Texto por: Andrés Felipe Rivera Motato
Fotos por: Andres C. Valencia – Giovanny Gálvez – Juan Jose Peñaranda
Durante toda esta edición de la Feria de Manizales, la bruma bajó, el frío caló, la neblina se posó y la lluvia no cesó sobre las graderías de la Media Torta de Chipre, que obligó a acercarse, a juntarse, a compartir el calor. Los cuerpos se refugiaron unos con otros mientras el sonido comenzó a tomar forma. Sin afán, la lluvia dejó ganas de quedarse y pasar una noche al ritmo del Hiphop.
La Media Torta vuelve a ser lo que ha sido por décadas para el hip hop en Manizales: punto de encuentro, espacio cultural, territorio ganado a pulso. Allí, donde muchas escenas locales aprendieron a encontrarse, el rap vuelve a tomar la palabra frente a más de quinientas personas que no llegaron por curiosidad, sino por pertenencia.
El evento Manizales HipHop se vivió como un tejido, freestyle, shows en tarima, artistas locales, invitados nacionales, público joven, familias, parches enteros que se reconocen en una escena que está viva y respirando.
La plaza como escuela
El frío concentró la energía. Desde temprano, los beats empezaron a rodar y la tarima se convirtió en una extensión del King de la Plaza. El freestyle se vivió como lenguaje común. Las rimas circularon, se respondieron, se cruzaron. No hubo una sola forma de habitar el rap para este día.
En escena aparecieron nombres que ya comienzan a marcar huella en la ciudad: Eron VMC, Manilaz, Ab Fnx. Artistas locales que sostuvieron durante el día un espacio construido con constancia. El rap local sorprendió incluso a quienes no venían de esa escena; estructuras sólidas, presencia escénica y respuesta inmediata del público. Hubo oficio.
La Media Torta funcionó como una escuela abierta. No formal ni académica, pero sí exigente. Allí se aprendió desde la escucha, improvisando, fallando y volviendo a intentar. El público lo entendió así. No abandonó a los artistas locales. Acompañó, respondió y celebró. Hubo gratitud mutua.
De la calle al pensamiento
Entre los invitados nacionales está El José, artista que carga en su discurso una reflexión profunda sobre el rap como proceso vital. Con una historia desde la transformación.
“El rap llegó a mi vida en un ambiente muy nocturno, experimentando todo lo que se ve en la calle”, dice, recordando sus primeros años entre Ríonegro y Medellín. No idealiza la calle, Pero la reconoce como espacio de aprendizaje, de contradicción, de contacto con realidades duras y humanas al mismo tiempo.
Con el paso del tiempo, la madurez aparece sin borrar la esencia. “El José sigue siendo el José… pero las líricas cambian, porque uno cambia”. Para él, el rap no es solo expresión emocional, es pensamiento elaborado. Un lugar donde las ideas encuentran coherencia, donde la cotidianidad se transforma en relato consciente.
Su discurso cruza territorios que muchas veces se ven como opuestos: la música y la academia, la matemática y la rima. “Todo está más conectado de lo que uno cree”, afirma. Para El José, el razonamiento lógico, la estructura, la coherencia, también están en el rap. No como rigidez, sino como forma de ordenar el mundo.
Pero quizá su mensaje más potente no está en la técnica, sino en la insistencia, escribir una línea y seguir. “Lo único que toca hacer es seguir haciendo líneas”. Una idea sencilla que resume el oficio del rap y, también, el de cualquier proceso creativo.
El rap, aunque profundamente introspectivo, nunca es solitario. Viajar, conocer otras ciudades, encontrarse con otras escenas, hace parte del crecimiento. En Manizales, esa red se siente viva. “Cuando llegué acá, me recibieron raperos… y eso es mucho amor”, dice El José, reconociendo una conexión que no se impone, sino que fluye.
Volver y encontrar más gente
Para Realidad Mental, volver a la Media Torta fue una medida del crecimiento. La primera vez que estuvo allí, el público era otro. Hoy, la plaza triplica su aforo.
“Cada vez el show es más grande, más profesional… pero con el mismo corazón”, afirma. Para él, cuando el corazón se pierde, todo se pierde. La técnica, el dinero, la visibilidad, no sirven si la pasión se diluye.
Realidad Mental habla desde la experiencia de quien ha construido su camino con disciplina. Escritura obsesiva, trabajo artesanal, autogestión. “Mientras otros se iban a farrear, yo me iba a escribir”. El rap aparece como primer amor. Ese que exige tiempo, entrega y renuncias.
La novedad de la jornada llega con un invitado especial traído por Realidad Mental: Penyair, quien sube a la tarima y confirma lo que ya se siente en el ambiente, Manizales es una plaza fuerte. Hay raperos sólidos, freestylers serios, ganas de colaborar y construir.
Manizales HipHop fue una muestra de lo que pasa cuando se sostienen espacios para la juventud, cuando se confía en los procesos locales, cuando la ciudad entiende que la cultura no se impone desde arriba, sino que se cultiva desde abajo. El público joven que llena la plaza no llega por moda. Llega porque encuentra sentido, identidad, posibilidad.
Le puede interesar:































