Texto por: Andrés Felipe Rivera Motato
Fotos Por: Andrés Camilo Valencia Chica – Cortesía de Nauj Project
Noche netamente manizaleña. Después de dos o tres aguaceros, ese frío que llega con la neblina se mete en los huesos y también cambian la rutina. En El Cable, varios jóvenes se agrupan en una esquina, al lado de los basureros, en un viejo poste cubierto de stickers. En los muros, grafitis; en el piso, latas de pola; en el ambiente, conversaciones de parceros. Si están ahí, es porque Silmaril está de fiesta.
Adentro, el aire cambia. Mas calorcito, suena a indie rock, huele a post punk y se escucha música local. Silmaril —que hace poco pasó por algunas remodelaciones— ahora respira diferente, el techo más alto, más espacio, pero la misma cercanía. Sigue siendo ese lugar donde todo pasa a pocos metros, donde la música no se mira desde lejos y si a eso le suman artistas en vivo, es un cazao, como juntar queso con bocadillo.
La noche arrancó con Nauj Project, que llegó con tarea hecha. Hace poco estrenaron el videoclip de “Cósmica”, una pieza que acompaña su segundo trabajo discográfico, Dimensiones Paralelas. Lo que hicieron en tarima fue calentar motores con un show sólido, directo y de esos que demuestran por qué vienen sonando fuerte en el eje cafetero. Hay oficio, pero también intención. Y en medio de eso, una apuesta clara por conectar escenas, por abrirle las puertas a bandas de otros lugares.
Luego vino Una Noche en Bogotá, conocidos por algunos desde las audiciones del Festival Grita. Esta vez pasaron la prueba, fue como un desquite. Llegaron con ese sonido capitalino que mezcla melancolía y fuerza en sus guitarras, y lo soltaron frente a un público que respondió saltando. Fue, literalmente, una noche en Manizales con acento bogotano, mucho eco entendiendo el escenario.
El turno fue para Medved, una banda que se mueve en esa línea del post punk sin necesidad deetiquetarsen. Vienen desde Ibagué y traen recorrido: hace poco abrieron el concierto de Molchat Doma en Bogotá. En Silmaril, su sonido tuvo otro efecto, más cálido, envolvente, como si le pusieran una chaqueta a la noche fría. Pero no se quedaron ahí. A mitad del show, apretaron el ritmo y subieron la energía, llevándose la gente con ellos.
El cierre quedó en manos de Entreco, desde Cali. Lo suyo es una mezcla que no le pide permiso a los rockeros, muy alternativo, algo de ska, guiños de tropipop. Puede sonar extraño en papel, pero en vivo funciona. Tienen esa capacidad de enganchar a públicos jóvenes, de moverse entre géneros sin perder identidad. No es casualidad que ya estén pisando escenarios grandes como el Festival Estéreo Picnic.
Al final, lo que queda no son solo sonidos cruzados. Es la sensación de que Silmaril sigue siendo casa. Un punto de encuentro donde la música alternativa en Manizales no solo sobrevive, sino que se fortalece. Afuera sigue el frío, la esquina, el poste lleno de stickers. Adentro, la escena sigue creciendo, haciendo lo suyo, recibiendo a quienes vienen de otras ciudades y recordando que aquí también pasan cosas.
Jueves en la noche. Silmaril, más vivo que nunca.
Autor:
Andrés F. Rivera Motato
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