Chicos del Jardín es una compañía teatral manizaleña que desde el 2009 ha logrado una valiosa trayectoria nacional e internacional. Ahora, con sala nueva y un centenar de funciones encima, continúan su trabajo de comunicarse con el público y el universo a través del teatro.


Texto por Esteban Hoyos

Fotografias por Lania lex

En septiembre de 2016 los actores de la organización teatral Chicos del Jardín se pararon sobre un escenario de Riosucio para estrenar la obra Polvo. Además de tener razones personales, ellos decidieron escoger este municipio caldense para encomendar el éxito de la obra al reconocido diablo de la tradición riosuceña que engalana las fiestas del Carnaval y los decretos. Y efectivamente sucedió: el escenario fue sacudido por un estruendoso aplauso con un público de pie que clamaba el éxito de la primera función. Así empezó esta historia y ahora ya llevan más de 73 funciones de Polvo en varios lugares de Colombia, México y Quito (Ecuador), y no van a parar.

En ese momento David Carmona y Viviana Hoyos, dos de los miembros de la compañía, supieron que un mundo gigante se les estaba abriendo, y ellos estaban allí parados para conquistarlo, tal como lo hicieron cuando se juntaron para trabajar la tesis de grado de la carrera de Artes Escénicas de la Universidad de Caldas en 2009, junto a otras 2 personas que ya no hacen parte de esta historia, con la obra Jardín de Pulpos, del dramaturgo argentino Aristides Vargas. Así que allí comenzó todo esto: un jardín, en sentido figurado, terminó convirtiéndose en una compañía teatral que cumplirá en 2019, 10 años de programación cultural ininterrumpida.

Pero como el tiempo hace lo suyo, el proyecto fue mutando hasta conformar el colectivo actual: Juan Felipe Gómez, de 27 años; Viviana se acerca a los 30, y David tiene 32. En la práctica cada uno se enfoca en labores específicas, pero a la hora de la verdad terminan haciendo tanto con tal de sacar adelante sus sueños. Juan es el responsable de la parte técnica y musical; Viviana actúa, desempeña labores administrativas y se encarga de organizar las giras, y David está al frente de la dirección y también actúa.

Ellos tres sí que han sabido usar el origen del nombre a su favor, y esto solo lo puede entender si conoce la nueva sala, la que estrenaron en marzo: frente a la Rafael Pombo se encuentra una casa blanca de arquitectura antigua, reconocida porque es patrimonio de la ciudad, y como si fuera poco la fachada está rodeada del verde intenso de la naturaleza. El interior es una conjugación de arte, madera, cemento y plantas.

Ese lugar se ha convertido en una especie de centro de creación. Allí el lenguaje cobra vida en el cuerpo, los gestos y el escenario para crear una comunicación que trasciende las palabras. “El teatro es nuestra vida porque en él encontramos la manera de comunicarnos con el universo, a través de la escena plasmamos nuestros pensamientos, nuestras creencias, nuestra manera de ver el mundo. Si bien el ser humano tiene bastantes limitaciones para comunicarse, nosotros lo logramos hacer desde el teatro”, manifestó enfático y decidido David.

Este lenguaje los ha llevado a vivir locas historias en lugares recónditos de Colombia como Cantagallo, municipio del Magdalena Medio. En ese pequeño lugar, nos contó David, no se conocía el teatro. Lo más cercano para ellos eran las películas, así que hacer teatro era un reto para Chicos del Jardín en un escenario que ardía con los rayos del sol y un público que desconocía este trabajo artístico. No obstante, los pobladores se divirtieron un buen rato y se comportaron a la luz de esa cultura que no conocía actores de carne y hueso: comiendo, riendo y bebiendo mucha agua.

Tras bambalinas de sus obras

Según lo relata David, hay algo que trasnocha los pensamientos de ellos tres y se ve reflejado en el trabajo actoral: la preocupación por el paso del tiempo, a veces tan rápido que abruma, y otras tan lento que molesta. Polvo es una obra que constantemente se enfrenta al tiempo, lo cuestionan, lo contemplan y lo critican, pero a fin de cuentas es intocable.

A pesar de que Polvo (2016) es la obra con mayor trayectoria en la compañía, no es la única.  Esta ha sido objeto de orgullo por su trascendencia en el tiempo (el mismo del que tanto habla), pues qué compañía de una región se da el lujo de presentar un trabajo teatral más de 65 veces en Colombia, México y Ecuador durante 2 años. En su repertorio también cuentan la obra fundadora de la compañía, Jardín de pulpos (aquella que resultó de la tesis universitaria en 2009), y De la tierra a la luna (2013), una adaptación del libro de Julio Verne.

Y claro, como en toda compañía, la creación es el aliado constante. Con ella los Chicos del Jardín han llevado ejercicios teatrales a empresas y espacios no convencionales.

Pero… Una empresa cultural, como es lamentable en este país, tiene vaivenes en sus relatos, y David nos cuenta una de ellas, que aconteció recientemente: En octubre se vieron obligados a cerrar su anterior sala de teatro, la que quedaba por el Túnel de la 50. Razones personales y también la falta de apoyo los llevaron a tomar esta decisión.

Fueron 5 meses sin sala, de octubre a marzo, hasta que nuevamente encontraron su cauce. No vamos a decir que el Estado fue el principal responsable (porque maluco decir la verdad), pero una serie de inconvenientes llevaron al cierre oficial de este lugar. Sin embargo, los chicos no vieron el fracaso como opción y pronto les llegó de nuevo el milagro de tener sala, la actual y oficial, frente a la Rafael Pombo.

.

Conozca aquí las razones que preocupan actualmente al teatro manizaleño y que están poniendo en riesgo su trabajo por la cultura.

Así que las telas del escenario se reabrieron sin pensar en el costo y trabajo, para contagiar y llenar de teatro a los espectadores, bajo el lema “Tenemos el alma hecha teatro”, esa misma que por 9 años han alimentado a punta de obras de teatro en cemento, madera, colegios, escuelas, empresas, barrios, pueblos, departamentos y países.

Entonces, ¿para qué seguir? Esto es lo que reflexiona David: “Reabrir estos espacios es algo que no podemos dejar de dejar de hacer, lo hacemos sabiendo el agua que nos moja. Pero creemos que las cosas pueden cambiar, y seguiremos buscando estrategias para llevarle teatro y cultura al público”, porque ellos han sido testigos de funciones en las que ya no cabe un alma y la obra se disfruta. Y por esto David cree que sí es posible que exista un ecosistema más apropiado para los gestores de estos eventos culturales. Entonces aquí es donde nos damos cuenta de la verdadera labor que aportan a los caldenses estas compañías teatrales: estudiar al público y formarlo para que comprenda que los artistas trabajan tan duro como cualquier otra profesión, y que su trabajo vale oro. Mal hecho que nos acostumbremos a la gratuidad.

Esta es la oferta cultural de ellos en Manizales

Aunque Chicos del Jardín ya no hace parte de la Ruta del Teatro, el gremio de las casas teatrales con mayor trayectoria y reconocimiento en la ciudad, la programación de ellos está más vigente que nunca. Y a pesar de que todos ellos han identificado una falencia con la falta de asistencia del público manizaleño a eventos con cobro de boletería para apoyar el teatro, ellos siguen nadando en un río contrario a su cauce (tal como lo hace este medio). De hecho, Chicos del Jardín ha ampliado su oferta cultural:

-Viernes a teatro: Ofertan una programación variada en género, contenido y agrupación los viernes en las noches.

La enredadera, costurero artístico: Es un programa mensual que busca homenajear a un gestor o gestora del teatro en la región. Invitan a esta persona, ella cuenta sus historias y los asistentes pueden intervenir.

Lo doy porque quiero: El conocimiento se pone a disposición de quien quiera aprender, sin discriminación alguna. Si una persona quiere compartir lo que sabe, este es el lugar, dé clic aquí y escriba su propuesta.

Esas semillas de la cultura que se esparcen con Chicos del Jardín siguen germinando, así como lo hicieron con Cantagallo, en Manizales y otros horizontes del mundo, unos más inhóspitos y alejados que otros, pero con intenciones de cosechar los frutos del teatro próximamente en departamentos como Chocó, países como España y quién sabe dónde más.