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Texto: Florencia Coll

Foto de portada tomada de https://uit-ci.org/

A Samuel Luiz lo asesinaron a puñetazos la madrugada del 3 de julio último en A Coruña, una ciudad gallega de 250 mil habitantes al norte de España. 

Tomada del elconfidencial.com

¿Alguien puede dudar que decirle “puto de mierda” a una persona y al instante propinarle una paliza hasta matarlo no tenga un carácter de odio?

La homofobia es aquello que permite y naturaliza que cualquier cosa sea motivo de violencia hacia el cuerpo marica. Y los delitos homófobos y de odio también crecieron notablemente en los últimos años en paralelo al avance de derechos de colectivos vulnerables y la lucha por el reconocimiento a las mujeres y disidencias, hacia las personas migrantes y racializadas, por nombrar solo algunos.

Reitero: ¿Alguien puede dudar que decirle “puto de mierda” a una persona y al instante propinarle una paliza hasta matarlo no tenga un carácter de odio?

Pues, sí. Hay personas que insisten en hablar de otra cosa. De las nacionalidades y color de piel de los agresores, de la sinrazón de la violencia, del móvil y el hecho confuso, del agresor “cegado por su novia follonera”, de la religión del padre de la víctima, y hasta del comunismo.

Sí, así como leen, en apenas unos días y a pesar del secreto de sumario de la investigación se habló y escribió de todo esto pero se evitó por todos los medios hablar de crimen de odio. ¿Por qué?

Sucede hoy mismo en España, aquí en Europa apenas unos días después de que muchxs celebremos la ampliación de derechos del colectivo trans en plena pandemia, y a una semana del día del Orgullo LGTBIQ+, el último 28 de junio.

Tomada del elespanol.com

Desde la madrugada del 3 de julio asistimos a una verdadera función del horror con el crimen de Samuel Luiz, el joven español de 24 años, quien salía de un bar con una amiga para hacer una vídeollamada cuando fue atacado a la vista de una multitud.

No basta el asesinato con saña de un joven gay y la multiplicidad de hechos violentos que se reproducen en diferentes lugares de España. Ni siquiera basta con ver las estadísticas o repasar los hechos, al menos los que se llegan a denunciar, para saber que los números crecen todos los días en gallego, en catalán, en valenciano, en castellano.

Y crecen también los disciplinamientos sobre los cuerpos maricas, femeninxs, lesbianes, disidentes, trans. Lo vemos  en redes, en las calles, en el transporte público.

¿Alguien puede dudar?

La herida por el asesinato a golpes de Samuel Luiz, duele. Y duele mucho. Y cada intento desde varios sectores de la ultraderecha y algunxs periodistas (?) de medios de comunicación, que intentan borrar las marcas de un crimen homofóbico en A Coruña, es otro golpe más.  Lo que hacen es echarle más sal a esta herida, que de por sí es profunda y que ni siquiera los años de democracia, después de 40 años de franquismo, ayudan a sanar. Porque como sabemos, la homofobia es el marco, el recuadro y lo que se intenta no mostrar en la obra cisheteropatriarcal consumada.

Desde los medios de comunicación, muchas personas deberían tener la obligación moral de dar información certera, clara, no ser sensacionalistas, por ejemplo, y poder llevar a la reflexión para que estos hechos no sucedan nunca más.

Tomada de eitb.eus

Se deberían poder amplificar las voces de las personas más desfavorecidas, más vulnerables. Justo lo contrario de lo que observamos en estos días: informes televisivos y gráficos paupérrimos, chabacanes, que solo espectacularizan este asesinato tristisimo y brutal.

Lo que reiteran es más odio y restan de sentido lo más importante: más de 15 personas muy jóvenes, entre 16 a 25 años, llenaron sus puños de odio y alentaron dar muerte a Samuel Luiz frente a decenas de espectadores, que como un capítulo de Black Mirror registraban secuencias en sus móviles.

Sin embargo, cada marcha, movilización que se replica en diferentes sitios no hace más que corroborar que los espacios públicos de búsqueda de justicia, lucha, reivindicaciones, reclamos y derechos siguen vigentes.

Tomada de cadenase.com

¿Qué sucede con todo aquello que no se dice de lo que ha pasado con Samuel? ¿Cómo se dice? ¿Qué se cuenta? ¿Qué se oculta?

En serio que aún muchas personas niegan que se trate de un crimen de odio? ¿Cómo se organizan los contenidos de los medios de comunicación? ¿Por qué  se generan narrativas de odio que están naturalizadas en las redes sociales bajo la falsa dicotomía de la libertad de expresión? ¿Por qué no son inocentes los linchamientos virtuales desde la representación política de sectores de la ultraderecha española? Si, llevo más preguntas que certezas, y más tristeza cuanto más avanzo. Leo de otra agresión hoy en Catalunya.

Ayuda sin nacionalidad

A Samuel Luiz lo asesinaron a puñetazos la madrugada del 3 de julio último en A Coruña, una ciudad gallega de 250 mil habitantes al norte de España.  El joven estaba con sus amigxs en las puertas de un pub y ahora representantes de la justicia, y por supuesto, con el aval de muchos medios de comunicación, quieren desviar la atención en –oh casualidad– una mujer de 23 años novia del principal implicado. Así, a título de que era “follonera, altanera y actuó cegado por su novia”, los otros jóvenes detenidos insisten que fue quien incentivó a los agresores para que continuaran golpeando a Samuel. También intentan instalar que las personas detenidas son sudamericanas, latinas. Estos párrafos se replicaron fuerte esta semana. Es violencia simbólica, es misoginia, es racismo. Como un loop volvemos al principio.

Tomada del elcomercio.com

Todas las intersecciones se entrecruzan ante los ojos ya apagados de Samuel. Esta semana el Estado español, que sigue judicializando los derechos a las personas extranjeras que llegan al pais, apuró los papeles, la situación legal de los dos muchachos que intervinieron frente al linchamiento de Samuel. Ibrahima y Shakur  no dudaron en intentar ayudarlo para frenar el choque violento provocado por los otros criminales. Uno de los muchachos de origen senegalés intervino sin pensárselo dos veces: “No me gusta la violencia. Esto le podría pasar a cualquiera. Y si fuese a mí y nadie irrumpe, también podría morir”, dijo en un medio, Ibrahima.

Como establece el artículo 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados de razón y conciencia, tienen el deber de comportarse fraternalmente los unos con los otros”.

Se trata de seguir haciéndonos preguntas, de volver a las fuentes. A los ojos de Samuel. Y de tantxs otrxs.