05/20/2019
HomeVisionarioÜelkom: transformando realidades a través de la comunicación

Üelkom: transformando realidades a través de la comunicación

Texto por: Erika Pinilla Montes.

Fotografías: Cortesía Üelkom.

Esta organización busca involucrar a las comunidades en la solución de sus propias problemáticas a partir de proyectos soportados en el lenguaje audiovisual.

En los confines de África hay un pueblo dedicado a la minería en el que sus barrios más vulnerables evidencian aún estragos del Apartheid, un sistema de segregación racial que tenía como propósito conservar el poder para la minoría blanca durante el siglo pasado. Este pueblo es Welkom, ubicado en Sudáfrica. Eduardo Mejía Ocampo, egresado de Comunicación Social y Periodismo de la Universidad de Manizales, tuvo la oportunidad de conocer este territorio y luego su forma de ver la vida y sus proyectos personales mutaron hasta lo que son hoy en día.

Corría el 2010 cuando Eduardo viajó a las fueras de Welkom con el fin de realizar un trabajo etnográfico de cooperación internacional. Parte de sus labores consistían en hacer un proyecto de bio-huertas para que las comunidades vulnerables del township Tabing (lo que conocemos como comunas o favelas) pudieran producir alimentos frente a la escasez de comida. Después de esta experiencia de múltiples aprendizajes, Eduardo volvió a Colombia y decidió crear Üelkom, un proyecto de innovación social con el que busca un empoderamiento y diseño participativo de distintas comunidades. “Para aportar a transformar realidades no hay que irse hasta el otro lado del mundo”, pensó para sí mismo antes de buscar el “Welkom” de su ciudad, este fue la Comuna San José. Comenzó a acercarse a este territorio para identificar líderes con los cuales aliarse para generar transformaciones desde pequeñas acciones.

En este acercamiento etnográfico conoció a Víctor Caicedo, un joven ex pandillero que se despidió de las armas para dedicar su vida a las herramientas pedagógicas, artísticas y culturales para los niños y niñas de 23 barrios que tiene la comuna. Eduardo comenzó a trabajar con él desde el 2011 y, según este Comunicador Social, Víctor se ha convertido hoy en un líder positivo para alrededor de  25.000 habitantes de San José, aportando a visibilizar esta comuna que normalmente pasa inadvertida en la ciudad.

Juntos realizaron procesos etnográficos  independientes al interior de San José, en los que descubrieron otros líderes positivos como Rogelio Santa Quintero, “un rapero que a través de sus letras, cuenta realidades y clama por una comuna mejor”, cuenta Eduardo. Hoy Víctor es director de la Escuela contra la Pobreza,  fundación hermana de Üelkom.

Üelkom es una productora de proyectos sociales piloto que basa sus procesos en modelos etnográficos y procesos de comunicación para el desarrollo que ha tenido apoyo y reconocimiento por la Unidad de Emprendimiento de la Universidad de Manizales.

En sus procesos lo primero es identificar un grupo desatendido o vulnerable, se realiza un proceso de diagnóstico, desarrollo y  ejecución de proyectos de cambio social. Después, la comunidad plantea ideas para solucionar sus problemáticas, así es como se transforman en artífices y protagonistas de su propio cambio. Así, la comunidad se beneficia del sentido de pertenencia que germina en las personas involucradas en el proceso, puesto que la transformación puede seguir en construcción incluso cuando el equipo de Üelkom cumple su parte del proceso y se retira para continuar con otros proyectos. “Nuestra base es la sinergia entre las artes, la cultura y las nuevas tecnologías para generar nuevas ideas de desarrollo, siempre teniendo en cuenta el valor de la capacidad de asombro de un niño, para afinar la vista y encontrar historias donde nadie las ve”, enfatiza Eduardo.

Cuando este comunicador viajó a Welkom, el paisaje era desértico, no sólo por su geografía sino porque no había casas ni edificios, únicamente se veían contenedores reciclados con pedazos de lata oxidada. Dentro de este cuadro árido un niño de cinco años exprimía un panal de abejas africanas sobre un recipiente de vidrio despicado. El niño tenía las manos hinchadas por las múltiples picaduras y aún así cortó un pedazo de cartón que después mojó en agua estancada y, como si terminara de ponerle aderezo a un sánduche, procedió a comerse su receta.

El infante en su inocente amabilidad le ofreció de su manjar a Eduardo, quien es alérgico a la picadura de las abejas y reaccionó asustado alejando el “plato” con una rama seca. Esto causó que el pequeño saliera llorando hacia uno de los contenedores. Eduardo lo siguió para intentar explicarle su reacción a la madre del niño, pero ella no hablaba inglés y él no hablaba zúlu. Mientras pensaba cómo contarle a través de señas se percató de que la mujer estaba comiendo lo mismo que su hijo. “¡Mi cabeza volvió a hacer click! Esos eran sus hábitos alimenticios: miel para ganar energía, agua sucia para hidratarse y el cartón lo usaban para sentir algún tipo de sólido en el estómago que los hiciera sentir llenos”, explica Eduardo.

En este terreno la tierra era infértil y sembrar era imposible, así que con la ONG Social Investments for Life, la agencia de UNicef, y voluntarios de varios países, realizaron un proyecto de recuperación nutricional con todo el pueblo. Allí realizaron el proyecto de huertas urbanas hidropónicas utilizando madera molida fortificada, una especie de aserrín nutritivo para que las semillas germinen como reemplazo de tierra. Cinco meses después la misma comunidad había contruibuido a cambiar su alimentación y debido a esto realizaron un bazar con los alimentos cosechados. Al bazar llevaron globos de helio que se robaron la atención de las niñas y los niños.

Recuerdo que antes de irme de Welkom, fuimos a despedirnos a la escuela y les pedí como último ejercicio que dibujaran la felicidad como se la imaginaran. Fue un ejercicio rápido porque tenía que correr al aeropuerto para que no me dejára el vuelo, así que recibí las hojas con los dibujos pero no alcancé a verlas sino hasta que iba volando en el avión. Todos habían dibujado globos de helio, eso tan simple era la felicidad. De ese dibujo y con amigos publicistas, hicimos una abstracción de la obra del niño y hoy es el logo de Üelkom”.

Mientras se realiza todo el trabajo de acercamiento y diagnóstico, se documenta la realidad de la comunidad con el fin de buscar entidades de cooperación internacional que los apoyen. De esta forma Üelkom presenta ante instituciones y ONG’s documentales y pruebas que evidencien las necesidades de determinada población. Así es como han conseguido realizar una escuela en la isla Pedro González del Archipiélago de las Perlas (Panamá), llevar 422 gafas a las mujeres tejedoras de sombreros aguadeños en Aguadas, (Caldas) en un proyecto en conjunto con Palmato, entre otras acciones que han transformado la vida de cientos de personas.

“El día que ya no exista físicamente, quisiera haber aportado lo suficiente con acciones que dejaron una huella positiva en la realización de los sueños de otras personas. No me siento manizaleño, no me siento colombiano, me siento un humano del mundo. Son tan hermanos los sudamericanos como los asiáticos y los africanos”, proclama Eduardo.

Este emprendedor cuenta que hoy las fases de creación y diseño están completas en Üelkom, pues son las que se han trabajado por ocho años, y la proyección a futuro es realizar un trabajo comercial a cada uno de los proyectos, crear organigramas y gestionar recursos para hacer posible cada programa. Actualmente hay 11 proyectos en Üelkom que requieren de asesoría, financiamiento y acompañamiento con el fin de generar impacto al interior de comunidades vulnerables.

Algunos de los proyectos propios de la ONG Üelkom son Madame Colette, un proyecto de costura con mujeres víctimas del conflicto armado, Ciego, programa que enseña fotografía a personas con discapacidad visual, IndiGEN dedicado a rescatar los sonidos de las raíces étnicas latinoamericanas a través de performances y fusiones musicales electrónicas, y Click on Bike, propuesta que impulsa a las personas a mostrar sus ciudades o pueblos a partir de vídeos pedaleando sus bicicletas.

Esta organización trabaja con voluntarios que aportan con sus habilidades a cumplir sueños y cambiar la realidad de las personas. Además, recibe donaciones y tiene alianzas con ONGs como Greenpeace y Hábitat sin fronteras.

COMPARTIR EN:
Hilando cultura con
Richard Millán y su
Calificar:
SIN COMENTARIOS

COMENTAR

*