01/21/2019
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Richard Millán y su labor de narrar el conflicto armado

Su trabajo como periodista inició a los 14 años puede describirse como una serie de momentos agridulces: visibilizar los rincones apartados del país, narrar el horror, pertenecer a grandes medios de comunicación para luego de varios años, enseñar que más sabe el diablo por viejo…


Texto por: Diana Castro Roa

Fotografías por: Andres Valencia y archivo de Richard Millan.

Un fenómeno natural dañó las cosechas del municipio de La Unión, Valle del Cauca en 1986. Luego de no encontrar apoyo en las autoridades locales, la madre de Richard le pidió llamar a una estación de radio de Cali como última instancia para solucionar el problema. Los locutores escucharon una voz aguda, entre infantil y juvenil que hablaba con propiedad sobre su municipio. Un personaje llamativo para hacer las veces de corresponsal. Actualmente Richard Millán es docente de la Universidad de Manizales en el pregrado de Comunicación social y Periodismo.

Una vez encendida la llama por informar, Richard continuó reportando acontecimientos de la periferia, cada vez a mayor escala.  “Yo vivía en La Unión pero estudiaba en La Victoria, así que también cubría lo qué pasaba allá. Tenía una moto en ese entonces y luego iba para Roldanillo, en fin, fui avanzando” Con los años se presentó la oportunidad de participar en un canal de televisión nacional cubriendo las zonas de Caldas, Quindío, Risaralda, Norte del Valle, Chocó y Sur de Antioquia. “ Yo tenía a Pereira como ciudad base pero si me llamaban a cubrir una noticia donde fuera yo iba, había tantas noticias que tenía un helicóptero a mi disposición, claro eso no servía para ir a todo lado, había lugares donde solo se entraba en chalupa o lancha o solamente si se iba acompañado (por alguien de la comunidad)”

El país que se narra desde los noticieros nacionales no ha cambiado mucho desde entonces, en la medida que gran parte de las noticias mostradas corresponden a ciudades capitales. Richard por su parte se encargaba de lugares apartados, incluso a veces ignorados dentro de la misma región a la que pertenecen.

Unos estudiantes habían amarrado al Alcalde de Pie de pato (Chocó) a un poste de la Alcaldía porque se había robado una plata para el colegio. Nosotros teníamos que cubrir la noticia pero allá ni ganado ni caballos había porque no había como entrarlos, finalmente llegamos en una lancha y quien nos guiaba nos dijo ‘esperen’. Sonaron dos tiros, luego una ráfaga, más tarde él se nos acerca y nos dice ‘está despejado’, resultó pertenecer a un grupo armado ¿quién más nos iba a entrar por allá si no es la misma gente?”

Para ese entonces Richard llevaba más de diez años de trabajo, en los cuales reportaba los mismos hechos de terror que cambiaban únicamente en el número de víctimas y el lugar de los hechos. Ya se habían repetido hasta el cansancio palabras como ‘explotó’ ‘ataque’ ‘militares’ y ‘NN’.

“Me fui metiendo dentro del conflicto porque fue inevitable como el mismo río que lo va llevando a uno a cubrir cosas que uno no quisiera cubrir, el país se fue llenando de esas noticias”. La repetición de una acción puede derrotar el asombro, incluso sobre acontecimientos aturdidores como los que aparecen en los titulares de prensa durante cada almuerzo o cena familiar. No obstante, si de algo se jactan los lugares más golpeados del país es por la unión bizarra entre la belleza y el horror, ambas, caras opuestas de una misma moneda. ¿cuál se debe informar por encima de la otra? ¿cuál estamos acostumbrados a consumir?

Era inevitable mostrar la noticia trágica, yo intentaba mostrar el lado bueno de ese pueblo pero era muy difícil, era como decir ‘acaban de matar a 20 personas pero tranquilos que este lugar es hermoso y es un paraíso natural’… entonces el relato cambia para ver el lado humano de la tragedia, buscábamos decirle a la gente que detrás de lo que estaba pasando, había otra sociedad que tal vez tenía la esperanza de vivir en paz, de construir sociedad”.

Para este punto de la historia ya le había pasado de todo a los demás, Richard estaba frente a las víctimas, pero no era una de ellas. No fue sino hasta sentir las amenazas y violencia directa hacia él y sus hijos que hizo otro alto en su carrera. La situación a nivel nacional parecía dejar atrás los años más sangrientos. Las propuestas laborales también parecían alejarlo de la sevicia, no sin antes recordarle que el terror no se va de un momento a otro.

Los tiroteos, el ruido del motor del helicóptero en marcha o el ajetreo de las noticias sembraron dudas en Millan, quien hasta no encontrarse en un momento más calmado de su vida, no pudo recordarlos de manera crítica y superviviente, “Yo vine a reaccionar de muchas cosas que habían ocurrido mucho tiempo después, puede que esto que me dices del idiota útil pudo ser cierto, pero en ese momento mi deber era informar como pudiera, con lo que tenía a la mano  y dejar que las personas decidieran qué creían y qué no”.

La historia de vida de Richard lo llevó a cuestionar su labor como periodista y realizador de contenidos para televisión, esta vez por medio de la Docencia en la Universidad de Manizales, sus clases se enfocan a cultivar la necesidad por estar informado  y el sentido crítico  “Aunque poco me sirve un pensamiento crítico que decide ignorar todas las fuentes que la rodean, poco me sirve una mente crítica si solo quiere escuchar una versión de la historia, es lo que más le recalco a mis estudiantes”.

En cuanto a las investigaciones académicas más recientes, el profesor Millan estudia la incidencia que tiene la pauta estatal en los contenidos periodísticos, como una de las amenazas a la libertad de expresión, y autocensura debido a la dependencia económica de los medios de comunicación.

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