Jennifer Rubio es una dibujante e ilustradora bogotana, cuyo interés por el dibujo y la ilustración se gestó entre los anaqueles de los libros infantiles de una biblioteca.  

Jennifer relata que visitaba mucho la Biblioteca del Banco de la República en Armenia, ciudad en la que pasó su adolescencia. Gracias a que vivía cerca del lugar, pasaba sus tardes en la sala infantil cautivada por la belleza y los colores del espacio. «En algún momento rodeada de libros me pregunté por quienes los hacían, había alguien que los dibujaba y para ese entonces no sabía mucho al respecto, investigué y encontré que había muchas personas que se dedicaban a eso, a la ilustración, lo que me animó a mí también a querer hacerlo».

«Al final de cuentas, los libros nos acompañan siempre».

«Estudié artes porque quería aprender a dibujar, quizás ese fue el inicio. Pero algo que me llevó a entender mejor lo que quería hacer fue cuando empecé a compartir mi trabajo con otres»

En el 2016, Jennifer conoció el fanzine, un espacio que permite la distribución de contenidos independientes desde el «hazlo tú mismo» y la autopublicación, esto le facilitó llevar sus dibujos de la libreta, lo íntimo, al impreso y transformarlos en historias para establecer diálogos.

El trabajo de esta ilustradora ha sido influenciado por el movimiento, pues vivió junto a su familia durante 10 años en Ecuador y finalmente regresó a Colombia para afianzar su trabajo. 

«De ahí nació mi pregunta por los lugares, por la casa que está en varios de mis trabajos, de ahí también adopté la palabra recorrido, de ahí que el dibujo sea mi instrumento para dejar rastro».  

El estilo artístico de Jennifer se caracteriza por ser mutable y adaptable; pese a que no tiene un estilo definido, ve en esto un arma que puede ayudarla a abordar su trabajo desde múltiples perspectivas.

«El no tener un estilo definido me sirve para poder solucionar un proyecto de maneras distintas, claro, aunque a veces es difícil, por esa misma razón».

El estilo de Jennifer se encuentra en constante cambio y crecimiento, afirma: «me siento cómoda con el lápiz, pero quiero que haya más color así que estoy trabajando en eso últimamente».

«Es un camino con múltiples posibilidades y materiales en dónde el dibujo es siempre el punto partida».

Su trabajo desde el dibujo es político en la medida en que busca tocar todas las esferas humanas. «Intento que este sea un lugar de resistencia, empático, feminista, en el que tengamos cabida todes. Que pueda hablar de lo que siento, pero también hablar de lo que sucede a mi alrededor, de lo que nos atraviesa», afirma Jennifer.

«Desde el feminismo he entendido que lo personal es político».

Para Jennifer, desde lo íntimo y personal, el dibujo puede ayudar a la calma y al contexto actual colombiano. Cuenta: «hace poco escuché a una niña decir “Dibujo porque quiero que haya paz” y me suscribo a sus palabras».  

En el momento de hablar sobre las influencias de Jennifer, el primer nombre que se le ocurre es José Antonio Suarez, pues para ella es como un monje del dibujo: disciplinado y constante, además de tener un trabajo muy bello; también Elizabeth Builes, una ilustradora de Medellín cuyo trabajo juega con las texturas de color, el lápiz y la sobre posición de cosas. Por otro lado, gracias a su afinidad con la movilidad, se encuentra Mónica Naranjo, quien dibuja piedras y cuyo trabajo está muy influenciado por la geografía, las migraciones, los mapas, además tiene una editorial independiente llamada Nómada Ediciones. También Samuel Castaño, quién combina mucho el dibujo con el collage.

Entre sus referentes narrativos se encuentran Power Paola, Sol Díaz, Sofia «La Watson», Maria Duque, Delius, Marcela Trujillo que hacen cómic y novela gráfica; por otro lado, desde el cine, otra referente es Agnès Varda, de quien Jennifer afirma «cuando sea grande quiero ser como ella, la forma en la que cuenta historias, su empatía, su trabajo nos hace sentir cercanas a ella, así nunca la hayamos visto».

«Dibujar a veces es dejar rastro y otras, seguirlo».

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