*Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de La Revista AlterNativa.
Ésta es una escena reconocible, comúnmente apreciada por muchos de nosotros al encontrarnos con los territorios rurales, todo lo que la compone es identificable. Una familia. Hombre de sombrero hace carrizo y mira con una tensa calma. Al lado contrario la mujer llena de florecitas regadas por su vestido largo hasta los tobillos. Los hijos, cuatro para ser exacto, aparecen cómo ubicados en orden de aparición en la vida. Dos niñas y dos niños inexpresivos. En el centro de la escena, otro infaltable en los hogares colombianos, el Sagrado Corazón de Jesús, también algo inexpresivo quizás para no dañar la mesa.
Texto y fotos por: Oskar Trujillo Zuluaga
Gardel, El morocho del abasto, desentona con su sonrisa de bacán y su sombrero de ala ancha de medio lado. La virgen del Carmen con alma en pena incluida, posa tranquila. Afiche de equipo de futbol —por definir—.
En la mesa, media de guaro ya sin guaro, un radio en el que casi puede escucharse alguna canción campirana. Platos vacíos y ese ambiente bucólico tan precisamente logrado, no podría faltar el perro y el gato, si es que puede encontrarlos en la escena.
Y todo lo anterior representado en una técnica, que yo no tenía contemplada, bolígrafo sobre lienzo.
Así es, La vorágine de Macondo, del bogotano Guillermo Gaitán Hernández, ganadora del Gran Premio, en el VIII Salón BAT de Arte popular, Colombia diversidad cultural y natural y que da inicio a la exposición que ocupa por estos días el recinto del Museo de Arte de Caldas.
Lanas teñidas con pigmentos extraídos de la colorida vegetación de nuestros territorios convertidos en cuadros relatando tradiciones.
Textiles fragmentados cómo tantas familias en Colombia por causa del conflicto. Fibras matizadas con el verdor de la selva desvirgada por colonos o grupos armados. Ensamblajes construidos con pasado y presente manchados de olvido. Collages armados con restos, pedazos y desechos de historia contada amañadamente por los medios de comunicación tradicional. Representaciones texturizadas de la tristeza. Composiciones pictóricas humedecidas con lágrimas que no cesan desde del despojo.
Los artistas populares cuentan con materia prima suficiente para recrear todo un país y su historia, para representar sus inmensos llanos llenos de llantos. Montañas como pirámides verdes llenas de fragor. Ríos por los que subía el pescado en Semana Santa y bajaban los muertos todas las semanas. Valles de Aburrá, aburridos de tanta bala, de tanto burro.
Es notable la evolución en veinticuatro años de exposiciones de arte hecho por creadores desde el empirismo regional en el uso de experiencias, de las técnicas y de los materiales, con agradable asombro observo obras que fácilmente podrían encontrarse en museos académicos o exposiciones de artistas consumados, diestros esparcidores de óleo o acrílico sobre lienzo en procura de luz y sombra o refinados escultores excavando para hallar seres o formas escondidos bajo la madera o la piedra.
Toda la nación está compendiada en esta VIII entrega, campesinos devenidos en maestros, habitantes de pueblos remotos transformando materiales en historias propias o colectivas, afianzando nuestra pluralidad con su oficio que va de lo artesanal a lo artístico, propuestas de novedosos trazos emergiendo de la Colombia Profunda. Miembros de comunidades indígenas simbolizando su cosmogonía hecha de ríos, plantas sagradas y rayos de sol.
Afrocolombianos plasmando en telas el color de su piel, mientras le buscan contraste con el color de los pájaros que cantan anidados en su pelo.
También hay hombres y mujeres de ciudad, pero de raigambre eminentemente popular porque en las capitales también hay corazones que moldean materiales con la fuerza de su palpitar o crean nuevas maneras de representar sus sentires generando a su vez, técnicas propias que desafían los cánones y abren camino a expresiones venideras.
Tal es el caso de César Ortiz, artista bogotano con una técnica sorprendente y audaz a la que ha dado el nombre de pintura sobre urdimbre, en cuya obra aparecen de modo espectral las caras de un mundo dual, bipolar y enfrentado. Mírame a los ojos, es una obra en la que tuve que detenerme largo rato acercándome a su comprensión no solo estilística, sino también conceptual. Hilos cubiertos de óleo cuidadosamente esparcido para generar un volumen fantasmagórico, me recuerda un arpa llanera a la que le han quedado impregnados los toques de su interprete después de todo concierto en Casanare.
Hay que verla a distancia e irse acercando para verse diminuto entre el bien y el mal, entre las sombras nuestras.
Obra: Gastronomía estratificada.
Artista: Jairo Enrique Peña Tobón.
De Santa Rosa de Osos, Antioquia, tierra también del ilustre poeta Porfirio Barba Jacob, proviene una obra aparentemente simple retratando una escena diaria del campo, conviene resaltar su originalidad al romper el cuadro cuadrado y permitirnos ser parte de la escena.
La exposición BAT de Arte Popular está compuesta por 104 obras seleccionadas a lo largo y ancho, en el fondo y en el subfondo de esta nación, de las cuales la no despreciable suma de 20, pertenecen a nuestro departamento, y ese hecho da cuenta de la importante y cada vez más necesaria presencia del arte en Caldas, específicamente del arte hecho en pueblos, veredas o caseríos de este territorio de café, caña de azúcar, oro y hortalizas.
Materiales improbables en otros tiempos para hacer parte en exposiciones artísticas también están presentes, materiales que en otros contextos son perseguidos de múltiples formas también fueron convertidos en expresión artística popular, la obra de Juan Descans, de Florencia Caquetá, La historia de un marco es una xilografía y clorhidrato de cocaína sobre lienzo, simbolizando la riqueza no solo de su departamento, sino de la biodiversidad colombiana en sus formas y representaciones visuales.
Hay una obra desafiante en tiempos en los que el gobernante de turno desmonta obras de Museos Nacionales por hacer referencia a la diversidad y a las luchas políticas. Custodia, de Julián Ulises Martínez juega con la JEP en una reinterpretación de un artículo sagrado para el catolicismo.
La invitación es a visitar esta expo, que estará hasta el 13 de noviembre. Vayan antes de su desmonten.
Le puede interesar:




