Texto por Valentina Santos

Fotos por Lania Velasquez

 «Yo en el momento que me maquillo, me visto y me pongo una peluca, dejo de ser Alejandro y entra Susana en todo su esplendor», expresa Alejandro Candamil, un chico de 20 años, que en algunas ocasiones se convierte en Susana de la Vega, quien cobra vida en algunos concursos, shows y presentaciones en bares gays de Manizales. 

Alejandro se interesó por la belleza desde muy joven y desde sus doce años se dedica a ser estilista, algo que aún hace. Cuenta que en su infancia siempre le gustó jugar con muñecas y barbies; de hecho, recuerda que un tío muy apreciado le regalaba muñecas en las navidades.

“Yo diría que Susana es única porque es muy sencilla, solidaria, colaborativa; a la gente le gusta verla y es muy espontánea, espontánea todo lo que quiera».

Sin embargo, cuando surgió Susana, el rechazo no fue solamente de algunos conocidos, también perdió varios amigos y muchas personas de su familia dejaron de hablarle. “Hoy en día ya lo acepta, hasta maquillaje me consigue. Algo que me dio mucha fuerza fue una vez que ella me vio en una presentación que hice” , comenta Alejandro sobre su abuela.

Me di cuenta que quería ser transformista por una marica también, yo la vi en una marcha y dije: ¡qué niña tan bonita!, y empecé a interactuar más con ella. Una vez vi una foto de hombre de ella y quedé impactado, porque yo pensé que era transgénero, pero en realidad era transformista”.

Lo que muchos desconocen es la diferencia entre ser transgénero (cambiar definitivamente el género con el que se nace) y ser transformista (una transformación ocasional). Alejo no siempre se transforma, solo algunas veces a parte de los shows: “somos un grupito, a veces alguna dice ‘yo me quiero trepar hoy’, el resto se antoja y salimos todas», afirma.

Además, Susana hace shows de interpretación musical: “hacer una balada y entregarme al personaje es algo que de verdad me libera porque ahí se descargan muchas cosas que uno siente.”

“Algo que nos caracteriza es el dolor”: cuenta Alejandro al recordar una ocasión en que fue agredido por unos hombres durante un evento en otra ciudad y tuvo que ser socorrido por las personas que pasaban. Afirma que Manizales es aún una ciudad muy conservadora comparada con eventos LGBT+ en otras ciudades, a los cuales asisten personas de todas las edades.  

Ayudar es el camino para el cambio

Alejandro ha tomado los momentos difíciles para fortalecerse y ayudar a otras personas que están en proceso de transformación o que han sido discriminadas alguna vez. Actualmente es un activista en la Fundación Polari, la cual ayuda a la población LGBT+ y a personas con VIH por medio de la psicoeducación, la cultura, lo jurídico, lo psicológico, lo psicosocial y por medio de talleres de sensibilización de diversidad.

En Polari, Susana hace presencia en las charlas. Muchos niños que se interesan por ser transgénero se acercan a ella para preguntarle su experiencia, para pedirle consejos, dudosos de cómo es esa vida. “Yo les digo: ‘si usted quiere eso para su vida, no se cohíba, si eso es lo que quiere, es su destino, hágalo’” cuenta Alejandro.

Alejandra Cárdenas Quintero, presidenta de la fundación Polari, explica que  muchos de los casos de discriminación se ven en chicos adolescentes, los cuales viven esto no solamente en su colegio, con profesores y compañeros, sino en sus casas también, “Polari lo que hace es darles seguridad de que son aceptados, son amados, que no están solos y que no son los únicos”.

La fundación hace presencia en colegios, en scouts y otros grupos juveniles, también fomentan la activación de rutas de atención para miembros de la comunidad LGBT+ que están siendo discriminados en algún momento.

“Que alguien te hable y te diga que gracias a Polari ser gay está bien y «ya no tengo miedo» nos motiva a querer ver territorios libres y seguros en un tiempo.

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