La piratería de películas siempre ha existido. La visualización ilegal de cine se multiplica aunque se prohiba, es el sustento diario de muchos en la Cra 23 en Manizales.

Cuando el aviso del FBI en una película pirata no se entiende como una advertencia sino como un comercial antes de que empiece el filme, se infiere que se está hablando de una realidad distinta, a veces incoherente y salvaje. La piratería de películas ha existido desde hace muchos años, pero con la facilidad de ver estas cintas online o descargarlas de internet, la visualización ilegal de cine se ha multiplicado a pesar de las leyes que prohíben estas actividades.

Fotos por: Andrés C. Valencia

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Para las empresas privadas, el negocio ilícito de filmes resulta ser una pérdida; para los vendedores, una necesidad; para las autoridades, un delito; y para los cineclubes y amantes del cine, una oportunidad para acceder a ciertos productos culturales que no podrían conocer y disfrutar de otra manera. Muchos de los espacios que se crean en Manizales para ver cine se dan gracias a la comodidad de encontrar películas extranjeras, documentales, producciones de culto tanto nacional como internacional en el ciberespacio.

Y es que en un país tercermundista como Colombia es necesario encontrar la vía para ingresar en el entorno cultural que gira alrededor del mundo cinematográfico, es ahí donde aparece lo prohibido. Más allá de verlo desde el lado moral, de si es “bueno” o “malo” descargar estos contenidos, o comprar películas en la calle, es primordial entender el trasfondo de esta situación. La piratería se da básicamente por tres factores, según la investigación de Joe Karaganis: altos precios de los bienes culturales, bajos ingresos de la población, y bajos precios de las tecnologías de copia digital.

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Cuando se fijan precios para estas películas a nivel global, se piensa ante todo en los países de ingresos altos, pues allí se concentran la mayoría de las audiencias que constituyen las ganancias de la industria del entretenimiento. Al no pensar en los países en desarrollo se promueven entonces los mercados reducidos de carácter indebido, y el consumo de estos productos de forma ilegal, pues las personas no tienen cómo acceder a ellos cuando cuestan una suma de dinero que representa lujos y sacrificios del salario mensual.

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No es normal hablar del “lado bueno” de la piratería, pero ciertamente llega a tenerlo. Al caminar por la carrera 23, encontramos unos tres vendedores de películas por cuadra, lo que refleja el empleo que genera este negocio, y lo demandado que llega a ser.

Comerciantes como ‘Danilo’, con más de 15 años de experiencia en el mercado de los DVD’s piratas, concuerda en que cada vez es más difícil vender las cintas por el fenómeno de la internet, la comodidad de Netflix, y las promociones que ofrecen ahora las empresas de servicios de televisión.

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“Ya no es rentable, porque antes se vendía más y hasta a mejor precio. Ahora uno se consigue el diario, lo de la comidita y de ahí ya no pasa uno”, resopla con desaliento Julio*, que ha dedicado 12 años de su vida a recorrerse la ciudad con las creaciones cinematográficas que entretienen a los manizaleños. Los filmes que venden son de cine comercial, principalmente de terror y comedia, algunas son las mismas que se presentan en cartelera en las salas de cine, pero a un precio mucho más accesible, como lo es el famoso tres películas por cinco mil.

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A veces la situación es tan dura para los comerciantes de películas pirata, que venden sólo diez filmes al día, y su ganancia total es de diez mil pesos, suma con la que tienen que comer, transportarse, pagar gastos, y hasta costearse el estudio, como le sucede a Fabio*, vendedor de películas hace 7 meses. “No es algo fijo. Yo estoy estudiando, estoy validando el bachillerato en un colegio y ahora tengo que sacar de acá para el transporte, comida, mensualidad del colegio; y a veces no se consigue lo que se necesita”. Fabio tiene problemas de salud, por lo que estar largas jornadas de pie lo hacen tener mareos y sufrir desmayos. Pero para él, a pesar de que no se gane casi nada y que algunas personas se aprovechen de él devolviéndole las películas que le compraron, le ‘mete la ficha’ al negocio de las cintas piratas porque es un trabajo donde la gente no lo trata mal, ni lo menosprecia.

Sin embargo, el cine alternativo de los cineclubes y talleres no se encuentra en estas calles, sino en los callejones virtuales del internet, ya que se acostumbra a mostrar un cine más artístico, de culto o de distintas épocas, que en ocasiones se torna más difícil de encontrar, pues no es comercial ni es necesariamente hollywoodense.

*Esta fuente no reveló su nombre, por lo que se le atribuyó uno al azar.