Texto y fotos por: Carlos Solis

Como cada 21 de junio al año, en diferentes partes del mundo se celebró el solsticio de verano, en otras culturas conocido como -Inti Raymi- o la fiesta del sol. A lo largo de la diversa cordillera de los Andes, esta festividad se celebra hace ya varios siglos, los lugares que comprende al estar unidos no solo por sus innumerables paisajes, también están unidos en una cosmovisión milenaria que se transmite de generación en generación gracias a la palabra hablada; las personas que se reúnen realizan un ritual de comprensión a la Pachamama que se expresa en un sentimiento de colectividad, gratitud y respeto, compartiendo entre todos, bailando en una minga cultural, en la cual cada miembro familiar o cada curioso asistente se acerca para contribuir sin hacer ninguna distinción.

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La Revista ALTERNATIVA tuvo la fortuna de unirse a tan exuberante celebración en el sur del departamento de Nariño, y en la provincia de Imbabura, Ecuador, allí encontramos a la comunidad indígena de los Pastos y Otavalos, y junto a ellos vivimos la experiencia del Inty Raymi, ambas comunidades representaban la celebración con formas tradicionales distintas, pero al mismo tiempo, muy semejantes en esencia.

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El territorio del Gran Tescual, en Puerres, fue el resguardo al que este año le correspondió ser el principal escenario y anfitrión, recibiendo delegaciones de cada comunidad cercana, tanto del Putumayo como a la región Pacífica; la fiesta empezó con un hermoso desfile acompañado de comparsas, danzas y pequeñas carrozas, como lo son en este día los típicos castillos frutales, muy importantes a la hora de ofrendar a la Pachamama, los frutos que día a día ella nos obsequia, el castillo más grande lo llevaban a hombros entre 6 cabildantes, adornados con Chilacuan, Quinua, Chicha, Mote, Olloco, Papa, Calabaza, Zanahoria, Maíz y hasta Cuy…

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Al llegar a una zona donde toda la comunidad pudo unirse alrededor de un gran “churo” (espiral, hecha de plantas medicinales), empezaron un baile que consiste en un “zapateo” en el cual se transmite fuerza y energía golpeando la tierra, para así ofrecerle una caricia que retribuya tantos alimentos que nos brinda como bienes recibidos en todo el año; los asistentes locales o visitantes, además de bailar, comparten platos típicos como el cerdo hornado, la sopa de Locro y muchos otros manjares. Entre otras cosas los presentes y junto a médicos tradicionales buscan limpiar el cuerpo para poder renovar energías con baños de humo, caricias de ortiga y fuertes soplidos de pociones hechas de raíces medicinales.

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Bailando todos con la Wiphala ondeante, la gente de Puerres se deja llevar hasta el atardecer. Entre tanto, y no muy lejos de allí, en la ciudad de Otavalo, también se está presentando una escena similar, la ciudad ecuatoriana está a tan solo dos horas y media de la frontera de Rumichaca, y para llegar hasta allí el costo máximo es de tres dólares; el Inti Raymi en esa locación tiene mucha más población extranjera ya que es una de las tradiciones que ha logrado alcanzar un eco más fuerte en todo el país.

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A 3,3 km de Otavalo en la comunidad de Peguche, además de una imponente cascada de 30 metros de altura y 6 metros de ancho que recibe el mismo nombre, se halla un lugar tan acogedor en el que vale la pena pasar la noche bajo las estrellas, además también se presta para visitar lugares como la laguna de Mojanda, y los antiguos lugares sagrados que hoy son patrimonio de la humanidad, gracias a la comunidad Faccha Llacta, la cual se encarga de su protección y mantenimiento. El acceso es gratuito, a excepción de los cincuenta centavos que cuesta el bus urbano para llegar hasta ahí.

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En la plaza del pueblo se realiza el baile que da inicio al Inti Raymi, y allí una vez más los castillos frutales toman el protagonismo, pues quien recibe el castillo frente a la comunidad, volverá el siguiente año con dos castillos de vuelta. Tras bailar y cantar, al caer la noche, alrededor de las diez, la gente empieza a desplazarse a la cascada de Peguche, tocando instrumentos como los charangos, quenas, melódicas y guitarras; cantando al son del zapateo para poder llegar con melodía y felicidad en el camino hacia el agua, antes de entrar en la cascada es necesario un baño de ortiga negra sobre el cuerpo, y no es que “si no duele no sirve” sino para beneficiarnos de la experiencia para aprender a ser más perceptivos y sensibles con todo nuestro ser y nuestro entorno.

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El baño ritual capta las energías que fluyen en el río y recarga de nuevas fuerzas al bañista, le ayuda a eliminar energías negativas que se van acumulando durante el año y así poder dar inicio a su nuevo año solar. Más de siete mil personas asisten al evento y realmente es una fiesta para vivir desde el interior de su comunidad acogedora y gentil.

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Esta festividad se realiza alrededor del mundo y varía a través de diferentes etnias culturales, pero su enfoque siempre es el mismo; en Manizales ya hace un par de años el cabildo universitario de los Pastos de la Universidad de Caldas viene celebrándola cada agosto, permitiendo participar y re-conocer en este evento una experiencia muy emotiva, que irrumpa en el imaginario colectivo, además de generar sensibilidad y consciencia, por lo que en ella se conmemora.

Es una fecha especial, y sin duda un espacio de convivencia y armonía, una celebración dedicada a la tierra, a la que todos en algún momento le haremos tributo, sea en vida o sea después de ella.

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