Texto por: Jonny Carvato.

Fotografías: Cortesía de Fundación Masnatur

El arte es un oficio consagrado que a través de su comunión ha permitido establecer un vínculo con la sociedad. En esta relación se ha percibido cómo por medio del arte y de su praxis, el ser humano se complementa, se cuestiona o simplemente se reinventa. En el ámbito social, el arte posee un valor formidable: fomenta la sana convivencia, promueve el desarrollo de capacidades artísticas, expresivas o creativas, y suscita la resolución de conflictos, entre otros aspectos. 

Masnatur es una fundación que, por medio de sus actividades de ocio, promueve el desarrollo integral de personas con discapacidad, principalmente niños y jóvenes; brinda un espacio de calidad en el cual los beneficiarios invierten el tiempo en actividades productivas mientras se divierten.

Diana Realpe es una docente de teatro, una visionaria de origen caleño y egresada de la Universidad de Caldas, que ha atravesado el Océano Atlántico para llevar a los beneficiarios de Masnatur todo su talento, carisma y amor por las artes, especialmente por el teatro. Se incorporó como voluntaria a Masnatur desde hace dos años y desde entonces ratifica la pertinencia del arte dentro de los procesos educativos, en particular, aquellos con poblaciones con necesidades educativas especiales.  

«Desde las artes, particularmente desde el teatro, existen un sinfín de herramientas que contribuyen a la reconciliación, la sanación, la sensibilización y a la inclusión. Lo que favorece el trabajo con esta comunidad, permitiéndome enseñar a través del juego, ayudar a que los chicos puedan expresarse y comunicarse, y de algún modo sensibilizar al resto de la comunidad».

«Hemos comprobado que la presencia de un grupo de personas con discapacidad en cualquier ámbito de ocio contribuye, además, a la sensibilización social sobre sus necesidades, así como a una percepción social más natural y normalizada» indica la fundación como parte de su misión institucional. 

La joven caleña posee una amplia trayectoria en el área artística, se ha dedicado al teatro desde los 11 años de edad y perteneció a distintos grupos de teatro en Cali resaltando su interés por el teatro comunitario y confiando en él como un mecanismo de transformación social. Diana afirma, además, sentir desde pequeña esa empatía que requiere una persona para el trabajo con personas con diagnósticos como el autismo, el Síndrome de Down, problemáticas asociadas al aprendizaje, discapacidad física o cognitiva y diversos trastornos de personalidad. Todos representan para ella un reto y una contribución social que con amor realiza desde su profesión. 

«Desde muy pequeña he tenido empatía al relacionarme con personas que tienen algún tipo de diagnóstico, recuerdo que tenía una vecina con autismo y siempre estaba yo con el ánimo de querer jugar con ella o ayudarle en lo que necesitaba. Ahora el sentimiento es más grande, me apasiona apoyar a los chicos, lograr entender su mundo y ayudarles a comunicarse». 

Al dar a conocer su testimonio e ilustrar el avance de los beneficiarios, Diana evidencia, a través de la práctica artística, una transformación en el estado de ánimo de los chicos, pues inician y finalizan los talleres con una actitud completamente positiva. En las clases orientadas por la docente se abordan diferentes temáticas desde el juego teatral, en donde los beneficiarios se identifican a través de una representación o se involucran en ellas de acuerdo a sus capacidades. 

Con el ánimo de realizar un voluntariado en Madrid, Diana, la joven cargada con sueños e ideales, lleva consigo una grata experiencia y un cúmulo de aprendizajes y enseñanzas que aplica desde lo profesional y lo personal. El trabajar con esta comunidad en particular es alentador y muy satisfactorio ya que deja enseñanzas para la vida y transforma constantemente la visión de la realidad.

«Es inevitable separar la parte personal, por esto mismo se generan vínculos preciosos entre los docentes, el personal de apoyo y los chicos. Este trabajo se debe realizar con mucho amor y entrega. Es muy bonito evidenciar la evolución de los beneficiarios gracias al desarrollo de las actividades».

Los talleres de teatro brindados por la docente estimulan la parte sensorial y generan movilidad al trabajar los ejercicios físicos de acuerdo a las facultades de los participantes; fortalecen las relaciones entre los compañeros a través del trabajo en equipo; estimulan la creatividad y la imaginación gracias a los ejercicios de estimulación cognitivos; y lo más importante, hacen brotar miles de sonrisas gracias al juego como metodología de trabajo. 

«Ha sido una experiencia realmente enriquecedora, tanto así que me ha ayudado a proyectarme como una profesional especializada en el trabajo con personas con necesidades educativas especiales a través del arte como herramienta metodológica y confiando en el teatro como elemento de transformación social».

«El arte transforma, y el teatro aún más»