Texto por: Mauricio Aristizábal.
Fotografías por Angelica Espinosa y cortesía Daniel Montoya.

Daniel Montoya se veía como futbolista. De hecho, estuvo en Bogotá probándose en las divisiones inferiores de La Equidad y de Millonarios, pero regresó a estudiar a Manizales y decidió no continuar con su aventura futbolera. Acá conoció el ultimate por azares del destino con su mejor amigo Julián Cadena.

«A decir verdad, la primera motivación para practicarlo fue salir con una chica que me gustaba y que jugaba en la Universidad Nacional. Entonces acepté ir a una práctica para conocerla».

fotos cortesía Daniel Montoya

Su primera experiencia fue fatal y eso lo frustró bastante, pero la competitividad lo mantuvo en el deporte y lo que hizo fue dedicarse a practicar para poder aprender la técnica, entrenando a diario. Se demoró casi un año en aprender los tres lanzamientos básicos: forehand, backhand y hammer, y se sintió que podía aprender a jugar sin temor a equivocarse.

Un poco de historia

A Manizales la disciplina llega en 2006 con Juan Manuel Polo. Él empezó jugándolo con sus compañeros y amigos, al comienzo se reunían en el garden de la Universidad de Caldas a lanzar el plato, pero luego se organizaron para crear el primer club que se llamaba Fly Over. De él se desprenden Draco’s, en masculino, y Tsunami, en femenino. En 2007 se consolida Changos Fly, con otro grupo de la Nacional.

Daniel y cuatro amigos más (Miguel Sicachá –QEPD-, Juan Camilo Cárdenas, Óscar Pereira, Julián Cadena Isaza) deciden dar un paso al costado de Changos con la intención de darle nuevos aires al ultimate, entonces crean Zeppelin.

De tanto practicar, Daniel sintió una adicción por el disco y quería empezar a ganar partidos, pero sus primeras experiencias competitivas fueron apabullantes derrotas: 17-0, 17-5.

En una ciudad en la que solo se quiere jugar fútbol, fue muy complicado volver masivo este deporte. Ni los padres ni la ciudad le querían dar la oportunidad a esta disciplina y podría decirse que hasta la miraban con desconfianza.

El nivel en el país

En masculino, Bogotá es la potencia; en femenino Medellín tiene campeonas invictas hace 8 años. En categoría mixta, que tiene impulso desde el 2013 en Colombia a partir del Mundial de Clubes de la categoría, tiene como potencias a Bucaramanga y Medellín. Manizales ha logrado llegar al octavo lugar en competencias masculinas con el club Zeppelin; en la categoría femenina no se ha podido masificar el deporte y eso ha impedido que se tengan buenas figuraciones. Consolidar los equipos y masificar el deporte, se volvieron un reto para Daniel, junto con Juan Manuel Polo (quien era el referente en esta práctica).

Su experiencia al comienzo

Al principio Daniel sufrió bullying por parte de sus amigos, con los que jugaba fútbol en la Universidad. Todos lo criticaban y le decían que era un deporte muy huevon. Su papá, incluso, le decía que no tenía sentido que dejara de practicar fútbol, un deporte por el cual incluso ya estaba recibiendo dinero y con el que podría tener un mejor futuro tanto deportivo como económico.

«Cómo se va a poner a jugar un deporte tan marica, con el que lo único que va a hacer es gastar plata», le decía su papá.

Lograr la aceptación de su círculo cercano fue muy complicado, pero él se encargó de demostrarles que tenía futuro. Hoy en día, uno de los principales promotores de este sueño es su papá y están pensando hasta en construir una cancha de ultimate profesional para que más personas puedan aprender y practicarlo con todas las condiciones.

Con toda por la Selección

A comienzos de 2011, se dio la oportunidad de una convocatoria nacional en la que filtraban jugadores que harían parte de la Selección en categoría mixta. Daniel se presentó en Medellín, junto con otros dos jugadores de la ciudad.

«Yo era muy malo, pero le metía ganas como un verraco. De todas formas, pasé el primer filtro».

El entrenador le vio las ganas, pero le manifestó que había 20 jugadores por encima de él y le propuso que aprovechara que se iba a jugar un torneo que se llamaba Eterna Primavera y que compitiera con una pre selección Colombia, para ver cómo le iba. A pesar de lo costoso de estar en el torneo Daniel se animó a participar y eso le dio la posibilidad de jugar más. Se ganó una medalla al Espíritu de Juego y la motivación se le multiplicó exponencialmente.

El técnico, al ver su desempeño en el torneo, le dijo que iba a contar con él para el Mundial que se iba a realizar en Japón, pero todos los gastos debía costearlos cada deportista. A Daniel se le enfrió todo porque era una inversión de más de $12 millones y sabía que no contaba con el apoyo de sus papás. Aun así, dijo que podía ir y solventar sus gastos, pero no tenía idea de cómo iba a conseguir el dinero.

Rumbo al Mundial

Las cosas se pusieron color de hormiga porque le tocaba gastar plata para ir a entrenar a Medellín y a Bogotá, además de conseguir lo del viaje a Japón.

«Yo vendí mil boletas de la rifa de una camiseta de una selección Colombia de Frisbee, cuando la gente no tenía puta idea de lo que era eso».

 Se subió a buses, recorría centros comerciales vendiendo boletas. Le sacó un patrocinio con Kola Granulada y completó con plata prestada, hasta que pudo estar con la Selección en Japón.

En el Mundial estuvo en el top 5 de los goleadores, el equipo quedó de décimo y tuvo la posibilidad de aprender mucho. También conoció al capitán de la Selección Masculina y también era capitán del Club El Oso, quien lo invitó para que jugara con este Club. Estar entrenando con los mejores jugadores del país fue muy difícil, pero fue un aprendizaje bastante grande.

Sin hacer El Oso

El Oso le propone jugar un torneo invitacional en Estados Unidos. Sin terminar de pagar las deudas de Japón, se embarca en otras para ir a jugar este nuevo torneo y tantos sus deudas como su experiencia crecen. Varias participaciones con El Oso le permiten mejorar en técnica, conocimientos y experiencia y va a jugar un Mundial de Clubes en Italia.

Daniel estaba acumulando millas de viajes, de experiencias, de conocer nuevas culturas, pero siempre tenía la expectativa de salir con su club, con Zeppelin. En 2015 participaron en un Panamericano en Cancún (México), pero participaron con el cupo de Chile, porque no lo ganaron por Colombia. Iban en busca de competir y aprender, pero con la expectativa de ganarse el reconocimiento al Espíritu de Juego, y lo obtuvieron. Fue un fin se semana con altos y bajos, con picos emocionales: por un lado, habían participado como Club en su primer Panamericano y fuera de del país; pero al mismo tiempo fallecía en un accidente de tránsito Miguel Sicachá, uno de los fundadores del equipo.

En 2016 Daniel decide, pensando en temas económicos, no participar de la convocatoria que elegiría a la Selección Colombia Masculina para participar en el Mundial de Inglaterra. Pero ese mismo año se crean dos ligas de Ultimate en Estados Unidos y le llega a Daniel la piquiña de jugarlo profesional.

Probándose como profesional

Un año después, su mamá lo motiva para que se vaya a jugar con los profesionales para que mejore su nivel y se va para Seattle buscando jugar con Sockeye (uno de los mejores equipos de ultimate de la Liga de Estados Unidos). Llega sin rumbo alguno, se aloja en una casa de familia y se aventura a presentar las pruebas en el equipo, con un nivel de inglés bajo.

El dueño del equipo sintió curiosidad por un Latino que se aventuró a ir a probarse en un equipo profesional de ultimate, sin los accesorios necesarios para entrenar en invierno y sin tener una beca ni un trabajo fijo. Llegaron a probarse 300 jugadores para asignar 28 cupos. Varios de los jugadores del Club le regalaron accesorios, guantes, prendas y logró probarse y quedarse con el cupo.

Un mes después cambió de residencia y se ubicó en lo que él considera fue su hogar gringo. Esa semana lo llamaron a darle la noticia, en inglés, claro, de que había quedado en el equipo, pero de los 28 miembros del equipo, cada fin de semana solo jugaban los 20 que se ganaran el cupo. Y solo esos 20 recibían el pago. Esta fue una de las etapas más complicadas, porque en las prácticas se notaba la diferencia en talla y técnica frente a los otros jugadores.

Tuvo que trabajar como paseador de perros, aseador de casas y jardinero, para poder vivir, pero valió la pena por el aprendizaje tan grande que le generó y porque pudo demostrar que tenía mucho talento en la práctica del deporte.

En la actualidad Daniel hace parte de la Selección Colombia Mayores de Ultimate y se está preparando para el Mundial de Holanda que se iba a realizar este año, pero que por motivos de la pandemia se jugará en junio del próximo año, si es que este virus lo permite.