Texto por: Stefanny Gutiérrez Duque.
Fotografías por: Giovanny Gálvez.

La vida es cíclica. Hay quienes dicen que la vida se les ha ido por un tubo. Está llena de momentos que parecen repetirse infinitamente, y en los que parece que se comenten los mismos errores, como un eterno retorno. Son muchas las metáforas que aluden a la vida a través de formas circulares. Pero también hay vidas que han transcurrido mayormente en el interior de un círculo, un túnel.

En el Teatro Campestre el Jardín se cuenta por primera vez una historia basada en la vida real. Después de casi 8 meses de pausa a causa de la emergencia sanitaria, en noviembre de este año se estrenó «La vida es un cilindro», dirigida por David Carmona, quien lleva diez años haciendo parte del equipo de Los Chicos del Jardín y este año decidió pausar sus actuaciones para dedicarse a dirigir la cuarta obra que tienen en repertorio este teatro.

Este monólogo relata  la vida de José Quintiliano Correa, un soldador colombiano que dedicó su vida a soldar los oleoductos que atraviesan y mueven el continente. El actor Daniel Carvajal es quien encarna a este personaje y su experiencia en la escena teatral de la mano de la Maratón de Monólogos le han habilidades para hacerle justicia a esta historia, según cuenta Carmona.

Luego de algunos viajes a una finca en la vereda Santo Domingo (Caldas), David Carmona comenzó a conocer a Quintiliano y, después de varias conversaciones y romper poco a poco el hielo y los prejuicios, este director consiguió que su entrevistado se sintiera con la suficiente confianza como para narrarle su vida, sus glorias pasadas y su desolación presente.   

«Y me caía muy mal, además, y a mí me gusta acercarme a la gente que me cae mal, me parece un ejercicio interesante, ahí he descubierto amigos muy interesantes».

«Hice un trabajo de inmersión, nunca le dije a él lo que estaba haciendo. El ahora ya lo sabe», cuenta el director. No fue tarea fácil ganarse la confianza de ‘Quinto’ pero, cuando finalmente lo logró, Carmona obtuvo la información necesaria para el guion y la obra.  

El olor de la soldadura es adictivo

‘Quinto’ le contó a Carmona su historia, la vida de un colombiano que estudió soldadura en el SENA, ganaba un salario descomunal que luego malgastaba y vivió gran parte de su vida tejiendo  los oleoductos que atraviesan este y otros países.

También le contó a Carmona sobre muchos de los mitos que giran alrededor de las funciones de estos túneles subterráneos. Entre los más populares se cuentan que servían de canales para sacar droga y hasta electrodomésticos a países en donde se podían vender mucho más costosos. «Se llega incluso a decir que era el mismo gobierno quien sacaba la droga», pues no se tienen evidencias oficiales al respecto.

«Yo ayudé a construir las venas que desangran este país»

Esta es la historia de un hombre solitario, cuyo estilo de vida no es muy diferente al de sus excompañeros. Quienes se dedicaron a esta labor pasan sus últimos días solos, fueron abandonados por sus esposas e hijos, pues nunca pudieron anteponer sus familias a su profesión y «su vida se fue por un tubo». También es la historia de un desempleado de más de 60 años, porque luego de esta edad ya no los contratan; no hay quien los asegure y, sin seguro, no hay empleo.

Pero es contando esta historia que su pasado retorna a la vida una y otra vez. Son las experiencias las que dan la sensación de estar vivo y, para Quintiliano, la experiencia de contar su vida e inmortalizarla sobre las tablas es la que lo invita a contemplar de nuevo su vida en cada función.