Es normal que de niños quisiéramos ser astronautas y que por una relación tóxica con el alcohol hayamos terminado siendo borrachos, pero ¿y si el sueño de un niño es ser un borracho?  Pues irónicamente puede que termine siendo un filósofo con magister, ejerciendo como profesor universitario, y para poner la cereza al coctel, escritor.

Texto por: Sergio Duque

Fotos por: Lania Lex

Pablo Rolando Arango es el escritor de Grandes borrachos colombianos Vol.1 borrachos grecocaldenses, un libro impreso por la Editorial Libros Malpensante en el 2016, y que relata cuatro historias alrededor de un personaje ampliamente conocido y querido por los residentes y visitantes de los hermosos pueblos de Caldas, el aguardiente.

En las 86 páginas del libro el profesor Arango habla sobre sus experiencias personales alrededor del alcohol desde que era niño, sobre el filósofo caldense, Jorge Iván Cruz, acerca del  gran ajedrecista, Óscar Castro, y la última sobre el sobrio cantante, Luis Ángel Ramírez (El Caballero Gaucho).

“Ahogarse en una copa (Memorias improbables de un borracho grecocaldense)”

El primer capítulo del libro es la historia desde la adolescencia temprana del profesor Pablo, allí en su natal Manzanares. En su historia el profesor narra el entorno en el que creció, un par de colegios que lo albergaron y sobre todo, cómo la dinámica del pueblo gira (o giraba) en torno a las innumerables cantinas que cercaban las calles del pueblo.

Las historias que se cuentan en el libro tienen una dualidad respecto a la forma cómica de los relatos y una implícita seriedad reflexiva. En el primer capítulo, la fluida manera en que el escritor narra los sucesos, hace que casi se pase por alto que se lee la historia de un adolescente,  su relación con el alcohol y algunas prostitutas.

Esa fluida manera de narrar es el fiel reflejo de la manera en que el profesor Pablo habla, de una manera sincera, sin tapujos y dejando de lado los moralismos, que limitan las buenas historias por pura cortesía.

“El próximo presocrático (Obras incompletas de Jorge Iván Cruz)”

Solo alguien con una capacidad prodigiosa para evocar profundas disertaciones de la vida en aspectos simples y cotidianos es capaz de poner a  filósofos como Diógenes, Epicuro o Kierkegaard, en un libro tan ligero y de fácil lectura, así es como el profesor Pablo incluye en el segundo capítulo algunas anécdotas sobre Jorge Iván Cruz, “una especie de náufrago que fue a dar a la universidad por azar”, y es que de las historias que nos relata el profesor Pablo hay dos aspectos que son protagonistas, el azar y la ironía.

El azar que está siempre presente en este camino sin Waze que llamamos vida, y al que por más que queramos encaminar en el correcto camino de la bebida, nos termina llevando a la universidad, cosa que al final no termina siendo un obstáculo sino más bien un checkpoint, en la meta de acumular lagunosas anécdotas.

“El último samurái (Óscar Castro, un ajedrecista entre el tablero y la botella)”

Existe una perturbada lucidez en el borracho y de ahí la premisa popular “Los borrachos y los niños dicen la verdad”, curiosa afirmación cuando muchos de nosotros hemos negado nuestra mareada condición hasta que nos vemos incapaces de estar erguidos. Tal vez  el prodigioso maestro del ajedrez, Óscar Castro, pudo canalizar el caos mental que causa el licor y concentrarlo para sus propios beneficios, después de todo “Castro fue una clase de rareza: el sabio bufón, el hombre que no pierde los estribos ni siquiera de beber sistemáticamente durante semanas o meses”.

“No bebas, amigo (Un sobrio perfil del Caballero Gaucho)”

Para cerrar el maravilloso libro de borrachos, una apología a lo irónico, Luis Ángel Ramírez, autor y cantante conocido como El Caballero Gaucho, un hombre prácticamente abstemio que inspiro más borracheras de las que podríamos contar  y que sigue sonando en cualquier madrugada con tufo de aguardiente en los pueblos de Caldas.

Un músico que expresa el sentimiento que albergan los corazones de esos “héroes” que el profesor Pablo observaba en su juventud, durmiendo sobre la mesa de una cantina, o peleando a machete en las escasas calles de Manzanares, Pensilvania o Aránzazu.

De grandes borrachos colombianos se podría decir mucho, pero no es la intención revelar las entretenidas historias de sus páginas, por el contrario, parte de la intención es generar intriga, que solo puede ser despejada leyendo ese gran cúmulo de anécdotas que para sus protagonistas seguro son borrosas.

Es un libro con el que definitivamente cualquier persona que haya experimentado el estado alterado de la conciencia que genera el alcohol, podrá sentir como suyo y que despertará la nostalgia de recuerdos olvidados en alguna cantina.