Texto por: Mauricio Aristizábal.
Fotografías: Cortesía de WYK.

*Apartes de la canción El Débil.

El Jardín Botánico de Bogotá alberga más de 50 mil individuos de más de 900 especies que representan los ecosistemas andinos y de páramo, pero en el 2017, cuatro individuos de otra especie representativa de la misma zona, aunque menos vegetativos, se vincularon a partir de los acordes del jazz y del rap, gracias a los jams en los que participaban.

Puede parecer una banda típica con un formato de Nicolás en el bajo, Oto en la batería, Pedro en el teclado y sintetizador, más la voz de Tapia, pero en realidad es un viaje a los sentidos. «Mi discurso es como Sprite, las cosas como son»*, porque es un sonido que seduce y enreda, que enamora y lo deja sin aliento, porque la mezcla jazz-funki-rapera de estos bogotanos:

«Es un fight club contra el destino o el aburrimiento»*.

Oto se fue un tiempo para Europa y le abrieron las puertas a Juan Pablo, un músico de acá, de la casa; un manizalita que entró a darle un aporte en la batería. WYK se perdió de estar en el Estereo Picnic, tal vez por cosas del diablo (El Débil), pero eso no es nada para «un coplero campeón. No un borrego ni un peón». Y, siguiendo firmes a su trabajo ecléctico y a pesar de la llegada de Oto del otro lado del charco, decidieron mantener un formato con dos baterías.

¿Pero y el género?

Para la banda, el jazz siempre es un elemento importante, sobre todo por la fluidez en los arreglos y la improvisación. Si bien los temas son estructurados, el jazz les permite jugar en vivo con cada uno y con la intención del día.

Tapia

Están seguros de que al principio sí había una idea clara de fusionar el jazz y el hip hop, pero cada vez se han alejado más de ambos géneros. Tapia, el vocalista, en los primeros temas era muy rapero; hoy en día, como «buen poeta del misterio, solitario, fumador, como buen llanero»*, ha encontrado un estilo muy propio, mucho más como declamador de poesía. WYK le apuesta a construir un lenguaje propio de lo que acontece en la ciudad: un monstruo de cemento donde convergen muchos estilos.

Muchos de los temas proponen una construcción circular. Tradicionalmente las bandas suenan como algo que hay que acompañar, pero ellos tienen la cadencia que genera la palabra. Es la música a través de la palabra. Es seducir a través de los oídos, porque no todo lo bueno entra por los ojos.

¿Cómo se vive la escena?

En la banda, cada vez la línea entre lo que es el jazz, el funkie y el hip hop es más delgada. Y en la escena, cada vez hay más lugares en los que conviven distintos estilos e ideas musicales. Por fortuna, en Bogotá ya existe una escena de solo música novedosa, poco tradicional. Hay nichos relacionados con esta vanguardia, pero también hay una barrera que es la que pone la industria. Para tocar en otros sectores se debe estar más metido en la industria.

La idea de la banda es salir de Chapinero, llegar a otros barrios, aunque a veces la escena es muy cerrada entre los barrios porque pareciera que hay una «frontera invisible» musical. Quieren hacer giras a otras ciudades y seguir usando mucho el internet para poderle llegar a más personas. Su principal objetivo es que la gente se tome el tiempo de escuchar la música de principio a fin, con conciencia.

De festivales y otros logros

A pesar de que haber llegado al Estéreo Picnic habría sido un logro supremamente importante, gracias a que en el 2018 y 2019 se mantuvieron vigentes en la escena, reconocen que hay festivales más bacanos para este tipo de bandas, por ejemplo el Hermoso Ruido, que se realizaba tradicionalmente en el mes de septiembre.

La banda obtuvo una Beca de creación videoclip musical, otorgada por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) que hizo parte de la convocatoria del Programa Distrital de Estímulos 2020 y que les dio la posibilidad de grabar su video clip en formato de cine, el cual será estrenado en los próximos días.

Carátula Fronk
Diciembre es un domingo

Esto se logró con la canción El Débil, tal vez el tema que podría ser menos comercial; que recoge el mito de los llanos orientales de un duelo de coplas entre Florentino y el Diablo; que ha sido copla, joropo y ahora hace parte del repertorio de WYK, con una propuesta única, como ellos. En la Beca superaron a bandas que se mantienen vigentes en la Industria como Doctor Krápula, Burning Caravan y Monsieur Periné. Cuando WYK recibió la noticia:

«Mira sonriente y sin mucho temor a ese nuevo contendiente. Al oscuro jinete, que es el que más miedo mete»*.