La memoria afro a través de la reencarnación de la madera

17 Noviembre, 2016 by Erika Pinilla Montes

La semilla del cedro negro, mejor conocido en Suramérica como nogal, es una nuez que se planta en arena húmeda por 4 meses. A paso lento y tras horas, días y meses, este árbol crece despacio hasta alcanzar incluso los 40 metros de corteza roja parda que acompañan unas hojas ovaladas de borde aserrado. La madera es dura y durable, lo que la hace muy cotizada para manos como la de Pablo Wilson Córdoba Saa, un caleño de raíces chocoanas que da vida a la cultura afro a través de este material.

Fotos: Luis Suárez

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Empezó a esculpir empíricamente, luego comenzó a interesarse por el arte en general y entró al Instituto Popular de Cultura de Cali (IPC), donde estudió Artes Plásticas con énfasis en escultura. “En un momento de mi vida sentí que me faltaba algo y fue entonces que descubrí que la talla me apasionaba tanto y era mi complemento que hasta mi estado de ánimo cambió, porque cuando haces algo que te gusta y con pasión sos una persona realmente feliz”, cuenta este escultor apasionado. La madera que utiliza para sus esculturas es de la vegetación del Valle, en la que se encuentran el Cedro ecuatoriano, Cedro Caquetá, y el Cedro Negro, constituyendo la mezcla de estos dos últimos un factor esencial para su estilo barroco.

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Las gubias son herramientas de mediacaña que utilizan los carpinteros, tallistas y demás profesionales de la madera para las obras delicadas, con estas Pablo moldea su historia, la de las personas que lo rodean, el paisaje del Valle y la memoria afro-descendiente. “El comercio europeo en sus momentos quiso extinguirnos al momento de arrancarnos de nuestras tierras y esclavizarnos, ahora podemos revivirnos, mostrar que somos personas con carácter y criterio, defendernos y hacernos valer”, sentencia Pablo.

En una de sus obras, unas rosas rojas danzan entre ramas y hojas con ánimo de seducir a los ojos que se fijen en ellas. En medio de ese baile de pétalos y espinas, unos gruesos labios rojos se alzan delicados para hipnotizar con su habla, canto o tacto. En otras creaciones, los peces, lagartijas y cuerpos voluptuosos de mujeres morenas se apoderan de la textura de la madera para reflejar por medio de protuberancias y detalles, la vida de Pablo, su legado afro, sus sentimientos y preocupaciones.

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La mayoría del trabajo de Pablo Wilson tiene una línea afro marcada, entre los detalles más representativos están los rasgos de las personas negras como labios gruesos o narices anchas, sus expresiones faciales, los turbantes de colores e inclusive los movimientos del cuerpo.

“Hay trabajos a los que uno le coge tanto cariño que no los pone a la venta”, relata señalando 4 mujeres talladas en madera que son sus familiares. Este mosaico en el que predominan los colores patrios, retrata cuadro por cuadro la mujer negra en distintas edades y personalidades. Una de ellas es más joven, aparenta unos veintitantos, está tallada de forma coqueta y más inocente. Las otras resaltan por sus turbantes coloridos, la posición de sus manos: o reservadas o autoritarias, y sus collares y aretes de gran tamaño. Pablo detalla también que los artistas no buscan reflejar lo exterior sino lo interior en un retrato, y es por eso que una de sus parientes encontró peculiar e incluso “fea” su imagen, y él explica con humor que se debe a su personalidad arrogante.

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Una escultura de gran tamaño sobresale en la muestra artesanal del Festival Petronio Álvarez en el que Pablo Wilson debutó este año, se trata de una “típica mujer negra sumisa”, a la que confunden con alguien que está triste, pero que en realidad está pensativa; y con lágrimas que empaparon la cara de alegría unos minutos atrás, Pablo rememora que esta escultura está basada en su fallecida tía caracterizada por ser reservada.

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Define su trabajo como “la reencarnación”, puesto que la madera pasa a tener otra función. Actualmente está en un proceso investigativo en el que incursiona en la madera de la vegetación valluna que corta el Dagma (Autoridad Ambiental de Santiago de Cali), cuenta que es la manera más adecuada para hacer su trabajo, ya que estos árboles al tener un tiempo de vida que oscila entre los 50 y 55 años, no están en riesgo de extinción.

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ESCRITO POR Erika Pinilla Montes
Amante empedernida de las letras, las notas y las sonrisas. Mis terapias son el cine y la música
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