11/19/2018
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Leer es fútil

No hay un valor moral en leer. Ni un valor ético, ni cívico. Leer es una acción desprevenida, es posible que hasta irresponsable y fútil.


Opinión por Misael Peralta*

Pese a que me encanta leer y me ha hecho lo que soy, me parece que una de las respuestas más difíciles es la que trata de resolver la inquietud de por qué leer. Incluso he ocupado cargos y lugares donde esa respuesta es vital y ser buen vendedor de la lectura es clave para que los procesos funcionen.

He trabajado en librerías y bibliotecas donde llegan personas que no quieren leer. Ni les gusta. Ni están interesadas en hacerlo. Cuando estoy frente a ellas me siento impotente para seducirlas, inspirarlas, motivarlas a que cojan un libro. Pensar que quizá sin saberlo le cogen gusto… que por un azar sin cálculo terminen siendo grandes o buenos, o al menos decentes lectores. Que los libros solos, mágicos, alquímicos, terminen envolviéndolos en una trampa maravillosa e inapartable.

No me parece sincero hablarles de cosas que solo yo he sentido, que me han transformado y constituyen parte importante de lo que se llama usualmente ‘personalidad’. No puedo decirles que a ellos les pasará lo mismo ni mucho menos que serán, posiblemente, mejores personas. Hay asesinos, ladrones, villanos, corruptos o crueles terratenientes que han sido (o que son) buenos lectores. Muchos nazis eran devoradores de libros (los que no quemaban) y eso no los volvió buenos.

No hay un valor moral en leer. Ni un valor ético, ni cívico. Leer es una acción desprevenida, es posible que hasta irresponsable y fútil. Esta última palabra, tal vez pudiera salvarme en la justificación. Recuerdo que la busqué en un diccionario, porque la leí en un poema de don León de Greiff:

Cambio mi vida por lámparas viejas/o por los dados con los que se jugó la túnica inconsútil;/por lo más anodino, por lo más obvio, por lo más fútil;/por los colgajos que se guinda en las orejas/la simiesca mulata,/la terracota nubia;/la pálida morena, la amarilla oriental, o la hiperbórea rubia;/cambio mi vida por una anilla de hojalata/o por la espada de Sigmundo,/o por el mundo/que tenía en los dedos Carlomagno: -para echar a rodar la bola…

De eso se tratará este espacio que hoy utilizo para que usted me lea. Para que juntos, conversando, leyendo, busquemos las formas de perdernos o encontrarnos en la inquietud por lo fútil.

Ese poema, el Relato de Sergio Stepansky, es uno de los más conocidos de su obra y empieza y termina con unos versos repetidísimos, tristes y gastados (pero no por eso menos maravillosos): Juego mi vida, cambio mi vida/De todos modos/la llevo perdida…

La vida jugada, puesta a merced de la suerte, como un disfraz, como un vestido, como una piel que puede intercambiarse. Esa liberación bella que me dejó, entre otras cosas, la comprensión de aquello que es fútil. De la excesiva fuerza que contiene el conmoverse solo con letras, con historias, con páginas dobladas, con imágenes interpuestas, con juegos de comas, puntos, punto y coma; puntos seguidos. O aparte.

No por difícil he abandonado la tarea. La labor de justificarme, de entenderme. No por imposible he desechado la búsqueda de la respuesta. De eso se tratará este espacio que hoy utilizo para que usted me lea. Para que juntos, conversando, leyendo, busquemos las formas de perdernos o encontrarnos en la inquietud por lo fútil.

*Docente apasionado en la Universidad de Manizales. Hablo sobre libros en el Banco de la República todos los miércoles a las 2:30 p.m. Converso en UM Radio de lunes a viernes, a las 7 am, en El Matutino. Trabajo con los medios y las comunicaciones del Festival Grita, que este año será el 13 y 14 de octubre. Voy al Estadio y mi pasión por el Once Caldas me transforma. Soy papá, esposo, criticón y peatón.

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