Texto por Jessica Castaño Urdinola

Imágenes por Arre Tijera

Suena el despertador, abrimos nuestros ojos y una de las primeras acciones que este tiempo nos impone como necesidad, es revisar el celular. Aparece una nueva noticia de una mujer asesinada, que ojalá nunca sucediera, que ojalá no se volviera una cifra más, que quisiéramos que fuese una noticia aislada, pero no, es un hecho que parece una pesadilla que no para de repetirse, por más que intentemos soñar con cosas distintas.

Así conmemoramos cada 25 de noviembre en Colombia y el mundo, el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las Mujeres, fecha declarada por la Asamblea General de Naciones Unidas en 1999, para recordarnos que este sigue siendo un reto en nuestras sociedades, incluida la manizaleña y la caldense, que no logra escapar a esta dinámica profundamente patriarcal y violenta.

Foto Andres C. Valencia – Revista Alternativa

El 25 de noviembre de 1960, Minerva, María Teresa y Patria Mirabal, tres hermanas de República Dominicana reconocidas como “Las Mariposas”, fueron brutalmente asesinadas por oponerse a la dictadura de Rafael Trujillo, en medio de una sociedad y un tiempo que veía con malos ojos la participación política de las mujeres. A partir de este hecho, Naciones Unidas toma la decisión de declarar esta fecha como la gran conmemoración para recordarnos que nadie debería asesinarnos por ninguna razón, y menos por el hecho de ser mujeres.

Parece increíble que las mujeres aún tengamos que luchar por una vida libre de violencias y gritarle al mundo que es nuestro derecho. ¿Acaso no es obvio que merecemos la vida? ¿acaso tenemos que aclarar que debería ser posible vivir dignamente? Infortunadamente, nuestro territorio no escapa a la violencia patriarcal y las mujeres seguimos atrapadas en rutas que a veces parecen laberintos sin salida, y en los momentos donde logramos encontrar un punto de llegada, nos topamos con la impunidad como resultado.

Así lo explica Ana María Mora, abogada de la Defensoría del Pueblo en el Área de Mujeres y Asuntos de Género: “hay una suerte de desconexión entre los sectores, no hay una continuidad en las rutas de atención que inician, ya sea por Comisaría o por Fiscalía o por el sector salud normalmente, pero no hay una correcta remisión, (…) no hay una verificación de que sí se haya atendido a la persona en el otro sector, entonces, eso genera que las personas tienen que ir nuevamente de un sector a otro porque no reciben la atención o porque tienen alguna negativa”. Sumado a lo anterior, la abogada Mora afirma que la respuesta de las comisarías, por ejemplo, son lentas o inoportunas, lo que agrava las situaciones de violencia donde se pone en riesgo la vida misma de las mujeres.

Silencio – arre tijera

En el último boletín, publicado por la Dirección Territorial de Salud de Caldas en octubre del año en curso, titulado “Violencia de género e intrafamiliar y ataques por sustancias químicas”, se registran cifras alarmantes. Por cada 2 hombres violentados, hay 9 mujeres violentadas en el departamento de Caldas a octubre de 2022. Este año van 2.940 denuncias por violencias basadas en género en este Departamento, de las cuales el 51,6% responde a violencia física y el 33% a violencia sexual. Estas son las cifras oficiales, pero vale la pena preguntarnos por el subregistro y por los casos que no alcanzan a denunciarse en los territorios más alejados.

Patricia Urbina, socióloga y profesional universitaria en la Dirección Territorial de Salud de Caldas, afirma que: “seguimos viendo que la mayor parte de los casos se atienden de la cabecera municipal, o sea, hay unas dificultades todavía muy grandes para llegar al área rural a las mujeres del campo que viven mucha violencia, pero las instituciones estamos muy lejos de las mujeres del campo para poder brindarles las ayudas”. Si a esto le sumamos que la mayoría de las violencias suceden dentro del hogar, sigue quedándose el 25N en una fecha conmemorativa que solo nos recuerda lo mal que estamos, pero que, de fondo no está resolviendo el problema de raíz.

Urbina también menciona que la capacidad institucional para activar la ruta intersectorial es muy débil, lo cual impone barreras desde el sector salud y para que las mujeres accedan a la justicia, y lo claro es que algunas nunca llegan a verla siquiera de cerca. En Colombia en el último año, de acuerdo con el último informe del Observatorio de Personas Trans Asesinadas, 22 vidas de mujeres trans fueron acabadas violentamente y ni siquiera estamos hablando de esto como un tema protagónico en nuestras conversaciones cotidianas, y menos en las agendas institucionales.

Hermanas Mirabal: desearíamos decirles que el mundo, 62 años después de su asesinato, es un lugar mejor y más seguro para nosotras, pero no lo es. Al contrario, parece volverse más hostil y peligroso, y así lo sentimos en las calles, en los espacios educativos, en nuestros trabajos, incluso en las organizaciones sociales a las que nos sumamos e increíblemente, de forma más fuerte en nuestras propias casas, dentro de las habitaciones que aún no sentimos nuestras, que aún no son las habitaciones propias de las que habló Virginia Woolf.

La muerte – arre tijera

El miércoles 23 de noviembre de 2022, la familia de Danna Sofía Alzate Galvis, niña de 6 años que fue violada, asesinada y su cuerpo arrojado al Río Chinchiná, estaba enterrando su cuerpo y despidiéndose de ella después de serles arrebatada de la manera más violenta. Durante el acto, personas le gritaron a la madre que ella era la culpable de su muerte e intentaron lincharla. ¿Podemos llegar a imaginar lo que siente una madre que mientras despide a su hija es acusada de descuido por su muerte?.

Violador – arre tijera

Las mujeres somos tildadas como culpables de lo que nos pasa: de que violen nuestros cuerpos, de que nos acosen en la calle, de que nuestras parejas nos violenten, de que nuestros padres se crean nuestros dueños, de que nos maten por estar o no estar con alguien, de supuestamente no haber denunciado a tiempo, de ser “malas madres”, de no haber visto las supuestas señales… no somos dueñas de nuestra vida, pero sí somos culpables de nuestra muerte. No solo no merecemos una vida digna de ser vivida, sino que además, nuestras muertes no merecen ser lloradas porque siempre seremos las responsables.

Hermanas Mirabal: este 25N seguimos llorando a nuestras muertas, pero también podemos asegurarles que seguimos en pie, estamos siguiendo el vuelo que ustedes, Las Mariposas, nos inspiraron a continuar. Estamos organizadas, nos estamos juntando, seguimos resistiendo porque no contarán con nuestro silencio y porque creemos esperanzadamente en nuestra creatividad infinita, nuestra ternura radical y la insaciabilidad de nuestros deseos.

El platillo – arre tijera

Ya lo decía el Ejército Zapatista de Liberación Nacional: “Si el mundo no tiene lugar para nosotr@s, entonces otro mundo hay que hacer. Sin más herramienta que la rabia, sin más material que nuestra dignidad. Falta más encontrarnos, conocernos falta. Falta lo que falta”.