Jacobo Giraldo encontró una película en un espejo sucio (1)

Jacobo Giraldo encontró una película en un espejo sucio

Una habitación pequeña en España, las ganas de volver a caminar por Manizales y los videos que su papá grababa cuando salían por un helado atraviesan Cómo limpiar un espejo. Hablamos con su director sobre aprender a vivir solo, hacer amigos frente a una cámara y cortar las escenas de las que uno se enamora.

Autor: Andrés F. Rivera Motato Fotos: MA Films

El  título del corto, Cómo limpiar un espejo nace de una duda doméstica. Jacobo Giraldo Ruiz vivía por primera vez fuera de la casa de sus papás, ocupaba una habitación pequeña en España y un día encontró el espejo del baño sucio.

Por esos días escribía con dos amigos del colegio una historia sobre Tomás, un joven que está a punto de mudarse a Bogotá. El personaje carga con la culpa de haber traicionado a su mejor amigo y juzga a su madre por una situación parecida. Frente al espejo, Jacobo encontró el reflejo o conexión con las acciones.

Hasta entonces, el guion se llamaba La fiesta de Tomás. El nombre servía para identificar el archivo mientras encontraban algo mejor. 

Cómo limpiar un espejo se presentará este 25 de septiembre, a las 7:00 p. m., en el auditorio del Colegio Seminario Redentoristas, como parte de la Feria Internacional de Cine de Manizales (FICMA). 

jacobo Giraldo tiene 28 años, estudió Diseño Visual en la Universidad de Caldas y se especializó en dirección de fotografía en España. Trabaja entre Manizales y Bogotá haciendo publicidad, videoclips y proyectos personales. Su segundo cortometraje lo llevó de regreso a los lugares de su adolescencia, El Cable, Milán, Cerro de Oro. En la conversación aparecen las vueltas con los amigos, las despedidas y una ciudad que empezó a extrañar mientras vivía lejos.

Vos trabajás haciendo comerciales y contenido para marcas. ¿Dónde entra el cine en todo eso?

Mi trabajo del día a día está en la publicidad, pero el cine siempre ha estado dentro del foco de mi carrera. Llevo unos años escribiendo y haciendo cortometrajes. También hago proyectos personales. Me gustan mucho los ensayos y los retratos documentales, trabajar con material de archivo de mi familia.

Empecé jugando en el colegio, en 2014 o 2015, haciendo ejercicios con amigos. Cuando entré a la universidad escribí un corto que hice por mi cuenta. Mis papás me dieron una mano para terminar de financiarlo. En 2019 me presenté por primera vez al Fondo para el Desarrollo Cinematográfico y ganamos el estímulo para Umbral, que se estrenó en 2021 en Bogoshorts. En 2023 volvimos a presentarnos con Cómo limpiar un espejo.

¿Tuviste que irte de Manizales para empezar a escribir sobre ella?

Estando lejos empecé a extrañar muchísimo vivir en una ciudad pequeña. Hice la universidad viviendo con mis papás y, cuando terminé, trabajé un tiempo y después me fui a especializarme. Allá aparecieron muchas ideas.

Siempre me ha interesado hablar de las juventudes desde una mirada un poquito más madura, nostálgica, si se quiere. No me considero viejo, pero el paso de mi adolescencia a la vida adulta ha estado marcado por situaciones importantes. Esta historia nació pensando en los últimos días antes de viajar: despedirme de mis amigos, de mis papás y recorrer esos espacios por los que había pasado durante tantos años.

¿Qué Manizales querías guardar en el corto?

La de nuestras vidas personales, la de lo cotidiano. Esos momentos en los que salimos con amigos a dar una vuelta a pie, en carro, a tomarnos una cerveza en cualquier esquina.

Quería plasmar un pedacito de Manizales, cómo vivimos nuestra adolescencia. Pasamos por El Cable, Cerro de Oro, Milán. También quería mostrar esa cercanía entre lo urbano y la naturaleza: uno puede estar en la avenida Santander y después llegar al Bosque Popular, que es un espacio completamente abierto.

Crecemos en barrios distintos y vemos la ciudad desde perspectivas diferentes, pero hay lugares que muchos hemos recorrido.

Para encontrar a esos jóvenes vieron unas 160 personas. ¿Qué estaban buscando?

Personas que representaran de una manera auténtica a Manizales. Que se sintieran reales, que no fueran una caricatura del manizaleño. No buscábamos necesariamente gente con experiencia en actuación.

Salimos a la calle, hicimos convocatorias por redes y organizamos las pruebas con dos amigos. El proceso tomó unos cuatro o cinco meses. Hubo muchísimos perfiles que nos gustaron; escoger implicó confiar en el instinto de los tres.

Queríamos encontrar personas que conectaran bien con sus emociones. Una de las cosas que más le resalto al proyecto es la actuación de esos tres jóvenes y la relación que logramos construir.

Porque, además, ellos no eran amigos.

No se conocían. Ahí apareció otro reto: hacerlos amigos. Quería grabarlos de una manera en la que sintieran que no estaban actuando. Nunca habían tenido un equipo de grabación detrás y éramos unas treinta personas al otro lado de la cámara.

La idea era generar un espacio donde ellos pudieran existir siendo amigos y nosotros capturar eso. Por eso fue tan importante organizar los ensayos y preparar la actuación que estábamos buscando.

¿Y todo eso había que rodarlo en cuatro días?

Sí. No teníamos presupuesto para rodar mucho más. En ese momento hubo equipos que tuvimos que traer de afuera, porque todavía no había tanto acceso a cámaras, ópticas y luces en la ciudad.

Nos preparamos muy bien: ensayos, plan de rodaje, visitas a las locaciones con arte y vestuario. Teníamos el tiempo justo para grabar las escenas del guion.

Afortunadamente, el clima ayudó. Buscábamos esos atardeceres tan característicos de Manizales y el día que rodamos en la parte rural nos hizo uno muy bonito.

Después vino el montaje. ¿Qué tan duro fue cortar cosas que habías querido filmar?

Fue uno de los retos más grandes. Yo estaba enamorado de muchas ideas, pero cuando las veíamos en el computador no funcionaban. Tomar esas decisiones implica hacer sacrificios creativos y confiar en que la historia puede funcionar sin ciertas escenas.

Después del rodaje paramos unos dos meses para respirar. Empezamos a montar hacia finales de mayo de 2024 y estuvimos hasta diciembre. Nos reuníamos periódicamente, más o menos cada quince días. Queríamos encontrar la versión que le diera más fuerza a la historia.

Después vinieron la música, el color y el diseño sonoro. Es un proyecto que empecé a escribir en 2022 y que ha tenido varios años de vida.

Volvamos al baño. ¿Cómo terminó un espejo sucio dándole nombre a todo eso?

En España coincidí con mi mejor amigo del colegio y otra gran amiga. Vivíamos en la misma ciudad, aunque no juntos, y nos reuníamos mucho a escribir. Le habíamos puesto La fiesta de Tomás como título provisional.

Era mi primera vez viviendo solo. Un día entré al baño, vi el espejo muy sucio y pensé cómo se limpiaba. Lo conecté con la historia: Tomás siente culpa por traicionar a su mejor amigo, pero juzga a su mamá por una situación muy similar. Ve su propia situación reflejada en las acciones de ella.

En mi cabeza tuvo mucho sentido. Cuando se lo conté a mis amigos, les gustó muchísimo. Ahí quedó Cómo limpiar un espejo.

Ya con la película terminada, ¿cómo se consigue que alguien la vea?

Con mi primer corto hice la distribución por mi cuenta. Todavía no tenía mucha experiencia y no conseguí una empresa interesada en distribuirlo.

Para este ya tenía un directorio de distribuidoras cuyo trabajo me gustaba. Lo envié a unas diez y dos se interesaron. Hay empresas que buscan historias muy particulares. Dimos con Films on the Road, de España, que trabaja con cine de autor y directores emergentes.

Ellos organizan la ruta y buscan los festivales donde el corto puede conectar. Uno sueña con llegar a los más grandes, pero también hay espacios pequeños y especializados donde una historia puede encontrar a su público.

¿Te cambió la idea de hasta dónde querías llegar?

Sí. Antes de empezar tenía unas ideas, pero el camino nos ha mostrado que el corto tiene una vida distinta. Ahora me interesa que llegue a espacios donde mucha más gente pueda verlo y conectar con él, sea al otro lado del mundo o en Manizales.

Me entusiasma que llegue a salas. Trabajamos mucho el sonido para eso. Después me gustaría encontrarle una casa en alguna plataforma, pero todavía es incierto.

¿Qué te mueve de mostrarlo en Manizales?

Amo Manizales con todo mi corazón. Este corto también es una carta de amor a la ciudad, que siempre está como un personaje en el fondo.

Me da mucha ilusión ver esos espacios en una pantalla grande. El equipo es en su mayoría de Manizales y esta también es una oportunidad para reunirnos a verlo. Ya había podido mostrárselo a algunos, pero no a todos.

Cuando te pregunté por tus referentes terminaste hablando de tu papá. ¿Qué había en esas grabaciones?

Mi papá no es cineasta, pero tenía una cámara con la que nos grababa muchísimo a mi hermano, a mi mamá y a mí. En esos videos veo la casa, lo familiar y también muchos espacios de la ciudad. Salíamos a comernos un helado y él llevaba la cámara.

Ese archivo es un referente muy importante para mí. En este corto traté de hacer un poco eso que hacía mi papá. Además de las escenas del guion, grabé a los actores existiendo en otros espacios. Salía con otra cámara a registrar la ciudad para representarla de otra forma.

Admiro profundamente a quienes hacen cine en Manizales. Es un gremio pequeño y nos vamos turnando: alguien dirige y en otro proyecto hace cámara o montaje. Todos tienen sus propias historias. Pero esos videos familiares son una de las cosas que más me han marcado.

Cómo limpiar un espejo se presentará este 25 de septiembre, a las 7:00 p. m., en el auditorio del Colegio Seminario Redentoristas, como parte de la Feria Internacional de Cine de Manizales (FICMA).

Director: Jacobo Giraldo Ruiz
Guion: Jacobo Giraldo Ruiz, Rafael Trujillo Londoño y María Cuellar Uribe.
Fotografía: Juan Bosco Urbán
Dirección Artística: Hugo Blandón
Sonido: Daniel Nassar
Montaje: Juana Castro
Música: Santiago Mejía
Vestuario: Valentina Alzate
Maquillaje/Peluquería: Valentina Alzate
Efectos especiales: N/A
VFX: N/A
Dirección de Producción: Vicente González Monroy
Reparto: Pablo Arango, Isabela Salgado, Leonardo Bedoya y Sandra Beltrán

Autor:

Andrés F. Rivera Motato

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