A trece días del sismo, el parque del barrio San José se llenó de música, emprendimientos donaciones, acciones colectivas y cerca de 400 almuerzos. A pocas cuadras, decenas de familias esperaban una evaluación de sus casas en un territorio que lleva17 años entredemoliciones y obras pendientes.
Texto por: Andrés Felipe Rivera Motato – Fotos Por: Andrés C. Valencia Chica
Un olor recorre las calles cercanas de su parque.
Un sancocho cocinado en una olla enorme soltaba vapor sobre un par de ladrillos. Al otro lado preparaban un ajiaco. Alrededor, la gente llegaba con bolsas, recorría los emprendimientos, se acercaba a la tarima o buscaba dónde podía ayudar.
Los organizadores estimaron que más de mil personas pasaron por el lugar entre la mañana y la noche. La asistencia cambió durante el día: algunas personas permanecieron durante horas y otras llegaron para entregar una donación, comprar algo o acompañar una presentación. Entre las dos ollas se repartieron cerca de 400 platos de comida.
En el parque había emprendimientos, música, comida y un centro de acopio que terminó ocupando buena parte del lugar. Durante la jornada, personas de toda la ciudad llegaron con donaciones de alimento, elementos de aseo personal y familiar, ropa, juguetes y algunos materiales de construcción. A su vez, otros visitaron los stands para comprar accesorios camisetas, gorras, gráficas, algunos más cargaban cajas, otros instalaban y otros llegaron a disfrutar de la buena música mientras se encontraban con vecinos, amigos y conocidos.
Unas gotas de agua cayeron durante la mañana pero no fue motivo para dispersar a los que alli estaban
Manizales se da la mano comenzó después de que Mario Cardona y otras personas cercanas al audiovisual, la música y el diseño se reunieran a pensar qué podían hacer tras el sismo del 10 de agosto. Mario también tuvo que salir de su casa. Perdió algunos cuadros y unas plantas, pero su familia quedó a salvo. Al conocer las pérdidas de otras familias, sintió que debía moverse.
“Fue como un golpe de realidad. Marica, estás vivo, por lo menos estás vivo. ¿Qué vas a hacer? ¿Vas a ayudar o te vas a quedar ahí?”, recordó.
La conversación ocurrió en el estudio donde suelen encontrarse varios de quienes después participarían en la producción. Tenían equipos, experiencia, artistas cercanos y personas dispuestas a colaborar. De esa charla salió una conclusión: “Estamos bien, estamos completos, pongámonos a ayudar”.
La iniciativa creció con la llegada de artistas, productores, diseñadores, comerciantes, colectivos y líderes de San José. El parque fue un punto de encuentro para ayudar a las familias afectadas por el terremoto, en un barrio donde la emergencia reciente se sumó a años de demoliciones, desalojos e incertidumbre.
Un parque rodeado de grietas
Desde el centro del parque San José se pudo ver una radiografía de Manizales después del terremoto. Varias paredes agrietadas. Algunas casas evacuadas y unas cuadras más abajo, los daños estructurales mayores.
Al levantar la mirada sobre las carpas de la tarima y los emprendimientos, sobresalía la torre caídade la Catedral Basílica. Su imagen ocupa buena parte de las fotografías, los discursos y las preocupaciones institucionales durante estas semanas. En San José, la emergencia tiene otras dimensiones, casas antiguas al borde del colapso, familias sin claridad sobre su futuro y calles que llevan años deteriorándose alrededor del Macroproyecto.
Jorge Omar Rodríguez, líder del barrio, recorrió parte de la comuna junto a arquitectos que se sumaron voluntariamente a la jornada. El ejercicio no era de carácter institucional , pero permitió a sus habitantes y propietarios identificar varias edificaciones en riesgo.
Entre ellas, se mencionó la Casa Benítez, ubicada en la carrera 15 entre calles 26 y 27, una construcción amplia de estilo republicano que sufrió un colapso considerable. También habló de la Casa Montoya, frente a la iglesia, con cerca de doce habitaciones y grandes patios, cuya demolición podría ser necesaria.
El recorrido alcanzó apenas una parte del territorio. Rodríguez calcula que entre 40 y 50 personas podrían quedarse sin vivienda por los daños observados. La cifra corresponde a una estimación comunitaria pendiente de una evaluación institucional completa.
Para él, el terremoto actuó como detonante del deterioro acumulado.
Segun el lider, durante años, varias familias escucharon que cualquier reparación hecha en sus casas quedaría por fuera de una futura negociación porque los predios habían sido declarados de utilidad pública. Muchos dejaron de invertir en techos, paredes y estructuras que podían ser compradas o demolidas en cualquier momento.
“El terremoto mostró la radiografía de lo que viene pasando desde hace 17 años”, dijo Rodríguez. En esa historia incluye el abandono de las viviendas, la incertidumbre provocada por el Macroproyecto y la respuesta intermitente de las administraciones.
El Macroproyecto San José fue preparado en 2009 con la promesa de renovar más de un centenar de hectáreas, reasentar a las familias ubicadas en zonas de riesgo, construir vivienda social y recuperar la ladera norte. También contempló una avenida, parques recreativos, mega colegios y equipamientos comunitarios.
De las 3.500 posibles soluciones de vivienda social anunciadas en la formulación original, el Ministerio de Vivienda registra 344 entregadas. Las demoliciones dejaron familias dispersas, casas sin construcciones vecinas y terrenos que permanecieron vacíos durante años. En febrero de 2026, el Consejo de Estado ordenó corregir inconsistencias financieras, jurídicas, urbanísticas y técnicas del proyecto.
La espera continuaba cuando llegó el sismo.
La convocatoria creció durante el día
Mario Cardona y el equipo organizador esperaban una respuesta más pequeña. La gente comenzó a llegar desde la mañana y continuó rotando durante la tarde y la noche. Cada momento de la programación convocó nuevas personas, según explicó Cardona, mientras el centro de acopio seguía recibiendo donaciones.
La ropa superó las previsiones y los alimentos ocuparon casi la mitad del polideportivo. Las herramientas y los materiales para reparación llegaron en menor cantidad. Parte del dinero recogido con la venta de comida, café y torta quedó destinado a comprarlos.
Durante esas horas, Jorge Omar Rodríguez vio a jóvenes cargar estructuras, montar y desmontar carpas, organizar ayudas y servir alimentos. El parque se había llenado antes durante fiestas, ferias y conciertos. Esta vez estaba ocupado por personas que llegaron a donar, trabajar y acompañar.
“Hubo arte, gastronomía y empatía”, resumió.
Mario insiste en que los organizadores fueron un canal para reunir voluntades. El evento creció porque cada participante puso a disposición lo que sabía hacer, desde producir un concierto hasta preparar comida, diseñar piezas gráficas o clasificar donaciones. Después de la jornada comenzaron a conversar sobre la posibilidad de repetir la iniciativa en otras comunas.
Eliana Alzate, productora general del evento, siguió esa respuesta desde la logística. Antes de instalar la tarima, el equipo se reunió con los líderes del sector.
“Entramos con mucho respeto a la comunidad. Sabemos que en San José están muy bien organizados”, explicó.
Los emprendimientos también recibieron compradores durante el día. La solidaridad circuló en bolsas, platos de comida, horas de trabajo y dinero reunido desde cada puesto.
Las ayudas después de la jornada
Para cuando terminó el encuentro, una parte considerable de la ropa y los alimentos ya había sido separada por los voluntarios. El proceso continuó con la organización de los productos y la preparación de los paquetes que serían entregados.
Los líderes de San José también plantearon una caracterización dentro de la comuna para identificar a las familias que todavía no habían recibido apoyo. Rodríguez conoce casos de personas que necesitan ayuda, pero no se acercan a pedirla por vergüenza o por orgullo. También considera necesario evitar que las donaciones se concentren en quienes ya han sido atendidos.
La intención es distribuirlas desde el conocimiento del territorio: saber quién perdió una pared, quién tuvo que abandonar su casa, quién está durmiendo donde un familiar y quién todavía espera una visita.
La jornada dejó una pausa dentro de la sensación de abandono que atraviesa al barrio. Rodríguez calificó como “muy tibia” la presencia de la Alcaldía en el sector y consideró que la atención institucional se había concentrado en otros puntos de la ciudad, pese a la vulnerabilidad estructural de San José.
Bailar también acompaña
La música comenzó temprano y se extendió durante buena parte del día. La programación reunió un DJ set de Josho, Acuarela, Juan Cardona y presentaciones de Demarchi, Pitumijo, María Solar, Cris Montoya, Mateo y su Orquesta, La Muchacha y una ronda de tambores.
Cada artista se vinculó de manera colaborativa. Mientras sonaban el rap, el pop-rock, la salsa y los tambores. La noche cerró con una muestra audiovisual. Al encuentro se sumaron colectivos y agentes como Akababuro, Benditos Viejos, BL El Oso Polar, Solecito del Parque, Grandes Malabaristas, La Sixtina, Tejiendo un Árbol, Utopía del Colibrí y Animeco Studios. La participación de estos procesos amplió una jornada que había comenzado como una conversación entre amigos y terminó articulando diferentes sectores de la escena creativa local.
La artista central de la jornada fue Isabel Ramírez Ocampo, La Muchacha. Su regreso a Manizales ocurrió en su natal escena cultural que encontró muy activa.
Volver significó reencontrarse con el Cumanday, el Bosque Popular, Chipre y una red de espacios sostenidos durante años por personas que trabajan con recursos limitados. Para ella, esta escena funciona como una rueda que continúa moviéndose.
El sismo volvió urgente una conversación que ya venía teniendo y es la necesidad de conectar colectivos, músicos, productores y organizaciones de Manizales.“Hay que articularnos, porque así es que somos fuertes”, dijo.
Su idea de reconstrucción comienza lejos de los monumentos. Mencionó La Playita, Las Delicias, La Pelusa, Sierra Morena y otros sectores donde viven familias que pocas veces aparecen en el centro de la conversación pública.
“Que se priorice a la gente que lo necesita, no la hijueputa Catedral”, dijo mientras cantaban las compañeras del ensamble de tambores . Su frase cuestiona el lugar hacia donde se dirige la mirada después de una tragedia. Mientras la torre caída concentra cámaras y decisiones políticas, con aproximados en cifras que rondan los 3.000 millones de pesos en reparaciones, en los asentamientos hay personas buscando casa, comida y materiales para cubrir un techo.
Para La Muchacha, la cultura ocupa el lugar de acompañar, movilizar y recoger.
“En medio de la crisis también se puede bailar y escuchar música. Es un regalo para todo el mundo”, explicó. Un concierto adquiere sentido cuando ayuda a llenar un centro de acopio, reúne a la gente o permite que una comunidad respire durante unas horas.
Lo que quedó después del festival
Al terminar el día, el parque comenzó a vaciarse. Las ayudas se fueron para el polideportivo , algunos recursos económicos quedaron para comprar materiales y la posibilidad de repetir la jornada en otros barrios.
También quedaron las casas agrietadas.
El festival duró unas horas. El Macroproyecto lleva 17 años. El terremoto tardó segundos en mostrar el deterioro que San José venía denunciando desde mucho antes.
Este domingo, la reconstrucción empezó por servirle un plato al vecino.
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