“El Arte es una trampa donde caemos los heridos del alma”,

– Memo Vélez.

En un bello paraje de la Región Cafetera, vía Filandia, la de acá del Quindío,  se encuentra mimetizado entre la fauna y la flora, un particular ser amigo de los duendes, de los ángeles de la guarda de los borrachos y de las sin vergüenzas; uno de los pocos pintores patafisícos de estos tiempos de malandros y culi prontos. Oculto de las miradas cultas, tras las lindas matas de la Chibchombianita, en compañía del Loco, Corozo y Flora,  sus amados niños  caninos, crea, pinta, idea, diseña, sueña. Memo Vélez, el hijo de doña Yolanda, el niño que se volvió pintor después de conocer a Poe, al que no le pudieron curar ese mal.


Texto por: Diana Buriticá

Fotografías por: Lania Lex y Andrés C. Valencia

El universo de Memo Vélez es particular, en él se encuentran su casa, el vivero Lindas Matas de Paola, su compañera y Ceculpa, el centro cultural patafísico que fundó hace varios años; allí está expuesta gran parte de su obra. Realiza veladas artísticas, exposiciones, divulga esa ciencia creada por Jarry, que es la patafisica, la ciencia de las soluciones imaginarias;  también está su pintadero, como le llama a su taller, donde expresa su rabia, la de un artista que grita al mundo a través de su obra desnuda, convulsionada, descarnada, ojos más que rostros, más que cuerpos. Rostros desnudos de piel; grito contra la injusticia, contra la violencia. Porque Memo, tras su rostro querendón, a veces de loco, un poco desencajado del mundo absurdo, posee una gran conciencia social y política, una seriedad que turba, un pesimismo que a veces angustia, pero que es necesario para reaccionar.

A la galería de Memo Vélez hay que ir sin afán para disfrutar de los miles de cuerpecillos desnudos de los bañistas de sus cuadros, de sus plácidas poses,  ese sabroso salón del Piel Roja, las miradas morbosas y lascivas de esos viejecitos de sombrero de mentes retorcidas, una obra que nunca reposa, que a veces convulsiona y explota y que tras su amplitud cromática, neo expresionista; cae en el abismo del negro y la piel se derrite.

Su fuerza, su espíritu arrollador y descarnado, es simplificado  por él  como un pintor de la región cafetera. Su  obra, que es un trabajo permanente en su centro de operaciones Ceculpa, trata sobre el hombre, su devenir y la angustia de su existencia.

Con Memo Vélez uno no se puede equivocar, enemigo de las falsedades y las imposturas, no se deja clasificar como un ser exitoso a pesar del reconocimiento de su obra a nivel nacional e internacional,  simplemente uno se deja llevar por ese conversador incansable, lleno de la imaginación y el entusiasmo de un ser que simplemente  envuelve y embruja.

A ese encantador lugar que habita Memo Vélez  siempre se vuelve, porque descubrir ese mundo a la entrada de Filandia, es  tal vez uno de los atractivos más significativos de la región.  Él es un hermoso personaje que tiene mucho que contarle al mundo y su legado artístico es necesario preservarlo, porque de esos seres fantásticos ya quedan pocos.

EN MEMORIA A MEMO VELEZ

Q.E.P.D – Septiembre/04/ 2016