Chivas arcoíris del camino, es un libro que revaloriza la cultura popular a través del medio de transporte más representativo del campo colombiano.


Texto por: Diana Castro

Fotografías por: Cortesía Carlos Pineda, Ana Fajardo y Lania lex

El claxon del vehículo sonó como el animal con quien comparte nombre. El bautizo de la chiva tuvo lugar en San Vicente Ferrer, un pueblo del oriente antioqueño, en 1923. Lino Arbeláez quiso llevar uno de estos camiones desde Río Negro hasta su pueblo natal. El recorrido tomó un día entero, pues los pasajeros tenían que ir organizando el camino a medida que el camión avanzaba.

Más allá de un imán para la nevera o un lugar de fiesta. La chiva es el medio de transporte por excelencia para atravesar cordilleras. Su mero existir ralentiza el tiempo, desde sus inicios hasta hoy el vehículo va repleto de costales de comida, animales y pasajeros. El libro Chivas arcoíris del camino, da otra mirada de la cultura popular a través este medio de transporte.

El fotógrafo, Carlos Pineda, inició con la investigación hace 11 años viajando por los pueblos de Caldas y Antioquia. Frecuentemente andaba en chivas y notó que más allá de un medio de transporte, este camión colorido era un símbolo que narraba perfectamente la ruralidad, aislamiento y tesón del país.

Años más tarde, el periodista José Navia se unió al proyecto editorial para narrar, esta vez con letras en vez de imágenes, las historias del camino.  Los carros coloridos han sido testigos de partos, peleas, borracheras y duelos de honor entre campesinos; sus conductores se las arreglan para atravesar carreteras enlodadas, empedradas, o con un diámetro apenas justo para cruzar con despacio al lado de un barranco.

Para explicar el mundo oculto de las chivas, los autores proponen tres momentos en el libro: Anatomía, Construcción y Rutas. Cada vehículo es el fruto del trabajo de pintores, mecánicos, soldadores y carpinteros con alma de artistas. Pineda resalta el oficio chivero en los municipios de  Pensilvania, Aguadas, Pácora, Andes, Guarne, Abejorral y Sonsón.

Además del libro, la investigación también cuenta con una exposición fotográfica que ha sido exhibida en Medellín, Manizales, Cali y próximamente estará en Pasto y Bogotá.

Chivas último modelo

“Mientras existan vías terciarias existirán chivas”, menciona Pineda al señalar un mapa de Colombia. Las chivas recorrieron el país de frontera a frontera, de Nariño a la Guajira y de los Llanos al Pacífico, pero en ningún lugar han existido chivas como las de la zona cafetera. Son consentidas: carrocería decorada, biseles pulidos, latas enceradas y luces por docenas.

Actualmente, las chivas ya no dominan por completo el territorio nacional. Los carros aún siguen rodando por Nariño, Cauca, Huila, Caquetá, Caldas y Antioquia. No obstante, no todas las chivas gozan con ser arcoíris del camino.

El sur del país conserva una tradición colorida, allí mezclan la pintura a mano con el uso de aerógrafo, por su parte, Caldas y Antioquia pintan sus chivas a punta de compás regla y pincel. Por tanto, Carlos y José centraron su investigación en las rutas de la colonización Antioqueña, puesto que los pueblitos de la zona conforman una región hermana en costumbres, arquitectura, geografía y gentes de ambos departamentos.

Aún se desconoce cómo nació el estilo geométrico tan representativo de las chivas cafeteras. Lo cierto es que este legado se conserva gracias a artistas populares que han desplegado su creatividad sobre carrocerías durante generaciones enteras. Nombres como Tarzán, La Familia Pavón, Lucy y otros pintores han marcado un estilo propio y han sido fuente de inspiración para el arte popular.

El libro y la exposición de Chivas Arcoíris del Camino pone rostro a los patrones coloridos de los camiones, para así, resaltar el oficio de 16 pintores. Algunos de ellos han sido contactados gracias al libro de Pineda y Navia para realizar trabajos artísticos en la ciudad de Medellín, Pereira y Bogotá.

Una antesala de este trabajo editorial fue “Mandalas del Camino” un libro que explora la riqueza de los patrones geométricos de las chivas cafeteras, y presenta las figuras en blanco para que sus lectores las coloreen.

Algo de historia

Un grupo de empresarios antioqueños trajo desde Nueva York a Medellín el chasis de un bus Pullman, un reconocido vehículo de transporte público de la primera década del siglo XX. Los importadores pretendían montar una carrocería de bus sobre la estructura neoyorkina. La idea falló, el carro consumía mucha gasolina y el número de asientos era reducido.

En 1905 nace el Ministerio de Obras públicas para favorecer el transporte de todo el país, no obstante, los proyectos de la época se enfocaron al transporte urbano, más adelante en 1913, el paisa, Ricardo Olano, intentó crear una empresa de transporte en Medellín, pero los buses que consiguió —similares a los Pullman— eran pesados y dañaban las calles de la ciudad.

Foto cortesía Carlos Pineda

No fue hasta la bonanza cafetera de 1920 que este vehículo colonizó las trochas de las tres cordilleras, anterior a la bonanza, las chivas ya comenzaban a formar rutas incipientes por Antioquia y sus alrededores, pero la urgencia por transportar granos de café de exportación aceleró el proceso.

El papel colonizador de los arcoíris de camino favoreció las rutas desde Medellín hacia el Valle del Cauca, Quibdó y la Costa Atlántica en los años treinta y los cuarenta, como no tienen grandes puertas, los pasajeros no sentían tanto calor. Para los años 50, cuando las trochas se convirtieron en carreteras, las chivas se quedaron en las vías terciarias, algunas rutas continúan con las mismas condiciones que en aquel entonces.

Para mediados de siglo Alejandro Henao en Andes (Antioquia) y La Familia Pavón en Medellín generalizaron el estilo colorido de las chivas cafeteras, anteriormente  los carros solían pintarse como cualquier bus: un color de fondo y una franja con otro tono por los laterales.

Las bonanzas cafeteras de los sesenta y los setenta favorecieron el salario de los chiveros (conductores) y con ellos el decorado de las chivas. Ya para los años 80 la excentricidad en los vehículos de transporte público no distinguía de chivas o buses: altares católicos, telas, colgandejos y silletería colorida ahora nutren nuestra cultura popular.