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Una nueva propuesta de la ciudad, FORFEIT nace con una formación poco convencional, una propuesta audiovisual de horror psicológico y un sonido que mezcla deathcore, hardcore, metal moderno y la voluntad de llevar el caos hasta sus últimas consecuencias.
Manizales sabe que es vivir con sonidos pesados y una escena que históricamente encuentra en el ruido una forma de resistir, es una ciudad donde han nacido proyectos capaces de llevar el metal hacia lugares incómodos, extremos y personales. En este territorio aparece FORFEIT, una banda que quiere construir su propio universo.
Su punto de partida nace de una conversación, de esas que nacen entre cervezas, referencias musicales y una necesidad de hacer algo que para ellos no existía antes en la ciudad.
“Hablábamos de qué saldría si mezcláramos todo lo que musicalmente nos alimenta: metal extremo, rap, nu-metal”, recuerda Luis Carlos Botero, guitarrista y fundador del proyecto. La charla se fue extendiendo hacia las bandas contemporáneas, las afinaciones, el horror, la filosofía, la ciencia y la posibilidad de cruzar esos lenguajes en una misma propuesta. El cierre fue: “Montemos el proyecto, de una”.
Así comenzó FORFEIT, sin un nombre definitivo, sin un mapa, pero con una idea clara, formar una klica que no tuviera miedo de experimentar entre lo extremo, lo oscuro, lo pagano y lo urbano.
La alineación ya anticipa que aquí no hay interés en seguir fórmulas convencionales. FORFEIT está integrada por Chalo Andrés Escobar Montenegro y Andrés Ossa en los bajos, Angie Luxair en la batería, Johnny Fonseca en la voz y Luis Carlos Botero en la guitarra. Dos bajos, una guitarra, una batería y una garganta que rompe muros con el gutural.
En un género donde la guitarra suele cargar con gran parte del peso, FORFEIT decidió trasladar esa responsabilidad a una arquitectura mas baja y densa. La influencia llegó desde Koyi K Utho, proyecto industrial que trabajó con una configuración similar de tner dos bajos en el escenario.
“La idea era llenar más el sonido”, explica Botero. “Cuando probamos el segundo bajo distorsionado, todo comenzó a sonar exactamente como queríamos”.
El resultado es una masa sonora que aplasta. El deathcore funciona como columna vertebral, el hardcore aporta la inmediatez y la rabia, mientras que las capas de bajo, los breakdowns y las atmósferas construyen una sensación de encierro. FORFEIT suena como una habitación sin salida donde la guitarra parece derrumbar otro muro.
El nombre de la banda: FORFEIT llegó desde una canción de Chevelle, una de las favoritas de los integrantes en un proyecto alterno que compartían.
“La potencia, los riffs, el sentimiento… todo se alineaba con lo que buscábamos”, dice Botero. “Por eso se llamó así”.
Desde su primer lanzamiento, “THOU SHALL COVET”, la banda mostró que su proyecto también vive en la imagen, el simbolismo y la narrativa. El sencillo fue acompañado por un short film que se mueve entre el horror psicológico, las imágenes ritualistas, la deformación de símbolos religiosos y una estética incómoda, grotesca y deliberadamente transgresora.
La agrupación reconoce una influencia directa del cine slasher de los años noventa, pero también de corrientes filosóficas como el estoicismo y el nihilismo. Sus letras exploran la obsesión, la ansiedad, la decadencia, el deseo, el colapso mental y la posibilidad de que la humanidad avance, incluso cuando ese avance la acerque a su propia destrucción.
“Rechazamos por completo los dogmas y creemos firmemente en la capacidad humana de evolucionar infinitamente hasta su propia autodestrucción”, afirma Botero.
El segundo capítulo de esa caída llegó con “INGULFED”, una canción más oscura, más agresiva y más desesperada. Si “THOU SHALL COVET” era la corrupción interior producida por el deseo, “INGULFED” parece mostrar el paisaje que queda después del impacto: cenizas, ruinas, estructuras derrumbadas y una humanidad atrapada en su propia naturaleza.
La apuesta de FORFEIT responde también a una realidad de la música contemporánea. Ya no basta con publicar una canción y esperar que el algoritmo haga el trabajo. La banda decidió revelar su EP de cinco canciones de manera gradual, lanzando sencillos cada 20 o 30 días, con piezas audiovisuales que amplían el relato y permiten que cada tema funcione como un capítulo dentro de una historia mayor.
No se trata de llenar plataformas de contenido. Se trata de que cada lanzamiento deje una marca.
La banda nació escuchando deathcore, metal moderno y hardcore colombiano. En su mapa aparecen nombres internacionales como Paleface Swiss, Enterprise Earth, Nails, Teeth y Nasty, pero también referencias nacionales como Grito, Estado de Coma, Revez, Siracusae y Pornomotora. Sus integrantes no esconden tampoco el recorrido que traen desde proyectos como Dúplex, Psychokiller y Shade Agony.
Esa mezcla ayuda a entender por qué FORFEIT no suena como una reproducción literal de una escena extranjera. Hay influencias globales y también una forma manizaleña de comprender la oscuridad, más cercana a la montaña, a la tensión, al encierro y a una tradición local que ha sabido producir metal extremo con identidad propia.
Para la banda, el momento actual del metal colombiano es complejo pero estimulante. Las redes sociales han permitido que nuevas propuestas lleguen a más públicos, aunque también han creado una sobrecarga de lanzamientos y una lucha constante por captar la atención. Sin embargo, FORFEIT ve un cambio importante y que el metal ya no pertenece únicamente a los metaleros.
Las audiencias son cada vez más abiertas, menos radicales frente a las etiquetas y más dispuestas a moverse entre géneros. El revival del deathcore, el djent y el metalcore ha abierto puertas a nuevos oyentes, mientras ciudades como Manizales continúan demostrando que la escena extrema tiene presente y futuro. Bandas como Cuntcrusher, No Absolution, Pseudopathological Vivisection, Deforme, Atrocious Dismemberment y Corrosión Cerebral son parte de ese ecosistema que mantiene ese pulso activo.
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