Manizales se ha visto en la orfandad de la palabra, y muchas veces la falta de eventos que promuevan el talento y tradiciones que se han visto plasmadas en cientos de libros de escritores caldenses, escasean en la ciudad. Sin embargo, no falta el “padre” o “madre” que asuma su labor y de vida a la palabra en la fábrica de atardeceres. Es así, como la Sala de Teatro el Escondite recibe la posta de la literatura y toma el papel de revivir los Festivales dedicados a la palabra, darle tributo a aquellos eventos que la prescindieron y ver desde una perspectiva distinta a la que es muchas veces considerada la cenicienta de las artes.


Texto por: Diana B. Franco
Ilustración: Jhon James Marin
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“Desde la década de los 70’s hasta finalizar el año 2002, Manizales ha visto un ir y venir de Festivales y eventos literarios, todos difundidos con gran esfuerzo, donde el apoyo de los entes gubernamentales muchas veces pasa desapercibido, pero que de igual forma son sacados adelante hasta donde lo permitan las circunstancias”, expresa el Director y Profesor de literatura Uriel Giraldo Álvarez.

Estampas Americanas Festival Literatura, fue un evento dirigido por el poeta Dorian Uribe González en los 70’s hasta los 80’s, asistieron figuras formidables como Juan Manuel Roca y Luis Vidales. En los 90`s se consolida La Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía, donde se han realizado talleres de literatura, poesía, ensayos, y han llegado representantes de este arte que asistían a otros festivales en la ciudades de Medellín y Bogotá.

La Casa de Poesía, surge como un líder dinamizador de la literatura y dedica toda una semana con una programación que contiene conferencias, talleres y lecturas. A su vez el Centro de Escritores de Manizales abre sus puertas y realiza los Juegos Florales, donde difunden concursos de literatura, poesía y cuentos, manteniendo la literatura activa

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Pero al igual que muchos temas y situaciones de la vida, la era de festivales, concursos y veladas dedicadas a la literatura terminan, y Manizales vuelve a ser el “niño huérfano” sin un padre quien le enseñe a apreciar la palabra.

“Las cosas si bien tienen un ciclo, generan fatiga, la gente se cansa cada año de buscar un apoyo con los administrativos del gobierno y empresas privadas, y muchas veces ese apoyo no sale a tiempo o no es suficiente”, menciona Giraldo Álvarez y agrega que los Juegos Florales dejaron de realizar los concursos de literatura. Por la misma fecha dejó de hacerse el Festival Internacional de Poesía, y la Casa de Poesía Fernando Mejía Mejía se despide de Manizales.

El poema y canción, fondo sonoro del festival Nos Queda la Palabra

A pesar del desamparo al que se enfrenta la ciudad, paralelo al abandono literario, se da inicio a la construcción de la Sala de Teatro El Escondite, y asumiendo su papel como escritor, Uriel Giraldo, da vida al I Festival de Literatura Nos Queda la Palabra.

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En el año 2013, ya con sede fundada y presentando toda clase de expresiones artísticas y actividades como teatro, danza (cine más adelante), El Escondite se lanza con la idea del festival presentando el proyecto ante el Ministerio de Cultura para realizarse un año después en el 2014.

Con la posta de la literatura en las manos, “Nos Queda la Palabra” pone en la mesa un aspecto que muchas veces pasa desapercibido en la literatura: la tradición. “No buscamos el bestseller o el escritor del momento, si alguna vez lo hemos tenido en nuestra sala ha sido coincidencia”, rememora el Director del teatro, quien está interesado en difundir las letras.

El encuentro literario toma su nombre de un poema de Blas De Otero musicalizado por Paco Ibáñez titulado: Me Queda La Palabra, y siguiendo la idea que transmite la canción, Nos Queda la Palabra busca revindicar el uso de la expresión, de las oraciones, del conjunto de letras que muchas veces se usa a la ligera.

Darle estatus de nuevo a la palabra es el primer deber de la literatura y el festival busca honrar precisamente eso, recordando un periodo donde nuestros abuelos no necesitaban ninguna firma del notario, sino que honraban sus palabras y promesas, eso era lo que más valía.

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