Texto: Daniela Rico

Ilustraciones: Daniela Ruano

Al ingresar a la universidad literalmente cambió mi vida desde cómo pensaba sobre algunas cosas hasta mi forma de ver el mundo; me encontré con un contexto mágico e impresionante, me encontré con la lucha social y después, fui a mi primera protesta, a mi primera marcha, en mi primer semestre de universidad. En ese momento ¿la verdad? No recuerdo el motivo de la marcha, pero igual en un país con un presupuesto cuestionable para la educación y la salud en comparación con el dinero utilizado para financiar la guerra, pudo haber sido cualquier cosa.

En fin, recuerdo la emoción de sentir que algo se encendía dentro de mí, ver que cientos de personas tan distintas piensan como tú, luchan por lo que tu luchas y quieren lo que tu quieres. Fue hermoso para mi ver tanta liberación, ver una comunidad tan joven empoderada y por primera vez sentir que estás luchando y aportando un granito de arena por un mejor futuro para tu país.

Con la Gafas moradas puestas no podemos ignorar la realidad que se nos presenta

Desde esa primera marcha han pasado cientos más en mi vida. Y luego los feminismos me encontraron, y se sumaron a mí más motivos muy fuertes por los cuales salir a las calles, me volví activista y junto a mis amigas empezamos a realizar actividades y a pronunciarnos cuando el contexto lo requería. El ser feminista nos lleva a reconocer que la protesta, como todo en la vida, nos afecta de manera diferencial a las mujeres y a las diversidades sexuales, nos encontramos con que los espacios de protesta a veces son poco seguros, como lo son las calles, las discotecas, las instituciones educativas y casi cualquier lugar que habitamos.

Daniela Ruano

Y es que con la Gafas moradas puestas (metáfora de la perspectiva feminista) no podemos ignorar la realidad que se nos presenta, desde arengas misóginas, homofóbicas, hasta acoso y casos de violación, provenientes de los mismos compañeros que también “quieren un cambio para la sociedad”. Compañeros que nos violentan y quienes cada vez que denunciamos se protegen bajo el “pacto de silencio patriarcal”.

Nosotras no sólo tenemos que aguantar el machismo por parte de las autoridades (Miembros del ESMAD), Como lo vivieron nuestras compañeras Luisa y Johana durante del paro Nacional 2021 en la ciudad de Manizales, cuando con intención acosadora e intimidatoria, les dijeron: “Que lindas que son ustedes, lástima que sean tan revoltosas y guerrilleras” además, también debemos soportar que nuestros propios compañeros de marcha, luego de haber caminado por horas juntos, de haber recibido gases juntos y resistido al ESMAD, ellos mismos, nuestros compañeros, agredan a nuestras compañeras, como sucedió al parecer debido a que la apariencia de ellas no entraba en sus estándares machistas y patriarcales del como debe ser una mujer. Y lo peor es que ninguno de ellos reconoce haberla embarrado, ni ofrecen excusas y mucho menos se percatan de lo que reproducen. 

Si hay una comunidad que ha resistido, de manera interseccional, a la violencia ha sido la LGBTIQ+

Así que para resistir a la violencia machista en la lucha social, como en todos los escenarios, hemos tenido que recurrir a nuestra mayor arma, la SORORIDAD y varios grupos de mujeres colectivizadas y totalmente independientes que se han unido bajo una consigna denominada “MINGA DE MUJERES” Un espacio en el que marchamos juntas y juntes y nos comprometemos a cuidar no solo nuestra integridad física sino también, la de nuestras compañeras que, como yo, también quieren marchar y resistir en las calles ante este sistema represivo y patriarcal.

En nuestro grupo de compañeras no solo marchamos juntes, sino que además, hemos deconstruido las arengas y nos comprometimos a no seguir perpetuando, por medio de los cantos, el machismo, la misoginia y la homofobia. Hemos llevado el paro a los barrios y estamos intentando que las mujeres y las maricas que quieren marchar en Manizales nos sintamos seguras y protegidas, porque en manada siempre nos va mejor.

Debo reconocer que personalmente ya me siento extraña cuando estamos con otro “parche» y empiezan a cantar arengas misóginas y homofóbicas, y es que como en todo, ya lo reconoces, así que simplemente no lo puedes ignorar.

Daniela Ruano

En este último paro hemos visto mujeres en primera línea (como en cada lucha popular de la historia), y a mi, personalmente, no me parece coherente que como sociedad le sigamos diciendo a la policía “mujercitas” para intentar ofenderlos, cuando las mujeres estamos junto a ellos luchando, y menos decirles Maricas, porque si hay una comunidad que ha resistido, de manera interseccional, a la violencia ha sido la LGBTIQ+, y si ser marica en esta sociedad es sinónimo de algo, es de fuerza, dejemos de utilizar el ser mujer, gay, lesbiana o trans como un insulto, no sigamos perpetuando la violencia de esta forma. Porque el cambio se logrará con las mujeres y las maricas o no será real, así que extendemos la invitación, no solo a que luchen y aporten su granito de arena para el cambio, sino a que en el camino no violenten o le hagan daño a nadie más.

Nadie nace deconstruida o deconstruido, es un proceso y la verdad no es tan fácil, pero como sociedad tenemos la responsabilidad de educarnos para reconocer a lxs demás, para que alcancemos una equidad. Intenten cambiar esas arengas misóginas, puede ser un plan divertido con sus amigues, por ejemplo pueden crear sus propias arengas o pueden inspirarse en internet. En este mundo machista debemos despatriarcalizar todo, incluida la protesta, desde nuestros pensamientos hasta nuestros actos, pero podemos hacerlo buscando amigues, en compañía el camino será menos aburrido.

Daniela Ruano