Lluvia, aplausos, reencuentros y grandes historias marcaron la jornada dominical, que volvió a llenar de teatro la capital de Caldas.
Lágrimas, miradas de admiración, alegría y reencuentros familiares marcaron el segundo día del Festival Internacional de Teatro de Manizales, que en su edición 58 volvió a convertir la ciudad en un punto de encuentro alrededor de las emociones, las historias y el arte.
Tres escenarios de sala y una calle convertida en territorio para las piruetas, las carcajadas y el asombro dieron vida a una jornada en la que la lluvia no consiguió apagar el entusiasmo. Propios y visitantes buscaron un lugar desde el cual dejarse llevar por las historias, ya fuera en una butaca o sobre la hierba, donde el teatro también encontró la manera de acercarse al público.
La programación del domingo desplegó un repertorio de contrastes: las propuestas escénicas de España, la energía del circo chileno, una adaptación de Pinocho llevada al contexto cafetero y una mirada al pasado colonial y a la dictadura portuguesa. Cuatro universos distintos que encontraron en Manizales un escenario común para despertar preguntas, provocar sonrisas y abrir nuevas conversaciones.
En las salas, las historias atravesaron generaciones y pusieron sobre la mesa asuntos como la familia, la memoria y la migración. En las calles, el cuerpo, el movimiento y el humor hicieron del espacio público un lugar para compartir. Así, cada función tuvo su propia manera de convocar al público y demostrar que el teatro también sucede en las reacciones, los silencios y los encuentros que deja a su paso.
Manizales vibra al ritmo de la cultura en una de sus semanas más representativas. Mientras avanzan las funciones de esta edición, miles de espectadores ya se han encontrado con ese bichito del teatro que invita a salir, mirar de otra manera y descubrir que, detrás de cada historia, siempre hay una emoción capaz de reunirnos.
Así transcurrió la jornada:
Cafeto: el teatro que también se vive en familia
El teatro también puede convertirse en una conversación entre padres e hijos. Eso ocurrió en Confa, donde Cafeto puso sobre el escenario una historia pensada para llegar a las familias y hablarles, desde el arte, de una realidad que también atraviesa a niños, niñas y adolescentes.
La obra, creada por la Corporación Hablando por los Niños (Manizales) bajo la dirección de David Carmona, nació como una herramienta de intervención familiar en instituciones educativas. Su propósito es abordar la prevención del reclutamiento de menores para la venta y el consumo de sustancias psicoactivas dentro de los colegios, pero su apuesta va más allá de entregar información: busca abrir conversaciones y tocar las fibras de quienes acompañan a los niños en su vida cotidiana.
Al terminar la función, el público —en su mayoría padres y madres que llegaron acompañados de sus hijos— salió conmovido. El mensaje sobre los valores y la importancia de acompañar a los más pequeños encontró una respuesta especial entre las familias, demostrando que el teatro puede ser también un espacio para encontrarse, conversar y reconocer juntos los desafíos que enfrenta la infancia.
“Gracias a la dirección de David Carmona logramos sacar adelante esta puesta en escena, que utilizamos como estrategia para hacer intervención familiar en las instituciones educativas. Nuestro objetivo es prevenir el reclutamiento de niños, niñas y adolescentes para la venta y el consumo de sustancias psicoactivas dentro de los colegios”, dijo Luz Nancy Rodríguez Sánchez, de la Corporación Hablando por los Niños.
“Queremos tocar las fibras de las familias, porque el mensaje no se lo podemos llevar solamente a los niños y a las niñas. Qué mejor manera que hacerlo a través del teatro y con la familia. También estamos apostándole a las escuelas familiares, para que los niños no solamente se lleven la información, sino que sus papás también hagan parte de esa conversación. Y a quienes todavía no han asistido a las salas del Festival Internacional de Teatro de Manizales, la invitación es a salir, ver teatro y dejarse picar por el bicho del teatro”, agregó Luis Sánchez, de Hablando por los Niños.
Portugal no es un país pequeño: las voces que regresan de la historia
La historia también puede contarse desde la memoria de quienes la vivieron. Portugal no es un país pequeño, de la compañía Hotel Europa, llegó al Festival Internacional de Teatro de Manizales con una mirada sobre la dictadura portuguesa y la presencia colonial de Portugal en África a través de las experiencias de quienes estuvieron allí.
El montaje se construye a partir de testimonios reales de antiguos colonos portugueses, recogidos durante un proceso de investigación que combina entrevistas y revisión histórica. Sus recuerdos permiten reconstruir las experiencias de quienes vivieron en África durante el periodo colonial y acercarse a las transformaciones que atravesó Portugal con el final de su presencia colonial en ese continente.
Con dirección de André Amálio y Tereza Havlíčková, la obra convierte esas memorias en materia escénica y plantea una reflexión sobre la manera en que las sociedades recuerdan su pasado. Las voces personales permiten acercarse a un capítulo complejo de la historia reciente de Portugal y muestran cómo los recuerdos pueden permanecer, transmitirse entre generaciones y contribuir a reconstruir identidades.
El Teatro El Galpón fue un espacio para escuchar esas voces y volver sobre una historia que todavía tiene preguntas abiertas. Portugal no es un país pequeño encontró en Manizales un público dispuesto a acercarse a la memoria desde una mirada documental y a reconocer en los testimonios individuales las huellas de un pasado que continúa presente.
El viaje de Suleimán llevó al escenario la historia detrás de las cifras
Hay historias que suelen aparecer en las noticias convertidas en cifras, estadísticas y titulares. El viaje de Suleimán, de Unahoramenos Producciones (España), hizo el recorrido contrario: llevó al escenario el nombre y la historia de uno de tantos jóvenes que abandonan su territorio en busca de una oportunidad para cambiar su vida y la de su familia.
La obra, adaptación de la novela homónima de Antonio Lozano, cuenta la historia de Suleimán, un adolescente de Malí que, junto a su amigo Musa, emprende un peligroso recorrido hacia Europa. El desierto, las fronteras del norte de África y el mar hacen parte de un viaje impulsado por la pobreza, la falta de oportunidades y la esperanza de construir un futuro diferente. En escena, Isabel, una compañera de clase, reconstruye su historia a través de la actuación, las animaciones audiovisuales y la música.
La puesta en escena logró construir una atmósfera íntima que acercó al público a una realidad que con frecuencia parece distante. La migración dejó de ser una cifra para convertirse en una historia personal, con sueños, miedos y decisiones. Al final, el aplauso de los asistentes al Auditorio de la Universidad Nacional acompañó una obra que puso en el centro a las personas que hay detrás de los grandes movimientos migratorios.
“Creo que la obra deja un mensaje de búsqueda y de análisis en torno a las migraciones. Permite transformar los números y los ciclos en personas, en nombres y apellidos, en Suleimán Keita, en quien sea, y eso nos permite humanizar hasta el punto de entender que las historias son de personas y no de números”, dijo al término de la función Mario Vega, director artístico de la obra.
Vega agregó que “me llevo este aplauso maravilloso que nos acaba de dar el público y la posibilidad de encontrarme con un público como el de Manizales, que siempre acompaña, que tiene una energía muy especial y que es muy conocedor del teatro. Eso supone una doble responsabilidad y una doble ilusión. Este es un regalo que pocas ciudades en el mundo tienen: un festival de esta magnitud. La invitación es a aprovecharlo y disfrutar cada segundo”.
Sueños de circo: cuando la lluvia no pudo detener el espectáculo
La lluvia cayó con fuerza sobre el Parque Ernesto Gutiérrez en la tarde de domingo, pero el público decidió quedarse. Antes de comenzar Sueños de circo, los aparatos y los vestuarios ya estaban empapados. Aun así, cuando llegó el momento de salir a escena, los artistas de la compañía chilena OtroArte encontraron en quienes esperaban una razón para continuar.
Creada en 2010 por Francisco Guajardo, Sueños de circo recupera la estética y la mística del circo tradicional para llevarlas al espacio público a través del teatro de calle y el circo contemporáneo. Malabares, movimiento y destrezas circenses transformaron el parque en un escenario abierto, rodeado por espectadores que acompañaron cada momento de la función.
La lluvia terminó siendo parte de una jornada en la que artistas y público compartieron algo más que un espectáculo. La energía de quienes permanecieron en el parque se convirtió en el impulso para que la función continuara y para que el espacio público se transformara, una vez más, en un lugar de encuentro alrededor del arte.
“La evaluación es 10 de 10. Fue el público quien nos motivó a permanecer arriba durante la función. Nosotros no estamos muy acostumbrados a la lluvia. Llovió muy fuerte antes de comenzar, los aparatos estaban todos mojados, los vestuarios, todo, y aun así la energía del público hizo que saliéramos con todo. Llegó mucha gente y estamos muy agradecidos de que hayan esperado y de haber tenido este recibimiento”, indicó Guajardo.
El director chileno señaló también que “para nosotros, el bichito del teatro es muy importante, más aún en estos tiempos: mirarnos, acercarnos, compartir en comunidad y abrir los espacios públicos. Este espacio público es hermoso y poder compartir hoy aquí es muy importante. Es fundamental que el bichito del arte y del teatro no se pierda en Manizales. No podemos alejarnos de la creatividad, que es la esencia del ser humano”.
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