Una de las nuevas y modernas maravillas del mundo se encuentra a tan solo 20 minutos de Rumichaca, puente que traza la frontera entre Colombia y Ecuador. Se trata del reconocido cementerio de Tulcán, el cual lleva también el nombre de su ingenioso creador: José Azael María.


Texto por: Juan David Hernandez Narvaez
Fotografías por: Lania Lex

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Este cementerio cuenta con una hermosa arquitectura denominada Escultura Verde gracias a su tipo de construcción, la cual consiste en la talla de cuerpos en Ciprés (gigantes árboles similares a los pinos) que hace alusión a la mitología de la cultura griega, egipcia, inca, árabe, e inclusive tiene una gran representación de la Isla Galápagos, entre muchas otras formas.

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La escultura se divide en dos jardines, el primero es llamado Altar de Dios, y el segundo Jardín de los Recuerdos. Lo que divide a un jardín del otro son enormes arcos tallados igualmente en ciprés, en donde se encuentran diversos adagios sobre la muerte que la hacen ver entre una de las cosas más bellas como consecuencia de la vida y que invitan a su reflexión. Otra de las características con las que cuenta esta propuesta es la mezcla entre diferentes representaciones religiosas. Por ejemplo, no es raro que encontremos una máscara como alusión a la mitología inca, y a su lado una escultura (aunque ésta última en yeso) como alegoría a la religión católica.

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Del responsable de esta obra es poco menos lo que podemos decir en comparación con la obra misma. Don José María Azael nació para el año de 1899 en El Ángel, provincia de Carchí Ecuador. Es en ésta misma provincia donde Don José María descubre y promueve este tipo de figuras talladas en ciprés, creando así una arquitectura casi que autosostenible y de mucha economía financiera. Gracias al conocimiento de cultivo de plantas y su jardinería, que logró con ayuda de su amigo Don José Félix Galárraga (ingeniero agrónomo), consigue por él mismo, cultivar y tallar los ciprés con sus propias manos y con la única ayuda de una podadora, para dar forma a toda una historia contada de diversos pueblos por medio de figuras salientes de la naturaleza misma.

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Como consecuencia de la continua preocupación del escultor por su obra, don José María es nombrado en 1936 como jefe de parques de Tulcán. Esta magnífica creación es considera Patrimonio cultural del Estado de Ecuador, además fue declarada por China y Rusia como Museo de Arte Mundial, y la gran cantidad de turistas que visitan a diario este monumento de estilo arquitectónico autosostenible, dieron lugar para que fuera considerado como la Octava Maravilla del mundo.

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Cada lápida es una historia, sin duda el cementerio está lleno de historias. Uno de los epitafios que más llama la atención reza de la siguiente manera: “Aquí yace un hombre que vivió como pensó”. Generalmente los pensadores y teóricos más importantes de la historia viven de manera diferente a lo que profesan, pero este hombre para sus familiares y conocidos sí era acorde a su pensamiento en su vida. En otra lápida se encuentra inscrito lo siguiente: “Por su bello camposanto en Tulcán dan ganas de morirse, un cementerio único en el mundo que invita a la muerte”. Esta frase fue escrita en la lápida del autor de la Escultura Verde por el periodista Henry C. Toscano, enviado especial de El Diario de Colombia, demostrando que pocas palabras son suficientes para expresar el sentimiento que se adquiere al visitar el cementerio, que más que una morada para los muertos es también un sitio de gran maravilla para los vivos.

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