Septiembre de 2016, mientras el frío acobija a Manizales con cierta sutileza, dentro del teatro Confa nos trasladamos a Rusia de 1905. Tres actores, entre ellos Olga Knipper, se encuentran en un teatro frente al río Neva, esperando a que transcurran las horas de aquel domingo sangriento.


Texto por: Manuela Zapata Franco @werelden
Fotos por: Lania Lex

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Un perchero, un sofá, un banco, un gran baúl que no se alcanza a percibir, y una luz iluminando directamente el centro del escenario, son los elementos que recrean el Teatro Arte de Moscú en San Petersburgo, donde los actores aguardabn, mientras en el gélido clima del exterior varios obreros protestan pacíficamente ante el Zar II, que buscan recibir un salario más alto y mejores condiciones de trabajo. A cambio ordenan asesinar a los manifestantes, noticia que llegó a oídos de los actores, que esperaban dentro del teatro a que entrara el director junto con sus colegas. Aleko, Masha y Olga Knipper (personajes interpretados por John Alex Toro, Javiera y Camila Valenzuela respectivamente) se encontraban con la incertidumbre de lo que realmente pudiera estar ocurriendo afuera, pero dentro del teatro se recreaba una historia diferente.

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Olga es la viuda del escritor y dramaturgo ruso Antón Chéjov y está realmente deprimida por la muerte de su esposo. Afirma que no se siente capaz de volver a actuar y posiblemente pueda ser humillada por las críticas del público. Aleko, un hombre rico y perteneciente a la nobleza, cumple los caprichos de Olga y termina seduciéndola. Por otra parte, Masha, una joven que admira a Olga dentro del trabajo actoral, es una mujer que sueña con una revolución y está enterada de todo lo que sucede en el país, porque además de manifestar sus ideales, ayuda a disfrazar al padre Gapón, personaje que está al frente de la manifestación y debe huir para evitar ser asesinado por el Zar.

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Mientras el tiempo transcurre, los actores prueban su talento ensayando la obra teatral escrita por Chéjov: «El Jardín de los Cerezos», e interpretando el momento en que el escritor muere a causa de una terrible tuberculosis. Entre charlas, risas, llanto y sarcasmo, Neva utiliza el teatro dentro del teatro para llamar la atención a los actores acerca de su responsabilidad política en la sociedad. «Es un reclamo al teatro superficial que se tiende a hacer, sin trasfondo y que solo divierte», explicó la protagonista, Javiera Valenzuela.

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El sexo, el dolor, el ego, la ignorancia y la desesperación junto con una gran carga política por la tragedia que sucedía en el momento, llevó a los actores a su límite dentro de cuatro paredes. Mientras cientos de inocentes eran abatidos por las balas y el fuego. «¡Va a haber una revolución!», insistía Marsha. «¡Salgan, marchen, hagan algo!» gritaba. Una luz nos iluminaba a nosotros los espectadores, y Masha cerraba con un monólogo en el que hacía una fuerte crítica al teatro, a los actores y al arte en medio de la violencia, porque «la muerte está afuera y hay una tensión gigantesca».

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Esta es obra dirigida por Carlos Carvajal junto con la realización audiovisual y gráfica La Pingüinera, quienes se dedicaron a investigar el contexto de Rusia en 1905 y comenzaron a ensayarla con el equipo actoral desde principios del año pasado. Javiera explicó:

«La obra tiene mucha vigencia ahora por lo que está pasando en el mundo y en Latinoamerica, nos metimos en ese contexto y en buscar cuál es la visión política del dramaturgo. Trabajé con mi hermana con una técnica de las emociones llamada Alba Emoting».

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