03/22/2019
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El feminismo crece como Maleza

Esto no es una moda, una secta o un negocio multinivel, es ser consciente que todas nuestras acciones tienen una carga política, histórica y económica.


Texto por: Diana Castro

Fotografías por:  Juan Camilo Betancourt 

La expresión ‘Parce, a mi también’ fue el detonante para hablar de feminismo a calzón quitado. Natalia, Andrea, Laura y Manuela decidieron crear el colectivo de Feminista Maleza tras varias conversaciones entre amigas: ¿por qué me pagan menos por el mismo trabajo que a mi colega varón? Paila que el ex la amenazó con publicar sus nudes ¿No?  ¿No había otra cosa que regalar en el cumpleaños de mi mamá que una olla arrocera?

Los tinticos charlados podían traer risa, rabia o escozor, aquellas palabras parecían una lista de reproducción en loop y cada vez había más dudas que resolver. Era necesario abandonar esa trinchera “Nuestra intención era unirnos con otras personas que tuvieran las mismas dudas. Nos sentíamos solas, inconformes con situaciones que todas hacíamos mecánicamente”, comenta Manuela Ramos.

Efectivamente socias, no eran las únicas. Para 2017, año en que Maleza inició actividades, movimientos feministas en todo el mundo debatían en la agenda pública sobre situaciones de acoso, equidad salarial, estereotipos de belleza, entre otros. El eco del movimiento también había calado en colectivos de ciudades pequeñas como ésta, conservadoras y alternativas, juntas pero no revueltas. 

“Digamos en la India la lucha de las mujeres tiene que ver con casarse con un hombre que ellas elijan y acá las mujeres luchan es por divorciarse sin sufrir ataques de celos, vemos que son contextos muy diferentes. No se pueden adoptar modelos o teorías, siempre necesitamos adaptarlos al contexto local”, dice Manuela Ramos.

Manuela Ramos: Estudiante de derecho, su inconformidad por el mundo actual la ha llevado a pertenecer a luchas colectivas.

Además, las mujeres maravilla hacen parte del paisaje hace mucho tiempo. Aún cuando estas montañas no parían la primera mujer con título universitario, o se reconocía el derecho al voto para ambos sexos. La presión de activistas, amas de casa, cocineras, hermanas, tías y abuelas abonaron el terreno para que esta fuera una ciudad menos agresiva para las 210 mil mujeres que hoy la habitan.

Andrea Zúñiga Delgado: Mujer de sonrisa grande, pertenece a La Escuela Tambor Hembra y al colectivo de mediación artística ‘Las profesionales’

“Muchas mujeres dan por sentado de donde provienen sus derechos, como que creen que desde el principio de la historia podíamos estudiar en la universidad, tener propiedades, viajar solas pero no entendemos que es gracias al movimiento feminista, a muchas mujeres que antes de nosotras tampoco se quedaron calladas”, complementa Andrea Zúñiga.

¿De qué se quejan?

Los retoños de Maleza ven el vaso medio lleno, hay mujeres en la presidencia y en la luna, pero esto no necesariamente es sinónimo de equidad de género. Precisamente, la reflexión que propone el feminismo es remover y deconstruir identidades propias, estar atentas a comportamientos, pensamientos y relaciones sobre los que se ha cimentado nuestra sociedad. El diablo está en los detalles, y las inequidades se camuflan en el cotidiano: el humor, el amor, las noticias, el lenguaje…

El colectivo se lanzó al ruedo con una serie de talleres prácticos, la idea era hacer pedagogía sobre aquellos problemas visibles e invisibles a la vez, Natalia López se enteró de la convocatoria del Banco de la República, en la que participaron para desarrollar durante un año las distintas actividades. Manuela y Laura tenían habilidades de sus disciplinas (derecho y artes plásticas) necesarias para el desarrollar el contenido de las sesiones y tener piezas gráficas potentes. Natalia y Andrea tenían experiencia como talleristas y en procesos de mediación y educación.

En los talleres del primer ciclo se encuentran: nociones de belleza, sexualidad, maternidad, menstruación, herbolaria, alimentación saludable, medicina alternativa, anticoncepción.

“El primer ciclo de talleres lo organizamos pensando en lo primero que nos podía identificar en la experiencia como mujeres, que era el cuerpo ¿qué hemos experimentado todas desde nuestros cuerpos y qué relaciones colectivas surgen a partir de esas historias individuales?”, dice Andrea.

Los espacios de diálogo debían generar un ambiente íntimo y seguro. Lo más apropiado para Maleza fue emular la sala de una casa, con fiambre, incienso, flores  y una playlist de punk femenino. Los talleres permitieron que mujeres de todas las edades y colores comenzaran a maquinar ideas, a filtrar información que podían apropiar a sus vidas.

Para el segundo ciclo de talleres, la expresión ‘Parce, a mí también’ se repetía en las voces de las asistentes. Al reunir tantas experiencias personales y encontrar situaciones por mejorar, al reconocer tantas formas posibles de ser mujer como asistentes en el aforo, ya no había que preocuparse por el estereotipo de “gorda, puta, fea, malfollada”.

Los ejes temáticos para el segundo ciclo de talleres fueron: amor romántico, aborto, micromachismos, hipersexualización, la mujer en los procesos creativos, reunión de mujeres como herramienta subversiva, autodefensa, prácticas cotidianas.

“Si la feminidad es un paisaje en tránsito ¿Cuál es la mejor forma de modificar ese paisaje? es el feminismo, hay que ponerle nombre. Ese es el miedo que la gente tiene”, comenta Andrea Zúñiga.

Femi- naci.

Dicen las Malezas que no hay arma más potente que el testimonio de una chica superpoderosa. Para el tercer ciclo de talleres en 2019 se proponen incentivar la reflexión sobre las elecciones y posibilidades de vida, escuchando las biografías de mujeres del paisaje  que no se ajustaron al estereotipo patriarcal. La idea siempre ha sido replantear nociones de “feminidad” dando la vuelta a prácticas cotidianas para encontrarlas empoderantes o emancipadoras.

“Es muy valioso crear espacios para la difusión de información que poseen otras mujeres; En el segundo ciclo de los talleres estuvo de invitada nuestra mamá costurera, lo cual nos permite aprender de su saber y evitar gastarnos 80 mil pesos en un almacén que le paga a sus trabajadoras 500 pesos por cada camiseta confeccionada en talleres satélites”, comenta Manuela Ramos.

Uno de los aprendizajes más valiosos para la colectiva llega en el momento en el que las asistentes se cuestionan actitudes propias. De la misma manera de quien anda entre miel y algo se le pega, ocurre con los comportamientos nocivos y machistas de mujeres para mujeres. La rivalidad por ejemplo, también es una trinchera donde se construye identidad y desdibujar lo aprendido por años de novelas, memes, piropos, historias familiares y vanidades cuesta.

Trabajar juntas fue un reto que la educación tradicional no les había enseñado, pero que se atrevieron a aprender intentando, llegando a acuerdos, entendiendo que aún siendo diferentes podían crear un proyecto en que sus ritmos y diferencias no fueran inconvenientes sino complementarias, y en que sus propias actitudes fueran espejo y fortaleza para las otras.

Natalia López Lombo: Raíces en Bogotá y padres artesanos, artista plástica, tallerista y mediadora.

Natalia López reconoce que los procesos pedagógicos son lentos, entonces, para lograr comparar a Manizales con otras ciudades que tienen iniciativas de género a gran escala, se debe empezar por la casa, el barrio, el ambiente de trabajo. En otras palabras, iniciativas como la del aborto seguro legal y gratuito en Argentina o ‘Estamos listas’ por igualdad de oportunidades en la política en Medellín surgirán de acuerdo a las necesidades de estas montañas. Algunas iniciativas en las que participan feministas de Manizales son la Red Nacional de Mujeres y la Plataforma feminista de Caldas.

Entonces, si tanto alboroto han causado generaciones enteras de mujeres por eliminar estereotipos o preconceptos relacionados con el género, no tendría mucho sentido  crear otra fórmula única e inflexible de “ser feminista”. Por eso el movimiento crece como maleza, por que no hay uniformidad en sus matorrales, crece sobre cualquier terruño, recuerda que el paisaje tiene voluntad propia.

Agradecemos a Laura Camila Ramos Rodríguez por compartir sus ilustraciones, puedes ver más de su trabajo aquí 

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