La Congregación Teatro le dio vida a esta adaptación del libro de la escritora Piedad Bonnett.
Fueron cerca de 80 minutos de reflexión y un silencio por momentos incómodo, los que se vivieron la noche del lunes en la sala del Auditorio de la Universidad Nacional. La cita giraba en torno a la obra Lo que no tiene nombre, de La Congregación Teatro, que cabalga sobre lomos de una adaptación la cual a través de un lenguaje propio y bajo la dirección de Johan Velandia, pone de relieve temas tan de grueso calibre como el deterioro de la salud mental, el suicidio y el duelo.
No en vano, tal como ocurre en la historia homónima original, de la escritora Piedad Bonnet, el peso de la narración se instala en hombros de una madre derrotada, que busca respuestas a la muerte de su hijo en los pedazos rotos de un espejo interior que intentará reconstruir.
Con mucha música, relatos crudos, ironía y pasajes corales se termina de dar forma a esta estructura dramática, que erizó la piel en Manizales, a menos de un mes de su estreno en Bogotá.
Acerca del proceso creativo, la actriz Victoria Hernández, quien interpreta el rol protagónico de la obra, advirtió que hay mucha honestidad en la manera en que se quiso abordar este drama.
“Tiene muchos ingredientes. Uno es obviamente el duelo… el dolor de una madre que trata de evitar ese destino trágico, lo cual no logra; abordar las enfermedades mentales. Esta es una fusión de distintas artes. El teatro funciona como base para que se encuentren la música, la pintura, la literatura y que haya una sinergia entres estas disciplinas”, dijo Victoria Hernández.
A su vez, Cristian Ruiz, actor de La Congregación Teatro, es claro en que el trabajo de las artes escénicas es el de generar una conciencia colectiva.
En ese sentido, señaló que “debemos mirar la reflexión que nos queda a partir de eso. La obra aborda el tema de la enfermedad mental y sus consecuencias. Y cómo las personas que giran en ese espacio son su vez víctimas de un sistema de salud, de un sistema de educación… de comunicación”.
Al final, ningún espectador se fue a casa indiferente, por el contrario, Lo que no tiene nombre despertó mil sensaciones. Se respiraba rabia, impotencia, tristeza, compasión… Se respiraba teatro.
El ‘chucu chucu’ sigue vivo
El auditorio de Confa le abrió el lunes sus puertas al Teatro El paso, de Pereira, con la obra Los Tumbaos, que gira en torno a Alirio Alicante, un pintoresco personaje que se sitúa en la sala de la casa de un hogar promedio en Colombia de los años 70.
Desde allí, a través de sus ocurrencias y su drama como músico reflexiona sobre su condenada suerte.
Bajo la dirección de César Castaño, esta pieza, que nació 2025, llega como una bocanada de aire fresco con una atmósfera en la que el ‘chucu chucu’ fue protagonista.
“Vamos con esta obra rumbo a Chile. Luego de este paso por la ciudad de Manizales, nos dirigimos al país austral para participar en el Festival ‘Hecho en Chile’ y estamos felices porque la obra ha tenido gran aceptación”, explicó Maria Camila Sanz Ceballos, productora de la Compañía Teatro El Paso.
Cierre de lunes por lo alto
La jornada del 28 de septiembre del Festival Internacional de Teatro de Manizales también tuvo actividad en el Teatro El Galpón, donde El giro colectivo artístico y Andrómeda 3.0 de la Universidad de Caldas, deleitaron a los asistentes con la obra Uriela y sus hermanas.
Una fiesta de aniversario, una familia reunida y un pasado que comienza a revelar sus secretos. En Uriela y sus hermanas, experiencia dos, la celebración de los Caicedo Santacruz, en abril de 1970, se convierte en un encuentro con los recuerdos, las emociones y los destinos trágicos de sus protagonistas, en una historia inspirada en Ciudad de Furia, de Evelio Rosero.
Entre las paredes de la casa familiar, las imágenes de un televisor, las voces y los movimientos de los actores reconstruyen aquello que el tiempo no ha conseguido borrar. Cada gesto guarda una memoria y cada historia se suma a una celebración que poco a poco deja al descubierto las vidas de quienes la habitan.
Con el cuerpo como lenguaje y la memoria como protagonista, la obra convirtió el escenario en una casa donde el pasado volvió a respirar. Una experiencia en la que los recuerdos dejaron de ser imágenes lejanas para hacerse presentes ante los ojos del público.
“Pretendemos con esta obra poner de relieve toda la historia de la violencia de Colombia representada en un nicho muy pequeño que es la familia. Mirar de dónde nace la violencia… “, advirtió Claudia Patricia Leguizamón – coreógrafa del proyecto Uriela y sus hermanas.
De esta manera se cerró el telón del lunes en Manizales, pero con la ilusión de esperar por una cita con el teatro este martes 29, cuando los escenarios de sala una vez más reciban a cientos de espectadores que no han podido recuperarse de la picadura del bicho del teatro. Además hoy comienza la programación de obras en instituciones educativas de la ciudad, gracias a la alianza con la Caja de Compensación Familiar CONFA, con quienes se programó la presencia de las compañias teatrales en cuatro colegios de la ciudad: Bosques del Norte, Institución Educativa 7 de agosto, Institución Educativa Pio X, Institución Santa Luisa de Marillac en Villamaría.
Martes para disfrutar
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