Texto por: Andrés F. Rivera Motato
Fotos por: Andrés C. Valencia
La instalación de la República del Carnaval dejó un sabor entre dulce y amargo. Dulce, porque Riosucio volvió a encontrarse para anunciar el regreso de su Carnaval. Amargo, porque ese mismo camino comenzó con la ausencia de María Morely Guapacha, cariñosamente conocida como «Maruja», una mujer que, desde el tradicional negocio familiar La Guarapería Las Marujas de Sipirra, recibió con calidez a generaciones de riosuceños y foráneos. Allí compartió el guarapo elaborado con caña gorobeta, una de las bebidas más representativas del municipio y un símbolo que, con el paso de los años, se convirtió en parte esencial de la identidad y la tradición del Carnaval de Riosucio.
Fue un dulce comienzo para el Carnaval que inicia su ruta nuevamente. Después de dos años, el Diablo siente el llamado, se prepara desde sus aposentos y el pueblo responde con danzas, calidez, decretos, alegría en las calles y la certeza de que llega una nueva edición de la fiesta Carnavalera del occidente de Caldas. En las calles se sintió el entusiasmo que provoca una tradición que sobrevive a generaciones enteras. Familias completas, cuadrilleros, cuadrilleras, músicos tradicionales y visitantes volvieron a encontrarse entre palabras y guarapos alrededor de un símbolo que pertenece a todos.
Riosucio vivió la Instalación de la República Carnavalera el tercer sábado de julio, que comenzó en la mañana con el tradicional Voceo por las calles del municipio -un desfile de matachines, y personajes disfrazados que va por las calles del pueblo, con bocinas que convocan y anuncian lo que viene- al sonido y olor de la pólvora, los habitantes llaman al despertar del custodio, el Diablo alegre y festivo, al tiempo que matachines, barras y habitantes, recorrieron las calles, entre cantos y pregones, anunciando que el Carnaval de Riosucio empezó su camino al 2027.
Al caer la tarde, la Corporación Carnaval de Riosucio encabezó el desfile del primer Decreto en el que participaron algunas cuadrillas con coloridos atuendos, personajes y expresiones artísticas que homenajearon la música y la tradición. La jornada culminó en la Plaza de La Candelaria con el acto oficial de instalación de la República del Carnaval, que integró la declamación de los Decretos, el nombramiento de la nueva Junta del Carnaval y una verbena popular patrocinada por la Industria Licorera de Caldas, que reunió a cientos de asistentes en la preparación de este nuevo ciclo carnavalero.
La tradición en las calles emblema y el despecho en tarima
Fueron pocas las tradicionales Chirimías que animan al público en los parques, mientras en el proscenio principal de esta instalación predominaron repertorios asociados a la música de despecho y popular, que encontraron su lugar, impulsados por una lógica de espectáculo y protagonismo del patrocinador, que privilegia la masividad y que sostuvo el cambio de totumo a copa aguardientera. Nadie puede negar que la gente disfruta, baila y comparte en esta preparación del Carnaval, que también es celebración.
Paradójicamente, el sonido que muchos buscan del Carnaval y su tradición, habita en pequeños círculos, donde tambores, flautas, cantos y conversaciones entre pueblerinos mantienen viva una memoria que parece desplazarse. Allí, lejos de la tarima principal, todavía existe un Carnaval para quienes valoran los ritmos locales, las letras en honor al Diablo, al Ingrumá y a los matachines.
La Instalación de la República del Carnaval, como primer Decreto es el momento simbólico en que el pueblo y los visitantes conocen y reconocen la configuración y el sentido de esta fiesta, declarada Patrimonio Cultural, Oral e Inmaterial de la Nación. Y aunque toda manifestación cultural está en constante transformación, vale la pena preguntarse si el Carnaval debe negociar su tradición y elementos insignia que lo hacen ser una fiesta envolvente, para complacer esa transformación cultural a merced de sus patrocinadores y apoyos.
Otro guarapo para diluir ese trago amargo…
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