HomeVisionarioTaxidermia: Belleza después de la muerte

Taxidermia: Belleza después de la muerte

Con espuma y alambre, José Lozada da vida a más de 1.280 individuos, entre ellos especies que están en vía de extinción a través de la taxidermia, un trabajo que a pocos les interesa hacer. 

Fotografías por Juan David Rivera y Giovanny L. Galvez.

La luz del sol no puede entrar, la ventana está sellada y solo hay un bombillo en el centro del cuarto, el deshumidificador mantiene la humedad en 40%. Debajo del bombillo hay un escritorio con pieles de mamíferos, plumas de aves y vasos con serpientes. El suelo de madera sostiene los stands que guardan especímenes disecados. En esta pieza –ubicada en Road House- todos son animales. José Lozada Arias está sentado, tiene apariencia de científico de película, coge un ave.

– En Manizales a nadie le interesa este tipo de trabajo.

Entre 1930 y 1940 los Hermanos Maristas comenzaron a coleccionar animales disecados. En 1942 el Museo de Historia del Colegio de Cristo en Manizales se convirtió en uno de los primeros museos del país. Cuando José Lozada estaba en tercero de bachillerato aprendió del director del colegio a disecar animales. La taxidermia y la museología se convirtieron en su pasión.

En 2003 el Museo de Historia Natural, fue entregado en comodato al Ecoparque los Yarumos donde se exhibió hasta 2012, y posteriormente por las remodelaciones que se hicieron en el lugar, se guardaron por 4 meses. Producto de mal almacenamiento la colección se llenó de hongos.
Después de un lío jurídico que enfrentó al Instituto de Cultura y Turismo, al Ecoparque los Yarumos y al Colegio de cristo, la colección fue entregada a José Lozada para la conservación.

-La colección no desapareció, la cuidamos un biólogo y yo.

Ahora José Lozada viaja poco. Se capacitó en el Instituto Alexander Von Humboldt en Villa de Leyva. Habla pausado y se le hace imposible decir dos frases sin mencionar un dato sobre la colección, cada idea la complementa señalando un individuo y explicando sus características. El papel de expositor José se lo toma en serio, responde sin necesidad de que alguien pregunte.

-En el museo todo lo tenemos identificado, nombre científico, orden, familia, género, especie, podemos hacer una divulgación de esto con fines pedagógicos.

La colección se encuentra en una pieza, como pocas personas lo visitan, José decidió tener muestras itinerantes en lugares como la Rochela y el Recinto del Pensamiento.

-Estoy en deuda con la ciudadanía después de ser felicitado por mi trabajo estar acá es retroceso, la colección debe estar en otro lugar, para que la gente la vea, sobre todo los niños y los jóvenes, divulgar la biodiversidad para crear conciencia –sonríe-. Los medios de comunicación piensan que el museo se perdió pero -señala-, este animal está desde 1929 y está intacto.

Primero fue arte y después se llamó taxidermia. Dos mil años antes que los egipcios, la cultura Chinchorro en el desierto de Atacama en Chile, preparaba cadáveres con técnicas que adoptó la taxidermia en el siglo XVI y XVII. Durante el renacimiento europeo, la práctica tuvo su momento de oro. Las expediciones y el surgimiento del pensamiento científico influenciaron en el perfeccionamiento de la técnica, bajo la consigna de conservar y preservar. En Colombia la taxidermia se desarrolló desde 1920, los Hermanos Lasallistas y Maristas influenciados por Inglaterra y Francia, realizaron colectas de animales muertos y aplicaron la técnica con fines pedagógicos.

La taxidermia comienza y termina con el tratamiento de la piel. Se desprende la materia orgánica del pelaje, se desecha lo que se pueda descomponer y se le da vida al animal con relleno artificial y con alambres que imitan tendones y huesos. La taxidermia va más allá de preparar la pieza para museo, también la describe, la analiza y la pone en contexto.

José se levanta de la silla, sobre espuma color rosa hace perforaciones, busca la manera de transportar la colección sin alterarla. Toma café. Pocos tienen la fortuna de tener en una pieza tanta diversidad biológica. Recuerda los años en el Colegio de Cristo y luego suspira.

-Tengo dos opciones, me encierro con la colección o la muestro en otros espacios, saliendo se deterioran, pero prefiero que la gente aprenda.

Toma café.

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