de nada y no lleva a nada. Se le envía al abismo en los primeros 10 minutos de metraje, y su desenlace es paupérrimo, vacío e insultante. Debió ser algo muchísimo más impresionante, psicológico y emocional tanto para ella como para su hermano. ¿Para qué se tomaron la molestia de deshacer  los pasos dados  (forzosamente) en el final de la entrega previa, si iban a optar por esto?

Las actuaciones son horripilantes y se soportan en unos personajes más planos y traslúcidos que el papel mantequilla: No tienen motivaciones (más allá de la simple supervivencia), no tienen arcos, no tienen pasado, sus personalidades son repelentes al estar encerradas en una escala de identidad/carácter que oscila entre lo ganoso – lo morboso, y muchos de sus roles dentro de la historia son estúpidos o un sinsentido (Deckard o Sara, por ejemplo). Laurie era la única con un subtexto realmente interesante, pero dado que fue apartada de la ecuación en tiempo exprés, no hay por quién tener velas en este entierro.

Las 2 obras analizadas anteriormente no eran producciones con demasiada calidad, pero por lo menos aportaban algo dentro del concepto y el mito de Myers.  Halloween: Resurrection es mala con ganas e insultantemente pobre y vacía dentro de la franquicia. Existe una sensación de amañamiento en todo este proyecto, un tirar por lo fácil y por una fórmula que ya había quedado obsoleta años atrás, un retroceso a lo básico pero aplicando todo el lenguaje cinematográfico de mala manera e ignorando lo deconstruído por otros filmes dentro del slasher. ¡Qué las muertes ni siquiera son llamativas, y eso que el director de esta bosta fue el mismo de la 2!

Un grande había caído para este punto. A modo de ciclo, la saga que dio origen a un subgénero dentro del terror, acababa de acribillarse a sí misma a filo de cuchillo. La franquicia estaba desangrada, ya nada se podía hacer, y aunque se pretendió reiniciar todo desde cero (el reboot de Rob Zombie), el concepto ya olía a quemado y no provocaba interés alguno en el público al que siempre apuntó (adolescentes), ni en los veteranos nostálgicos que una vez disfrutaron con Michael. Además, para la época de mediados del 2000 el terror había enfocado su lente hacia el Torture Porn (Saw y Hostel), los Zombies y los Remakes de otros clásicos.

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