Una sutura para las venas abiertas 75

Una sutura para las venas abiertas

Texto por: Rafael Santander

Fotos por: Andrés Camilo Valencia Chica y Juan José Peñaranda

Veias abertas 60 30 15 SEG es una experiencia teatral única: intensa, hermosa, dolorosa, divertida, excesiva, violenta, indignante, misteriosa, esperanzadora, en fin, se siente allí condensada la experiencia latinoamericana, la de un grupo de pueblos colonizados que han resistido a su instrumentalización, exterminio y evisceración, tanto en términos literales como figurativos. El espíritu inmenso del continente se siente latir y rugir con la fuerza de cada uno de su corazones a través de los intersticios, entre los silencios, en medio de cada uno de sus abundantes cambios de escena.

La obra deja una sensación de libertad, de que estamos frente a algo salvaje y majestuoso, el espíritu de nuestro pueblo, un animal legendario que no debe ser nunca aprisionado, cuyo cautiverio representa nuestro fin. Este efecto final es producto, paradójicamente, de su estructura rigurosa e inflexible y, por supuesto, del genial y talentoso grupo de la compañía teatral Aquela Cia., cuyo ejercicio de escritura y puesta en escena producen una sensación de constreñimiento: los personajes dan su testimonio en fragmentos mínimos y a veces incompletos que se hacen cada vez más cortos a medida que avanza la narración: sesenta, treinta y quince segundos respectivamente —aunque estaba tan involucrado que no contabilice.

Si inicialmente es poca la información que puede darse en esas pequeñas ventanas de un minuto, esta reducción progresiva genera una sensación de asfixia, lo que produce, a su vez, una sublevación violenta, una catarsis climática y rebelde, la danza furiosa de unos cuerpos que se resisten al control y a la dominación de la tiranía de la forma.

Veias abertas cuenta una historia muy sencilla. Tres personajes: un obrero, un militar y una bailarina coinciden en una academia de danza. El militar y el operario se enamoran, la bailarina pone su academia al servicio de la insurrección obrera en la planta de la United Fruit Co. y en el clímax de la narración el militar se vuelve contra su ejército durante la masacre de los obreros rebeldes y muere asesinado por los suyos.

La obra cuenta un melodrama trágico, un amor prohibido, la toma de conciencia de tres obreros y las consecuencias de esto. Pero quedarnos aquí sería cometer una injusticia contra el texto dramático, porque lo esencial de este está fuera del argumento. Las dos grandes fuerzas de la dramaturgia de esta obra son, en primer lugar, la forma como se trata el tema del imperialismo y la resistencia que ejercen los pueblos, protegiendo su autodeterminación y soberanía y, en segundo lugar, esa estructura abigarrada, serpenteante, rizomática, laberíntica, innecesariamente compleja para un argumento tan pequeño.

A través de este dispositivo narrativo se cuelan montones de ideas en apariencia poco relacionadas: la lucha armada, el uso de máscaras en algunas comunidades nativas de américa, un comentario de la obra de Eduardo Galeano, una visión crítica de las formas discursivas típicas de la izquierda latinoamericana, una exhibición de músicas mestizas de américa y sus danzas, un cuerpo fusilado que parece bailar con cada disparo, todas genialmente amalgamadas gracias al hilo narrativo de nuestra tradición melodramática.

En mi memoria permanecen impresiones fuertes, emociones intensas, imágenes de amor, de paz, de violencia. En Veias abertas los cuerpos, los rostros, la música y el movimiento son la obra, composiciones plásticas, esculturas con la dimensión añadida del tiempo. Aquela Cia. utiliza el escenario como un lugar donde convergen las ideas y las emociones. Ante las limitaciones de nuestra atención, se recurre a esta linealidad fragmentada intentando emular la simultaneidad de una mente y un espíritu atribulados en el que el componente intelectual de la historia, el arte y la política se desfigura. La obra termina apelando a unos afectos primitivos, prelingüísticos, a las reacciones somáticas, a la sensación visceral.

Terror, dolor, ira , indignación, frustración, decepción, culpa, vergüenza, una gama oscura y compleja de emociones desagradables que me hacen temblar las manos regresa al recordar Veias abertas. Al mismo tiempo, recuerdo el inmenso júbilo que sentí, en medio de una experiencia que me pareció profundamente bella y esperanzadora: la música, nuestra música, y la danza, nuestra danza.

Me sentí agradecido con mi rebeldía, me sentí afortunado de amar la música y la danza, me sentí bendecido por mi sensibilidad e imaginación y le atribuí todo esto a mi contexto, a mi territorio, a mi herencia, mejor dicho, me sentí orgullosamente latinoamericano.

Es un hilo argumental fino y fuerte este del melodrama el que puede abarcarlo todo sin romperse, el que cuidadosamente contiene nuestro espíritu, nuestra animalidad, nuestra conexión con la naturaleza. Esa historia fácil de seguir en medio de ese abigarramiento y complejidad estructural es el hilo de Ariadna que nos guía a través de esta serie de fragmentos dispersos, de este mosaico heterogéneo entre los que desfilan sueños íntimos, clases de salsa, publicidad norteamericana, fusilamientos, romance gay y reseñas de libros contado así con el propósito, creo yo, de tejer.

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