Texto por: Manuela Zapata @werelden

Fotografías por: Lex Artis y Manuela Zapata

En medio de máscaras, sustos y mucho maquillaje, el 31 de octubre en Medellín se puso la camiseta del AltavozFest, y la usó con orgullo durante todo ese fin de semana hasta la última nota que tocó Gogol Bordello, artista que cerró el festival.

Se abren las puertas: Primera jornada.

Entre cambios y mejorías, se destaca su nueva ubicación (Aeroparque Juan Pablo II), la buena gestión por parte de la organización, quienes facilitaron parqueadero para bicicletas y aplicativo móvil con horarios e información de las bandas.

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Y como si fuese amor a primera vista, desde la entrada se divisa un ambiente encantador, montañas con edificios intercalados en ellas, nubes bailando entre cañones y aviones que despegan a tan solo unos metros del festival.

Esta versión del Altavoz parecía para algunos el patito feo de los demás festivales nacionales, sin embargo, para quienes tienen sentido de pertenencia por él, apreciaron durante tres días la diversidad entre clásicos y nuevos sonidos en la escena nacional e internacional, un nuevo aire que necesitaban los oídos colombianos.

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A pesar de la típica lluvia en el día de Halloween, junto a la Tarima Fest, el mosh, el compañerismo basado en una sola pasión y los acordes fuertes, levantaron la escena core del país, en compañía de un público que no paraba de saltar. Todos estaban en el mismo lugar aquella tarde, incluso los que esperaban la cita con el buen punk de los grandes españoles El Último Ke Cierre, y los que aguardaban para ver al grupo de death metal holandés Asphyx.

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Al otro lado, en la Tarima Norte, Colombian Blues Society generaba una invasión de azul y sensuales melancolías al publico que sentía derretirse. La voz del argentino Miguel Botafogo cerró con éxito esta primera jornada repleta de diversidad en el AltavozFest.

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Aunque hubo inconvenientes técnicos y poca asistencia a comparación de otros años, el primer día se despidió con pasión, con las cabelleras en movimiento, las crestas de colores extasiadas y el ánimo al tope.

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La lluvia de rimas: Segunda jornada.

Con una escenografía impecable y junto al revoloteo de luces, el segundo día del AltavozFest abre con una carga de techno-house producida por DJ Magio con su proyecto Raven, presentación que lamentablemente fue apreciada por un público pequeño.

Luego de la energía en tarima que descargó Federico Goes, aterriza el grupo ecuatoriano Da Cuklin Clan con una propuesta curiosa, donde su sonido es influenciado en un casi 50% por fragmentos de diálogos en películas, lo que impactó a muchos, disgustó a otros y para algunos fue un aperitivo.

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Durante el transcurso del día, el público creció y se mezcló entre gorras, camisetas anchas, tenis grandes, rastas de todos los tamaños y mucho rojo amarillo y verde. Los ganadores del AltavozLab, convocaron a los asistentes con expresiones faciales, canciones peculiares y una limpieza en su sonido.

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Entretanto, la cuota enorme y grandiosa de Hip-Hop y Rap en Medellín tomó fuerza y sacudió entre rima y rima a sus fanáticos, que movieron las cabezas sin importar cuánto lloviera. Merchan MCH, Shapu Henzo, MC K-NO y Coffeeling Prolé, representaron la familia del Rap en la ciudad, no solo con sus canciones que más de uno de los asistentes se sabía de principio a fin, pues cada agrupación demostró con estilo propio la calidad y crecimiento musical.

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Las venas se brotan, los sonidos vibran y la fusión y fácil desenvolvimiento en el escenario, crean una obra teatral junto con la lluvia de palabras que riman.

Ese mismo público permaneció y creció en gran medida para el show esperado de los españoles SFDK, quienes hicieron brincar a las piedras, al lodo y simultáneamente a sus fanáticos. Mientras recibían un porro por parte de algún admirador, incluyeron en su improvisación rimas dedicadas a Medellín, lo que generó un sorpresivo ánimo, incluso los que estaban en la parte de atrás se levantaron de un brinco. Fue una presentación alucinante, donde hubo más saltos que aplausos.

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Como si fuera poco, la decisión para escoger tarima se complicaba más, pues del otro lado se propagaron las voces y ecos de Inwaves, cargados de mucho negro, oscuridad, rock, y efectos seductores. A su vez, los dos grupos siguientes demostraron que la Tarima Norte podía elevarse más, la puesta en escena que expuso Van Fan Culo desde Ecuador y La MiniTK del Miedo de Bogotá, deslumbraron al público. Cabezas de muñecas, rostros cubiertos, vestuarios exóticos, bailes desenfrenados, voces del más allá, sonidos de ultratumba y mezclas atrevidas, fueron la potencia de estos grupos musicales.

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Durante la locura electrónica, a pocos metros en la Tarima Fest, Ghetto Warriors y La Tifa explotaban hasta el fondo la melodía reggae que cautivó de inmediato al público enérgico. Minutos después de las ocho de la noche, con la lluvia cobijando al festival, el legendario grupo británico Steel Pulse saltó a tarima con sus instrumentos, y en segundos hechizó a Medellín. A los pasos del roots reggae bailaba la ciudad, bailaba el AltavozFest.

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Nuevas Alternativas: Tercera Jornada.

La última jornada del Festival empezó con Sonicals, una alternativa y fresca propuesta de indie rock y electrónica; seguidos por Braille, ambas agrupaciones de Medellín. Los asistentes habían madrugado a disfrutar de un poco de rock al compás del grupo La Fidel, y a deleitarse de la maravillosa fusión de Pedrina Y Rio, que enamoró a todos.

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Mientras Edna endulzaba el oído, los grupos locales de rock La Séptima y Mar Adentro, abrieron escenario norte y con su melodías sugestivas, dieron la entrada a la expresión teatral, inquietante y emotiva de IV tiempos.

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Dentro de la atmósfera de pasión musical, hubo espacio para la declaración de amor. Aprovechando la puesta en escena con maquillaje extravagante y líricas de fuerte crítica, el vocalista del grupo Perros de Reserva pidió matrimonio, y arrodillado ante ella recibió el sí. Luego, No Señal y Calibre 38 rompieron la tarima al estilo hard-core.

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La cuota internacional estuvo presente con la banda francesa Catfish, la composición de los instrumentos del Folk Rock le dieron paso al Jazz, presente en ambos escenarios. Por un lado MULA añadió punk, hard-core y champeta, mientas el grupo vestido de blanco y encorbatado, Memoria Insuficiente, mezcló un poco de Ska y la fanaticada respondió con bailes y patadas al aire.

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La combinación de Rap, Funk, Jazz, rimas de amor y desamor, se sentía al otro lado, Bogotá se hizo presente con LosPetitFellas, quienes inmediatamente contagiaron su entusiasmo. Después del sabor que trajo Tucuprá con su diversidad de géneros musicales provenientes de la región del Caribe, Gogol Bordello domina el Escenario Fest y deleita durante una hora y media, al ritmo del Punk Gitano. Durante ese tiempo el cuerpo se olvidó que estaba cansado, la cabeza se sincronizó con la música y el pogo fue creciendo a medida que se multiplicaba el ánimo.

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Después de que la agrupación se despidió con reverencias y agradecimientos, el reloj marcó 0:00 y llegó a su límite, momento en que el vocalista, Eugene Hütz, tomó el micrófono y con su guitarra interpretó Alcohol, la canción que cerraría uno de los festivales nacionales más importantes: El AltavozFest.

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