11/19/2018
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Manuel Vélez Arboleda: una mente inquieta detrás del videoarte

Glitch, videoarte y rap. Su trabajo lo ha llevado a ubicar a Manizales en el mapa de grandes festivales internacionales y su pasión no para. Hace parte del colectivo Cataleya Pro y está tras su primer largometraje.


Texto por Revista Alternativa

Fotografías por Lania Lex y Archivo

Ecléctico. Soñador. Crítico. Jocoso. Nocturno. Todas, una tras otra, caracterizan a Manuel Vélez Arboleda, sin embargo, no son suficientes para describirlo. De su forma de ser y actitud pocos pueden hablar con precisión, pues no se rodea de multitudes. A pesar de eso, su audacia y trayectoria hablan por sí solas. El videoarte lo ha hecho quien es, un hombre provinciano que lleva a sus espaldas reconocimientos nacionales, trabajos proyectados en el exterior y 19 producciones audiovisuales entre sus manos.

Manuel Alejandro Vélez Arboleda, como fue bautizado hace 30 años, encontró en el lenguaje audiovisual un método para narrar sus ideas desde lo político, argumentativo y denunciante. Su ambición por el cine comenzó muy temprano, quizás a sus escasos 13 años cuando se adentró en el vasto mundo a través de las andanzas de su abuelo y las enciclopedias. A partir de sus experiencias en la niñez hizo dibujos, aquellos que después se fueron transformando en animaciones que actualmente son parte fundamental de sus trabajos audiovisuales.

Uno de los documentales que marcó su inicio como cineasta fue La 33, un trabajo que sembró un hito en la comunidad que allí se vio evidenciada. En este, Manuel hizo visible cómo un torneo de futbol, con el premio mayor de un marrano, logró romper las barreras de la violencia, fronteras invisibles, drogadicción y conflicto en un barrio conocido como El Carmen, de Manizales.

Tiempo después llegó Brayan Man: El reggaetón protesta, otro de sus cortometrajes que alterna el género documental y experimental, y cuenta la historia de un reinsertado de las FARC que decidió decantarse por la música para encontrarle sentido a la vida y expresar lo que por tanto tiempo calló.

Rabia, otra de sus joyas, nació de sus entrañas, de sus recuerdos cuando estudió en el Colegio de la Policía y fue testigo del secuestro y asesinato de algunos familiares de sus amigos en un atentado, dentro de la misma institución, que marcó su vida durante los años más duros de la guerra.

Estas son apenas unas pocas experiencias de su infinito anecdotario trascendental, como para sumergirnos un poco en su mente. Sin embargo, y como se mencionó al principio, Manuel es un hombre de acciones y pasiones atravesadas por múltiples expresiones del arte, un ser ecléctico. Por eso se le ve allá y acá haciendo varias cosas. Por ejemplo, fue uno de los organizadores del evento Ciudad y Lomas con sus parceros de Cataleya Pro, una productora audiovisual para la industria musical. El festival, apoyado por la Alcaldía de Manizales, busca fortalecer y crear escenarios para el arte urbano, una de sus grandes pasiones.

Tal como es él, es su conversación: una combinación de ideologías, proyectos, canciones y sueños. Su esencia nos permitió hablar de muchos temas a la vez en una sola conversación, y entender mejor aquello que lamentablemente no tiene mucha cabida en la sociedad y que es su mayor inspiración: el videoarte.

Empecemos por Cataleya Pro, su proyecto video-musical en el que viene trabajando hace ya un buen tiempo y con el que ha conseguido buenos resultados, ¿qué ha pasado allí?

Manuel: El año pasado hicimos un trabajo para Tony The Cofla, una canción llamada Lo siento. Con este videoclip participamos este año en el Festival de Cortos Psicoactivos – Échele Cabeza. Ellos tienen un trabajo muy grande en prevención de riesgos, hacen una labor muy pedagógica a donde van. Para nosotros fue una sorpresa ver que el trabajo quedó seleccionado entre los mejores. Yo fui a parcharme relajado, pero cuando aparecimos de finalistas me dije ´marica, ganamos’, y así fue. Mi primera vez. Esto nos da la fe para seguir creciendo como colectivo.

Este no ha sido su único reconocimiento, usted también ha quedado seleccionado en carteles de festivales nacionales e internacionales, enumere algunos de sus logros.

Yo siempre he estado en selecciones oficiales, pero nunca había ganado premios hasta ese. Algunas selecciones han sido AM Egypt Film Festival, Bang Festival en Barcelona, uno de post porno en México, otro en el Museo de Pereira, en Tel Aviv (Israel) y Artistas por la paz en Pereira.

Un trabajo que se enorgullece en haber producido es ‘Los Lost’, su primer cortometraje, una obra que habla de la nada de Manizales, de cómo estar atrapado en un lugar en el que supuestamente no pasa nada y en el que en realidad esa nada no existe, sino que es una anestesiamiento. A diferencia de ‘La 33’ que ha recibido algunas gratificaciones en el exterior por su contenido y ha sido presentada en diferentes espacios, este último filme intentó ser presentado en diversos espacio del país, pero no fue posible, sin embargo, el Teatro Fundadores le abrió las puertas para estrenarlo.

¿Qué hay de Los Lost?

Con Los Lost pasamos al Festival de Cine al Este de Lima, Perú, (muy importante a nivel iberoamericano) con proyección en el Museo Central de Lima. Allí había cortos seleccionados con miles de euros de presupuesto y Los Lost no tiene nada de presupuesto, hicimos una quijotada con esto. Yo digo que la gente después se va a dar cuenta de lo que hicimos por la conceptualización.

Yo tengo 19 trabajos, todos publicados en vimeo, excepto Los Lost, porque primero está rodando en festivales. Es el único corto, lo demás lo considero videoarte.

Después de tocar tantas puertas para sus proyectos ¿Usted cómo percibe el apoyo de públicos y privados?

Me salió una residencia artística para irme a Italia. Tenía todo menos los pasajes, y estuve gestionando para conseguir recursos, pero aquí es muy difícil. Es muy triste que uno va a las oficinas de la Universidad de Caldas y le preguntan ´qué es una residencia artística´, y uno les explica, pero ellos no lo comprenden. Se perdió la residencia, pero vendrán otras oportunidades.

Apoyo existe, pero toca hacer todo un andamiaje detrás. Por ejemplo, yo pedí apoyo en Avianca, una empresa privada, y básicamente me dijeron que yo no era nadie.

¿Cómo ve la escena de la producción audiovisual en Manizales?

Apenas está empezando. Así lo veo yo porque pienso en procesos. Acá uno de los faros es Cinespiral y su Festival Internacional de Cine de Manizales (Ficma), y tampoco es que sea un faro que alumbre mucho. Si es una feria, debería ser más incluyente frente a los realizadores locales y regionales, y con propuestas como una convocatoria y que los que pasen con películas, cortometrajes o documentales tengan acceso a que, por ejemplo, Cinespiral funcione como distribuidora y otorguen créditos a los realizadores. Eso crearía un andamiaje para seguir produciendo. Hay muchos grupos que montan una productora, funciona uno o dos años y luego se convierte en otro nombre con otra gente y así se va dando. Porque también es muy difícil sostenerse de lo audiovisual.

A Manizales le falta mucho para ser referente de cine en lo nacional. Hay personas que están trabajando muy bien desde afuera y lo visibilizan acá, pero hacer los trabajos acá mismo y visibilizarlos es mucho más complejo. Los referentes son Bogotá y Cali, y falta mucho para llegar a ese nivel. Además, a la ciudad también hay que formarla en público para que asistan a todos los eventos y se cultive esa mirada, porque acá se asiste más que todo a cine comercial y si van a ver otra cosa quizá no les interesa mucho.

La Fábrica es otro de sus proyectos, un espacio dedicado a compartir conocimiento y la exposición de ideas artísticas, ubicado en el antiguo Terminal de Manizales, cerca de la U de Manizales, ¿qué ha pasado con ese lugar?

Me encantaría poder meterle más la ficha, pero hace falta presupuesto para eso. Me encantaría poner allá un cafesito y lo que yo siempre he querido es tener una galería e invitar a gente muy tesa de acá que exhiba y venda sus proyectos, pero hace falta recursos para eso, igual cada vez que se pueda me gusta hacer eventos allá. El espacio está abierto a quien lo necesite para eso es, está para trabajar.

¿Qué se viene para Manuel Vélez? Después de Ciudad y Lomas, ¿cuál es el rumbo que va a tomar?

Quiero hacer mi película, ese es el gran objetivo. Tengo 2 largometrajes, uno ya muy avanzado y lo estoy reescribiendo, se trata de una mezcla de drama y romance, es muy contemporáneo. En esto sí vengo trabajando hace unos 4 años más o menos. Tengo otro que es el que primero creo que voy a grabar y se trata de una historia de Manizales en 1930. Es la historia de un tipo que mató a su prometida, y en esa época había leyes muy laxas para eso y muchas atenuantes para devolverle la libertad. Un gran abogado de la época, Jorge Eliécer Gaitán, lo sacó de la cárcel.

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