Por cada prócer de la patria, habían cientos de campesinos soñando un país soberano. La ópera “1819: la historia detrás de la independencia” reivindica el poder popular en la construcción de nación.


Texto por: Diana Castro

Fotos por: Ana Fajardo

Las guerras de independencia tienen por combustible la búsqueda por la libertad, este ideal justifica batallas, glorifica combatientes y escribe la historia de la victoria. Miles de soldados de la campaña libertadora apoyaron la independencia de España porque representaba su libertad individual y la de su descendencia. Antes de imaginar una nación “ser un ciudadano libre” se materializaba en sueños mucho más cotidianos; una familia que no sufriera guerras ajenas, un trabajo sin tributo al rey, un pueblo en donde pasear sin ser discriminado.

“Elegir nuestro modo de vida sin miedo ¡Eso es la libertad!” Cantan los integrantes del  Taller de Ópera de la Universidad de Caldas, en memoria de los sueños de campesinas y campesinos que unidos construyeron un proyecto político más ambicioso: Colombia. 

La obra “1819: la historia detrás de la independencia” es una creación inédita del Taller de Ópera que se sumó a las celebraciones del presente año, con motivo de los 200 años de la campaña libertadora. No obstante la idea se gestó desde 2010, año en el que Colombia celebró los doscientos años del inicio del proceso independentista. 

Nelson Monroy, director general y musical del Taller, tuvo la idea de crear una obra centrada en los llanos orientales, un territorio clave para las batallas en contra del Reino Español y cuna de procesos insurgentes en la historia reciente del país, no obstante, los aportes creativos de Claudia Díaz Leguizamon directora escénica y coreográfica, Felipe Millán diseñador de vestuario, Paula Andrea Leguizamón directora de escena y producción y de Camilo Díaz director de actores modificaron la idea inicial para contar la travesía entre Tame, Arauca y Tunja, Boyacá. 

Atravesar una cordillera a pie, zapatos rotos, fusil al hombro, machete al cinto… El frío del páramo de Pisba redujo las tropas Libertadoras a unos cientos de cuerpos esqueléticos a la espera de la batalla. Se han regado mares de tinta para contar el horror del páramo, pero la historia se estanca al ser desconocida. La obra escénico-musical fue una epifanía para asistentes y artistas del Taller de Ópera, para quienes antes de seis meses de ensayo la historia era borrosa, como la neblina de los abismos por los que cayeron bestias, cocineros y guerreras dos siglos atrás. 

Los encargados de bucear en los mares de tinta de la historia de Colombia fue el equipo director del Taller de Ópera, hay tantas versiones como intereses hubo en la conformación de nuestro país, así que el espectáculo final se basa en hechos reales para contar historias imaginadas en los que el pasado es un espejo del presente:

Magdalena se unió al ejército para curar. Ella intentaba remediar el dolor físico que dejan las guerras. Luego del páramo perdió el miedo a la muerte, en cambio, floreció el odio al ejército Realista. Para Magdalena la independencia fue sinónimo de justicia, la que no tuvieron sus amigos o familiares, la que ella decidió impartir por sus propias manos. También fue sinónimo de esperanza, casi de fe ciega al imaginar la victoria en tiempos de retirada.

Mellao, en cambio, sentía cada batalla como un ajuste de cuentas. No buscaba justicia. El dolor del adversario, según él, tenía que ser de mayores proporciones al que sintió su pueblo. La independencia fue un desquite con daños colaterales.

Sabaraín sentía calma en la guerra al pensar en sus padres. La independencia sería el primer paso para volver a casa con una bandera en alto, que estaría en la entrada de su casa para verla todos los días antes de salir a sembrar.

La construcción de estos personajes del común no es del todo falsa, sus nombres o características pertenecen a las efemérides de algunos libros; caso contrario a los rostros visibles en la guerra (de los próceres, por ejemplo) de quienes existe información suficiente para hacer una serie de seis o siete temporadas. Para el caso de la obra 1819, los diálogos del General Barreiro, Rondón, o de los conocidos Bolívar y Santander son fragmentos de cartas y proclamas con las que informaban a sus aliados sobre el proceso de independencia.

UN BATALLÓN DE SEISCIENTOS HOMBRES, TODOS INDIOS, SON DE CASANARE Y TODOS SON COBARDES” ASÍ DESCRIBE BARREIRO A LOS LANCEROS DE LA BATALLA DEL PUENTE DE BOYACÁ.

Nelson Monroy adaptó a la ópera los diálogos cantados y música popular de la época, para él, la historia puede ser un vehículo para sentir orgullo, para aprender del pasado y sobre todo para agradecer a todas la personas que combatieron por la libertad aún sabiendo que no la disfrutarían. “Ellos  (los personajes) dieron la vida para sentar las bases de lo que sería una país muy chévere, ellos sabían que hiban a morir, por eso siempre cantan que la victoria será para los hijos de sus hijos y de sus hijos” Menciona el maestro.

Existe una posición contraria al orgullo por la independencia. Varías corrientes historiográficas proponen que la que la valentía y la soberanía era un discurso por el cual se lograron intereses políticos y económicos de los criollos (los mestizos que estaban más arriba en la pirámide de clases de la época), con lo cual la independencia no deberías ser celebrada, o por lo menos no de una manera tan “rosa” a las acostumbradas conmemoraciones. La crítica también cuestiona que las victorias de la Batalla Libertadora son utilizadas por instituciones públicas como un referente de patriotismo vacío, pues simbolizan una nación que al día de hoy se distancia de la “Libertad y Orden”.

El equipo director de la Ópera, consciente las críticas sugiere en 1819 un mensaje hacia el público: construir sobre los sueños conquistados por nuestros antepasados.  Otra licencia artística fue realzar a la Madre Bachué, diosa de la tierra en la cultura muísca, como espectadora de toda la sangre derramada en las guerras:

SI TODO EL MUNDO NECESITA UNA INSPIRACIÓN PARA LOGRAR ALGO, POR QUÉ NO PENSAR QUE LA INSPIRACIÓN DE TODA ESTA GENTE  (TROPAS DE LA CAMPAÑA LIBERTADORA) FUE LA TIERRA ¿Y CUÁL ES LA FIGURA MÁS CERCANA DE LA TIERRA QUE TENEMOS? ¡BACHUÉ! COMENTA PATRICIA LEGUIZAMÓN.

¿Qué es Colombia 200 años después?

  • “Es un país que está aprendiendo a leer, por eso es tan peligroso que no enseñen historia… nosotros seguimos repitiendo tantas cosas, como pelear entre nosotros mismos teniendo un país que defender; y no estoy hablando del oro, estoy hablando de la tierra, el agua y las plantas” Responde Leguizamon.
  • “Es un sueño todavía” Añade Monroy.