Texto por: Andrés Felipe Rivera Motato
Fotos Por: Andrés C. Valencia Chica
En el mes de julio, la marcha LGBTIQ+ llenó de colores las calles de Manizales, pero detrás de las banderas, el baile y las arengas hay una realidad que no permite hablar solamente de la celebración de un día en específico. En una Colombia donde 270 personas diversas fueron asesinadas durante 2025, salir a marchar continúa siendo una forma de resistencia.
En la madrugada del 28 de junio de 1969, la Policía irrumpió en Stonewall Inn, un bar de Nueva York frecuentado por personas homosexuales, trans y sexualmente diversas. Esa noche decidieron resistir. La revuelta se prolongó durante varios días y se convirtió en un momento decisivo para el movimiento de liberación sexual. Un año después se realizaron las primeras movilizaciones conmemorativas y, desde entonces, las marchas del Orgullo se toman las calles del mundo durante junio y julio.
En Colombia, una de las primeras movilizaciones del Orgullo ocurrió en Bogotá en 1983, cuando cerca de 30 personas marcharon para reclamar el derecho a existir sin esconderse. Cuatro décadas después, las movilizaciones son más numerosas, visibles y diversas, pero mantienen lo mismo en su ADN; propender por la garantía de derechos, evitar que las personas sean perseguidas, violentadas o asesinadas por ser quienes son.
Los hechos que si incomodan.
En Manizales, el año comenzó consternado por el asesinato de Daniela, una mujer trans de 30 años, oriunda de Riohacha. Daniela fue atacada en el Centro de la ciudad, con arma de fuego el 25 de febrero y murió el 5 de marzo, después de permanecer varios días hospitalizada. Por estos hechos fue capturado un exalcalde de Filadelfia, Caldas, y judicializado con formulación de cargos por homicidio agravado. En el mismo episodio también resultó herida Jessica, otra mujer trans. El proceso continúa en manos de la justicia.
La agresión contra Daniela no fue el único hecho de este inicio de año. El 10 de mayo, Juliana, otra mujer trans, fue atacada con un arma cortopunzante en el Callejón de las Guapas, en la Galería de Manizales. Las heridas en el abdomen obligaron a trasladarla de urgencia a un centro asistencial, donde fue operada y permaneció bajo pronóstico reservado. Juliana sobrevivió. Casi un mes después, las autoridades capturaron al hombre que la intentó asesinar. El caso se suma a una cadena de violencias que explica por qué, para muchas mujeres trans, el Orgullo también es una exigencia por el derecho a permanecer vivas.
Los ataques contra las personas LGBTIQ requieren investigación y tratamiento, pues aunque no todos son motivados por el prejuicio, no se puede ignorar que estas violencias ocurren en un país donde la orientación sexual, la identidad y la expresión de género continúan aumentando el riesgo de sufrir amenazas, discriminación y agresiones.
Según el informe: Un sistema que falla: prejuicio, violencia e impunidad contra las personas LGBTIQ+ presentado por Caribe Afirmativo, durante 2025 fueron asesinadas al menos 270 personas LGBTIQ+ en Colombia, es decir, una cada 32 horas. La cifra representa un aumento del 61% frente a los 165 homicidios registrados por la organización en 2024 y los 153 documentados en 2023.
El mismo informe registró 1.531 casos de violencia intrafamiliar, 1.184 amenazas, 628 delitos sexuales, 360 hechos discriminatorios y 108 casos de violencia policial. También documentó casos de desapariciones forzadas, trata de personas y reclutamiento. Las cifras muestran una violencia sostenida, pero incluso estos números podrían quedarse cortos.
El especial periodístico Perfilar el odio, realizado por Baudó Agencia Pública, trazó un mapa de 11.617 crímenes contra la población LGBTIQ+ ocurridos en Colombia durante una década. Su investigación también encontró vacíos en la información oficial. En el caso del departamento de Caldas, de acuerdo con la investigación,la Defensoría del Pueblo solo reportó un caso de violencia contra personas LGBTIQ+ durante toda una década, una cifra que no se sostiene cuando se compara con los registros de la Fiscalía, las publicaciones de prensa y las denuncias de las organizaciones sociales.
Las cifras demuestran la dimensión de la violencia y también la incapacidad institucional para reconocerla. Si los casos no se registran, las víctimas desaparecen de la vida pública y después de las estadísticas. Esa ausencia impide identificar patrones, diseñar políticas de prevención y exigir justicia. Por eso, marchar y contar lo que ocurre también es una forma de combatir el silencio que las mantiene impunes.
Frente a la violencia, la calle responde
A principios de julio, las calles de Manizales se llenaron de banderas, música, cuerpos diversos, pancartas, rostros pintados y muchos colores. Mientras algunas personas bailaban otras avanzaban entre cantos y arengas. Algunas marcharon por primera vez y otras cientas, ya llevaban años caminando las calles con Orgullo.
En medio de la multitud también asistieron quienes llegaron desde otros municipios y ciudades, recordando que la posibilidad de vivir en diversidad abiertamente no es la misma en todos los territorios.
“Venimos desde Supía, somos del grupo Supía Diverso y estamos acá para apoyar la marcha de Manizales, porque en Supía no nos apoyan con esto. Entonces tenemos que salir a otras partes”, contó Maite Valeria.
Su relato muestra otra cara del Orgullo, la de quienes deben desplazarse y encontrar un espacio para expresarse sin miedo. Para muchas personas que habitan en municipios pequeños, marchar implica migrar unas horas de su lugar de origen para buscar la libertad que aún no sienten posible en su territorio.
Bell, que se identifica como pansexual, resumió esa necesidad de salir del ocultamiento durante la marcha:
“Todos merecemos la luz del sol. Nadie merece la oscuridad ni el mal olor de un clóset. Hay que salir a ser como somos y expresarlo con valentía, incluso si eso puede traernos malas consecuencias, porque es lo que somos y ya”.

Mariana también marchó para defender una libertad que debería ser cotidiana:

“Es una manera de demostrar que ya somos libres de ser quienes somos y amar a quienes queremos”.
Esta salida a las calles no convocó solamente a la población diversa,. también asistieron familias, amigas, amigos, y comunidad que decidieron acompañar, abrazar y ponerse en la línea de la defensa de los derechos.
María Isabel Molina viajó desde Cali con sus hijos y un mensaje claro:
“Estoy orgullosa de todos mis hijos diversos. Soy la mamá más orgullosa que pueda haber en el mundo porque amo lo que son mis hijos arcoíris. Es importante estar acá como padres de familia, porque tenemos que estar en la primera línea de defensa de los derechos de la población LGBTIQ+”.
Entre los colores también apareció el negro.
Sheyla Maritza Franco Ramírez, líder activista transfeminista, marchó con un traje de luto. No salió a celebrar, sino a traer simbólicamente a las mujeres trans que ya no están.
“En estos momentos no estoy celebrando, estoy resistiendo. Estoy exigiendo por los derechos de las mujeres trans que han sido asesinadas y frente a las cuales, desafortunadamente, el Estado no ha hecho nada”.

Su traje llevaba representaba una forma a de hacer caminar nuevamente a las ausentes, de nombrarlas en medio de una sociedad que reduce sus vidas a una cifra:
“Representa traer a las chicas que ya no están y a las personas que hacen parte de la población a este espacio, para que vivan el desfile y para recordar que nosotras estamos acá luchando por ellas y exigiendo los derechos que les fueron negados”.
Glosario para seguir conversando
En junio de 2022, en Revista Alternativa publicamos Diversidad para dummies, un artículo, escrito en colaboración con Fundación Polari, pensado para acercar desde un lenguaje claro, a algunos conceptos sobre género y diversidad sexual. De allí retomamos una parte de este glosario, unauna invitación para regresar a ese texto, ampliar la conversación y seguir aprendiendo.
- Sexo asignado al nacer: clasificación realizada al momento del nacimiento a partir de características corporales y sexuales.
- Identidad de género: manera íntima y personal en la que alguien vive y reconoce su género. Puede coincidir o no con el sexo que le asignaron al nacer.
- Persona cisgénero: aquella cuya identidad de género coincide con el sexo asignado al nacer.
- Persona trans: aquella cuya identidad de género no coincide con el género que le asignaron al nacer.
- Persona no binaria: quien no se identifica exclusivamente como hombre o mujer.
- Orientación sexual: atracción afectiva, romántica o sexual que una persona puede sentir hacia otras.
- Pansexualidad: atracción hacia otras personas sin que su sexo o identidad de género sea el factor determinante.
- Expresión de género: manera en que una persona manifiesta socialmente su género mediante la ropa, los gestos, la apariencia o el comportamiento. No determina su orientación sexual ni su identidad de género.

























