Texto e ilustraciones: Rafael Toy

Soy un artista de cuna caleña, pero me malcrié en Bogotá. He vivido en muchas ciudades y tengo familia en el Eje Cafetero. Estudiante eterno de la Universidad de Caldas, estudios que están en pausa, porque creo que es pertinente salirse de la academia cuando tu proyecto es muy personal.

Tengo una estrecha relación con la contracultura, me considero un hijo del punk, el rap, el hardcore, el skate y todo lo callejero que me rodea. Desde niño he customizado mis prendas y demostrado gran interés por el dibujo.

Llevo varios años en el extraño mundo del graffiti, un arte que me ha llevado a definir quién soy. También he trabajado como diseñador en algunas empresas. Hace poco salí del clóset, me considero cisgénero, bicurioso y un otaku declarado. Mis días han transcurrido entre mecatos, mangas o anime, esperando la noche para salir a callejear.

«Creo que cualquier persona dedicada al trabajo visual debe llenarse de referencias occidentales y orientales para nutrir su estética».

«Me defino como un artista ignorante, salvaje, nea, ñero… El graffiti es lo que más ha permeado mi estilo y vida».

Mis prendas, en su mayoría, son bootlegs (piratas) de marcas importantes, porque técnicamente son ilegales. A mis creaciones les cambio la línea y pretendo que sean una obra coleccionable más que una camiseta insulsa para trapear el piso.

La calle es una selva de cemento y de fieras salvaje. Hay códigos hasta en lo más pequeño que se pueda imaginar: en la ropa, la forma de caminar, de hablar, en los rayones de las paredes. Códigos entre amigos, criminales, y me encanta descifrarlos y hacer referencia a ellos en cada uno de los detalles que uso en mis obras, ilustraciones o bootlegs.

Cada una de las cosas que hago tienen una parte de mí y de manera muy particular me encantan.

«La persona que no tenga algo por lo que morir, no sabe lo que es vivir».

«Todo por nada». (Mis neas saben a qué me refiero)

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@rafaeltoy.13